Adviento - Tercera semana

Publicado en Lectio divina

TERCERA SEMANA

Mateo 1,18-24: Anunciación a José

EVANGELIO DEL DÍA 19 DE DICIEMBRE

La generación de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, como era justo y no quería difamarla, decidió repudiarla en privado. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: «José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados».

Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por medio del profeta: «Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Emmanuel, que significa “Dios-connosotros” ».

Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y acogió a su mujer.

Y sin haberla conocido, ella dio a luz un hijo al que puso por nombre Jesús.

Lectio: ¿Qué dice este texto?

Un hijo antes de vivir juntos. La situación de María es enormemente comprometida. Podría ser acusada de adúltera y enfrentarse a una pena de lapidación. Pero la actuación de Dios no se atiene a nuestras convenciones.

José era “justo”, esto es, celoso cumplidor de la Ley, y por ello no quiere hacerse cargo de María y del hijo que ella espera. Pero no quería “difamarla”, exponiéndola al rigor de la condena pública. Percibimos aquí la ternura de su amor por María, más fuerte que su indignación por los desposorios supuestamente traicionados. En aquella época eran las familias quienes apalabraban los matrimonios, sin que los muchachos tuvieran mucho que decir al respecto. Pero este rasgo nos desvela el amor de José por María.

José, hijo de David. En las palabras del ángel se anuncia desde el principio el carácter mesiánico del hijo de María, y la importancia que reviste el que José lo acoja como hijo legal suyo.

Jesús, en hebreo significa “El Señor salva”. Esta será la función mesiánica del hijo de María e hijo legal de José: traer a los hombres la salvación de sus pecados, con el poder del Espíritu de Dios.

Se cumplen las Escrituras. Todo el Antiguo Testamento es una preparación para la llegada del Mesías, el Cristo. Por eso los cristianos siempre hemos leído sus páginas mirando a Jesús, como la clave que nos permite descubrir su grandeza, su misterio, su significado. La manifestación de Dios es una línea continua, que desde los momentos más iniciales y “toscos” se va desarrollando por medio de sus enviados los profetas hasta la plena revelación de Dios en el hombre Jesús, Emmanuel, Dios-con-nosotros.

Hizo lo que le había mandado el ángel del Señor. Es muy llamativa la prontitud con que José cambia de actitud. Su decisión era meditada y prudente, sus sentimientos estaban heridos, pero nada de eso cuenta ante la voluntad de Dios, manifestada por medio del ángel, el mensajero de Dios.

 

Meditatio: ¿Qué me dice este texto hoy?

Dios actúa de modo sorprendente, sin ajustarse a nuestros presupuestos.

Creemos haber comprendido algo de su misterio cuando vamos conociendo el mundo que él ha creado, por el método del ensayo y el error, y por medio de estadísticas y el cálculo de probabilidades. Y llegamos a pensar que lo infrecuente es imposible.

Creemos haber comprendido algo cuando nos habituamos a nuestros esbozos de imágenes divinas, y creemos que Él ha de atenerse a nuestros esquemas. Pero ni la ciencia ni la costumbre pueden poner límite a la hondura y sabiduría del poder de Dios.

El amor de José por María. Si le llevó a querer mantener su maternidad en secreto, y aún este propósito se reveló escaso ante los planes de Dios, .qué tiene de extraño que tampoco cuando la recibió en casa la “conociera”, mantuviera relaciones íntimas con quien es Madre del Salvador? Y una vez nacido el Nino, la Tradición comprende unánime que no cabía ya una fecundidad distinta para ninguno de los dos. .Quién engendraría otros hijos del vientre del que ha nacido el mismo Hijo de Dios?

El Mesías, hijo de David por ser hijo legal de José, trae a su pueblo el perdón de los pecados (Jesús), la presencia en medio de los hombres del mismo Dios (Emmanuel). Sus contemporáneos esperaban del Mesías otras cosas, como una revuelta política frente al poder romano. El propio Judas esperaba otra cosa, y por eso le traicionó. Y también nosotros, con frecuencia, buscamos en Cristo otras cosas: ayuda en nuestros problemas, ánimo en nuestras penas, modelos de comportamiento, tranquilidad interior... en vez de buscar a Dios. Cuando Dios mismo es el regalo. Cristo ofrece la comunión con Dios.

