Vigilia de oración con jóvenes (2-12-2016)

Esta noche, yo os pediría algo: que entrásemos en aquello que san Ignacio decía. Vamos a hacer una composición de lugar. Imaginaos por un instante que yo soy Juan Bautista. Pero el Señor está ahí. El Señor está ahí. Imaginaos también que esta tierra y este mundo lo que más necesita es tener esperanza. El siglo pasado que hemos vivido ha sido tremendo. Solamente pensar en la primera Guerra Mundial, donde murieron 25 millones de personas; en la segunda Guerra Mundial, 50 millones entre soldados y gente civil. Los maltratos, los genocidios... Un siglo tremendo. Un siglo donde es verdad que eso que hablamos ahora de la aldea global ya se veía. La radio, la prensa, la televisión, internet... todos los medios de comunicación social nuevos nos han comunicado a todos los hombres. Sí: estamos en una aldeíta pequeña, en la cual observamos los lugares y las situaciones donde hay dolor, hay lucha... El Papa Francisco nos está hablando ahora mismo de la tercera Guerra Mundial, que está hecha por etapas y en lugares determinados, en franjas determinadas, pero existe: muere gente... Hay que dar esperanza a este mundo.

Y lo mismo que Juan Bautista, yo os diría hoy que miraseis a quien da la esperanza: a Jesucristo. Y lo mismo que Juan Bautista, yo quiero deciros tres dimensiones por las cuales, si las acogemos en nuestra vida, se puede dar esperanza.

Primero: convertíos. ¿A qué? ¿A quién? ¡Miradle! ¡Contemplad a Jesucristo! Juan Bautista decía: está cerca el reino. Y el reino es Cristo. El reino es la verdad: la verdad del hombre, la verdad de Dios, la verdad de las relaciones entre los hombres. «Amaos los unos a los otros como yo os he amado». «Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos». «Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando». El reino es la justicia, el reino es la bondad. Y está ahí.

Esta noche habéis hecho esta movida, que decís vosotros, para situaros ante Jesucristo, para dar una versión nueva, diferente: la versión de Dios que Él quiere que tenga el hombre, y que nos ha sido revelada, manifestada y expresada en Jesucristo nuestro Señor. Por eso, os decía: hagamos la composición de lugar. Yo quiero esta noche ser Juan bautista para vosotros: convertíos al reino, a Cristo, a quien os dice a vosotros como jóvenes que un mundo puede ser distinto.

La carta pastoral que esta semana os escribo la titulaba así: «Sed protagonistas de la esperanza en esta historia». Seamos protagonistas. Pero de esa esperanza, que el único que la trae y la da es Jesucristo. Convertíos. Demos una versión nueva, diferente, a nuestra vida. Porque dando una versión nueva a nuestra vida se la estamos dando al mundo, a los hombres. Cómo no invitaros yo, a vosotros, que sois jóvenes... A algunos de vosotros seguro que el Señor os llama y os dice: dedicad la vida entera a animar a los hombres a dar la versión. Lo mismo que yo estoy haciendo ahora con vosotros. ¿Por qué no sacerdotes?.

Cuando hay urgencias, cuando hay catástrofes, se piden voluntarios. Pues, queridos amigos: Cristo pide voluntarios para dar esperanza, Cristo pide hombres y mujeres que presten sus vidas para dar esperanza, para manifestar su reino. Es verdad que se puede hacer de muchas maneras, por supuesto siendo siempre discípulo como Él; pero hay circunstancias en las que se pide a personas concretas que radicalicen absolutamente la entrega a nuestro Señor en este mundo.

Segundo: Juan Bautista -soy yo, ahora- os dice «preparad el camino» Y ¿quién es el camino? Ahí lo tenéis: Cristo. ¿Y cómo es su camino?... Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó, y salieron unos ladrones; le molieron a palos, le dejaron medio muerto, y pasaron por allí muchos... Solo uno, que además no era judío, sino samaritano, se paró, se agachó, lo miró, le curó las heridas, lo vendó, lo puso en su cabalgadura y fue andando, y al otro le puso cómodo; no lo abandonó: lo llevó a una posada para que lo siguiesen curando y atendiendo, y además le dijo al posadero: no me olvido de él, te le dejo y gasta lo que sea, que yo volveré a pagar. Preparad el camino. Sí. Esto es encontrarse con el camino: ser Jesucristo. Porque el samaritano es Cristo. Jesucristo es el samaritano. Y el que está tirado ahí, en el suelo, es tanta y tanta gente como podríamos ver ahora, si salimos por las calles de Madrid. Esos que vemos... Pero cuánta gente está triste, sola, sin dar sentido a su vida; quizá tiene mucho pero está aburrida, tiene todo pero está tremendamente aburrida y vacía por dentro. No es feliz. Y otros no tienen nada: también están tirados, abandonados. Demos esperanza. Demos esperanza. Salgamos. Preparad el camino, queridos amigos.

Y, en tercer lugar: dad fruto. Nos decía el Evangelio: dad fruto. Si os habéis dado cuenta, ese fruto que pide es la conversión. No os hagáis ilusiones. ¿Cuál es el fruto? Pues ser rostros de Jesucristo, ser rostros de Jesús. ¿Y qué es ser rostro de Jesús? Pues mirad: una casa, vuestra casa, vuestra vida, se puede construir sobre roca o sobre arena; si se construye sobre arena, cualquier viento que venga te derrumba la casa, caéis: falsas ilusiones, ofertas que os pueden hacer... Mirad, que así sois felices, mirad... O de fiesta: vamos a... Mirad, amigos. Se puede construir la vida sobre roca, y la casa -venga lo que venga-, no se cae. Habrá momentos de dificultad, habrá momentos de lucha, pero la casa venga lo que venga no se cae: aguanta, resiste, no se tambalea, porque está construida en Cristo. Y así se da fruto. Así cambia este mundo. Si se entrega esperanza a esta tierra.

Pero, claro, os vuelvo a decir lo de antes: tiene que haber gente que nos anime a todo esto. Hombre, yo soy muy mal Juan Bautista, no acabo de ser como Juan Bautista, pero os estoy animando. Quizá en todo el día no hayáis escuchado estas palabras, ni siquiera en toda la semana... Convertíos a Cristo. Preparad el camino: sed samaritanos, como el gran samaritano que es Cristo. Dad fruto. Plantad vuestra vida en roca: no os caigáis. El Señor nos alienta siempre: yo os animo.

Este verano yo pensaba en vosotros. Y pensando en vosotros, los jóvenes de Madrid, se me ocurrió pasar las vacaciones haciendo un libro para vosotros que es interactivo: yo digo, pero tenéis que decir vosotros. Búscate en mí. Que tiene que ver con esto que os acabo de decir. Consiste fundamentalmente en tres grandes catequesis que fueron, dos de ellas, las grandes catequesis que se daban al inicio del cristianismo: el Padre nuestro y el Credo. Y he metido el Ave María, porque me parece que también es importante para nosotros. Tres capítulos que, si los leéis, exigen respuesta, de tal manera que en función de la respuesta yo podré escribir otro libro.

Buscaos en el Señor. Buscaos en Jesucristo. Búscate en mí es una palabra de Teresa de Jesús. Es una palabra que ella oía cuando no sabía qué hacer. Búscate en mí. Convertíos, preparad el camino, dad fruto. Junto a Jesucristo, vamos a pensar esto unos momentos.

Visto 773 veces Modificado por última vez en Jueves, 09 Febrero 2017 14:15

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