Mons. Osoro en el acto de envío de 2.000 jóvenes que participarán en la JMJ (16-07-2016)

Es un momento singular y especial para los jóvenes de Madrid, interpretado por todos los que esta mañana salís camino del encuentro mundial de jóvenes en Cracovia.

Gracias por vuestra presencia en Cracovia, y sobre todo por hacer verdad lo que acabamos de escuchar en esta lectura del libro del Génesis. Es especialmente importante descubrir lo que nos acaba de decir la lectura en nosotros mismos: salimos, salimos bendecidos por el Señor y salimos para bendecir a otros en nombre del Señor.

Quisiera esta mañana, al inicio de esta peregrinación, que tuvieseis en consideración estas palabras con las que iniciáis este camino. Salimos. Mirad, el Papa Francisco nos está invitando permanentemente a la Iglesia a salir. El Señor no nos ha llamado a la pertenencia eclesial para estar juntitos nosotros y para detenernos en nosotros mismos... El Señor nos ha llamado para que le demos a conocer, para que vayamos por todos los caminos del mundo, por todas las rutas geográficas y existenciales que tienen los hombres para comunicar esta Buena Noticia, que es Jesucristo. Y este gesto que vosotros hacéis hoy es un gesto que tiene una belleza evangélica singular. Porque, al fin y al cabo, es lo que hizo Dios cuando quiso comunicarse con los hombres: salir. Entró en este mundo, en esta tierra, para decirnos quién era Dios y quiénes somos cada uno de nosotros.

Qué maravilla es poder identificarse con este gesto de Nuestro Señor Jesucristo, qué maravilla es poder identificarse con este gesto de este hombre, prototipo de la fe en Dios, que es Abraham. Salimos también nosotros. Gracias porque en vosotros se expresa la necesidad y el cumplimiento que tiene que tener la Iglesia de Cristo para poder anunciar el Evangelio. Gracias por este camino que vais a hacer.

En segundo lugar, salís bendecidos, sois un gran pueblo. Sois el pueblo, somos el pueblo, que ha sido hecho por Jesucristo. Somos un pueblo que tiene la noticia más maravillosa y más grande que hay y que se puede conocer: es la noticia de Jesucristo mismo, que es el único camino que tiene el ser humano, la vida verdadera y la verdad auténtica. Todo ser humano que tiene ganas y ansias de encontrar la felicidad y la verdad, el camino de su vida, encuentra precisamente realizado ese anhelo en Jesucristo.

Damos gracias a Dios esta mañana por ser este pueblo, hemos sido enriquecidos, el Señor nos ha hecho famosos al llamarnos a esta pertenencia eclesial, a ser miembros vivos de la Iglesia que, precisamente porque queremos serlo, no nos detenemos en nosotros mismos si no salimos fuera de nuestras fronteras donde normalmente vivimos, para juntarnos con otros jóvenes del mundo y así verificar que este pueblo es un pueblo grande, un pueblo que ofrece la única alternativa que se puede ofrecer a los hombres para encontrar la paz, para vivir en fraternidad; para construir la convivencia, para crear puentes donde nos unamos los hombres unos con otros, para no poner muros y vivir separados, o para no coger unas armas diferentes que nos enfrentan los unos con los otros y que hacen imposible la vida de esta manera. Gracias a Dios porque vosotros sois bendecidos y nosotros hemos sido bendecidos al pertenecer a la iglesia.

Y, en tercer lugar, salís bendecidos para bendecir. No olvidéis esto. Durante todo este camino, vais a poder conversar entre vosotros, vais a poder hablar, vais a ver, aparte de muchos paisajes diferentes, el paisaje humano, la necesidad real que tiene el hombre. Salís para bendecir, bendecir a quienes os encontréis. Que sientan todos aquellos que se acerquen a vuestra vida, sea adonde fuere, la riqueza de alguien que se acerca a ellos lleno de Dios.

Vais a tener tiempo para reconciliaros con el Señor, para entrar un día más en comunión con Jesucristo, para descubrir más y mejor las diferencias que no nos separan, sino que enriquecen nuestra vida y nos unen más.

Queridos jóvenes: gracias por vuestra vida. Veis que os acompaña mucha gente, el obispo auxiliar, D. Juan Antonio, durante todo este camino, algunos de los vicarios y, por supuesto, todos nuestros sacerdotes de las diversas parroquias, colegios, comunidades, etc., que vais en esta peregrinación. Allí nos veremos, si Dios quiere, en algún momento con vosotros. Que el Señor haga maravillas a través de vosotros y, además, que las haga en vosotros mismos. Estoy seguro de que vendremos de otra manera y de que, después de este encuentro en Cracovia, Madrid será diferente, pero no porque cambian los edificios sino porque 2.000 jóvenes han cambiado y cambian Madrid. Que el Señor os bendiga.

Visto 1267 veces Modificado por última vez en Martes, 19 Julio 2016 10:24

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