Conocer las Escrituras para conocer a Cristo. Y conocer las esperanzas de los hombres, para discernir en ellas los caminos de Dios. Necesitamos un talante contemplativo, a la escucha de la Biblia y de los signos de los tiempos, para comprender y anunciar la venida del Señor.

José escucha y obedece. En los catorce pasajes en los que aparece san José, él nunca toma la palabra. Escucha lo que le pide el Señor y lo cumple con rapidez y diligencia. De él aprendemos que meditación y compromiso, silencio y acción no se contraponen. A lo que se contraponen es a la palabrería, nunca a la caridad ni a la oración.

 

Oratio: ¿Qué le digo yo al Señor en respuesta?

De san José aprendemos esa disponibilidad generosa para cumplir la voluntad de Dios. La carta a los Hebreos (10,5ss) la pone en los mismos labios de Cristo, que viene al mundo, citando el Salmo 40. Esta puede ser hoy nuestra oración:

Tú no quisiste sacrificios ni ofrendas, pero me formaste un cuerpo;
no aceptaste holocaustos ni víctimas expiatorias.
Entonces yo dije: “He aquí que vengo
–pues así está escrito en el comienzo del libro acerca de mí–

para hacer, oh Dios, tu voluntad”.

Sea esta nuestra oración en este día, la de una fe disponible, oblativa, generosa. La que ha llevado a hombres como san Ignacio de Loyola a repetir:

Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad,
mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad;
todo mi haber y mi poseer.
Vos me lo disteis, a Vos, Señor, lo torno.
Todo es Vuestro: disponed de ello según Vuestra Voluntad.
Dadme Vuestro Amor y Gracia, que éstas me bastan. Amén.

 

Contemplatio: El Evangelio está vivo en mi interior

José tuvo un sueno, pero en él conoció una gran verdad. Cuando nosotros contemplamos de manera imaginativa tampoco estamos inventando, sino accediendo a un conocimiento más profundo, y también más íntimo, de la verdad salvadora del Evangelio del Señor. Contempla ahora, sin reparo, la escena de la anunciación a José.

Asiste a la entrevista entre José y María, en que ésta revela a su prometido su delicada situación. Mira la timidez de María, y admira en ella la valentía de quien ha dicho “hágase en mí tu voluntad” al Señor. Fíjate en la reacción de José, en su zozobra, en su dolor. En el proceso interior que le lleva a tomar su resolución.

Agotado y con el corazón roto, José busca alivio en el sueno, y allí le espera el Señor.

Contempla el rostro del ángel, capta el tono de su voz. Su presencia luminosa que es mensajera de Dios. La perplejidad del patriarca, su obediencia y su resolución.

Contempla la mañana siguiente, cuando apenas nace el sol. José comunica a su esposa que la acogerá, pues así lo quiere Dios. Incertidumbre, alegría, obediencia, alivio, amor.

Y contempla al niño que nace, Emmanuel, el Salvador.

 

Para compartir. Collatio: ¿Qué digo a mis hermanos?

Cuando, como es deseable, la Lectio Divina se practica en grupo, el que guía la oración común puede en este momento invitar a los participantes a compartir alguna de sus reflexiones, de las sugerencias que el Señor les ha suscitado en este encuentro, o de las oraciones que ellos le han presentado. De este modo la oración de los unos enriquece a los otros y muestra más claramente su carácter siempre eclesial.


Para cambiar de vida. Actio: ¿Y a partir de ahora qué voy a hacer?

¡Cuántas veces se nos va la fuerza por la boca! .Cuántas discusiones inútiles! Podemos aprender mucho, para nuestra vida práctica, del silencio de José, y de su disponibilidad para Dios.

La respuesta de José es inmediata. Una fe que es respuesta activa, diligente, generosa, que no cuestiona, sino cumple, la voluntad del Señor.


La Palabra de Dios en el seno de su Iglesia

“Nos lo presenta como el Salvador de todo el mundo y el autor de nuestra salvación.
Pero salva no a los incrédulos, sino a su pueblo, es decir a los que creen en él.
Y los salva no tanto de los enemigos visibles como principalmente de los invisibles,
es decir de los pecados. Y los salva no peleando con las armas, sino perdonándolos”.
(REMIGIO)

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