Homilía del cardenal Osoro en la Misa con los voluntarios de Cáritas Madrid (04-05-2017)

Querido don Juan Antonio, obispo; vicario general, vicarios episcopales; queridos hermanos sacerdotes, seminaristas.

Querido don Julio, director de Cáritas, y todo el equipo de Cáritas, todos los que formáis parte, ya sea en la dirección central como en las diversas vicarías: todos los que trabajáis directamente, todos aquellos que estáis aquí y estáis también trabajando para hacer llega el amor de Dios en las cáritas parroquiales. Y desde aquí, o aquí, hacemos presentes a todos los que por circunstancias diversas no hayan podido acercarse a este momento yo diría que especial, porque el Señor nos hace descubrir que aclamarle a Él en toda la tierra en definitiva es, como hemos dicho en el salmo 65 que hemos recitado juntos, entregar su amor. No hay aclamación verdadera de Dios si no se entrega directamente el amor de Dios. Y no con palabras, sino con obras. Bendecimos a Dios, hacemos resonar sus alabanzas, devolvemos la vida a los hombres, hacemos posible que nadie tropiece en el camino, sino que pueda caminar en verdad, como persona, cuando acercamos a los hombres el amor de Dios.

Por eso, qué bonito ha sido escuchar: «fieles, escuchad mi voz». Queremos escuchar la voz del Señor. Todos queremos hacer posible lo que el Papa Francisco nos dice, y nos ha repetido tantas y tantas veces: solo mostraremos que somos cristianos si tenemos como arma fundamental de nuestra vida el amor mismo de Dios, y regalamos con obras concretas ese amor. Si hacemos verdad en nuestra vida todas esas obras de misericordia, de las cuales tan claramente nos habla nuestro Señor Jesucristo. Por eso al Señor también, quizá con el salmista, nos ayuda a decirle: Señor, cuenta conmigo, cuenta con nosotros, cuenta. Bendito este Dios que, viendo las medidas reales que tenemos en nuestra vida, sin embargo, no rechaza mi súplica, al contrario, me toma para que entregue su amor, y además me regala su favor.

Tres aspectos os quería decir en este encuentro que anualmente estamos teniendo siempre, en la catedral, quienes más directamente estáis implicados en Cáritas. Con estas expresiones que tan bellamente la Palabra de Dios nos ha dicho: en primer lugar, ponte en camino. En segundo lugar, te envío. Yo te envío: no vas por tu cuenta, vas en mi nombre. Y, en tercer lugar, te pones en camino, te envío, para que des de comer a los hombres, para que alimentes a los hombres. En esta expresión, y en este tríptico, yo quisiera que celebrásemos hoy este encuentro que tenemos de Cáritas diocesana, y que fuese de alguna manera el camino que el Señor nos invita a vivir con su propia palabra.

Ponte en camino. Me gustaría que cada uno de nosotros, esta tarde, fuésemos Felipe: un apóstol, un testigo, porque ¿qué es un cristiano? ¿Qué va, con ideas solamente? ¿Qué es, un hombre o una mujer que tiene unos planteamientos teóricos, o son unos testigos que quieren salir a la búsqueda de los hombres, y especialmente de los que más necesitan?. Imaginaos que sois Felipe y que, como él, en el camino, encontró a aquel eunuco que venía de Jerusalén a Gaza, leyendo un texto que no entendía del profeta Isaías. Aquel hombre recibió la visita de Felipe. El Espíritu le dijo a Felipe: acércate. Queridos hermanos: ponte en camino significa para nosotros que el Señor nos está pidiendo que nos acerquemos a los hombres, especialmente a aquellos que más lo necesitan, a aquellos que como aquel eunuco -ministro de Candaces, rey de Antioquía- no entendía, no percibía que Dios le amaba. Y lo percibió cuando un testigo del Señor se acercó a su vida, y le explicó, porque él mismo decía: pero cómo voy a entender yo esto y lo que significa, si nadie me guía, si nadie me acerca el amor de Dios, si nadie -con obras, no solamente con palabras- se acerca a mi vida y me da una luz, que yo mismo la veo por las obras mismas que hace conmigo. Ponte en camino

Queridos hermanos: ¿Qué es un cristiano? ¿Quién es?. Es alguien que sale a los caminos, que sale a la vida concreta de los hombres, que sale a la historia concreta de los hombres. No es alguien que se refugia y que vive ensimismado. No. El Dios en el que creemos nos hace salir de nosotros. Y nos hace salir, no para regalar baratijas, sino para regalar el mismo amor de Dios. Eso supone que nosotros tenemos una experiencia profunda de ese amor de Dios. Eso supone que nosotros no somos unos dadores o repartidores de no sé qué cosas. N. Tenemos tal experiencia, tal profundidad de esta experiencia de Dios y de la cercanía del Señor en nuestra vida, hemos experimentado de tal manera el amor mismo de Dios, que no podemos vivir más que saliendo al camino y regalando ese amor de Dios, y acercándonos a todos aquellos que lo necesitan, como aquel hombre del que nos habla el Libro de los Hechos. Cómo voy a entenderlo si nadie me acerca el amor de Dios.

Queridos hermanos: esto es Cáritas. Gente que dentro de la Iglesia promueve este movimiento de salir a los caminos y a las necesidades reales de los hombres para entregar el amor de Dios, con obras. Y si hace falta, explicarlo con palabras. Pero fundamentalmente que se entienda por las obras. A veces no hacen falta palabras. Lo habéis visto aquí: Felipe se acercó, y aquel hombre se sintió a gusto, contento, tenía a alguien que le explicase. Y no solamente que le explicase, sino que le bautizó. ¿Qué inconveniente hay que me bautice? Había un sitio con agua. ¿Qué inconveniennte hay que tú me entregues la vida, el experimento que tú tienes, con tus obras?

En segundo lugar, queridos hermanos, el Señor nos dice: Sal al camino. Yo te envío. No vamos por nuestra propia cuenta, queridos hermanos, como Jesús tampoco vino a este mundo por su cuenta. No. Fue enviado por el Padre. Es más: y quien va a Jesús, va porque lo atrae el Padre. Queridos hermanos y hermanas: ¿Nos sentimos enviados? ¿Sentimos y percibimos en nuestra existencia que es Jesucristo el que nos envía? ¿O es algo que hacemos nosotros que, bueno, está bien, está bien, claro que está bien hacer bien a los demás?… ¿Pero experimentamos en la profundidad de nuestra existencia que es que no tenemos más remedio que ir porque es Dios mismo el que nos ha enviado para que entreguemos su amor? La vida de Dios que hemos recibido por el bautismo todos nosotros, no la podemos guardar egoístamente para nosotros mismos. Tiene que ser regado este mundo por el amor mismo de Dios. El cristiano es el que riega la vida, la existencia, la historia, el camino de los hombres, las oscuridades que tienen, las faltas que tienen: de comida, de amor, de soledad, de pobrezas… ¿Regalamos nosotros ese amor que quita esas soledades, esas pobrezas, esas heridas en lo más profundo del corazón del ser humano? Sintámonos enviados.

Mirad: hay muchas instituciones en este mundo que se dedican a esto. Dan cosas, tienen instituciones, atienden… Pero lo nuestro tiene un origen, que está en Cristo mismo, que nos dice: venga, a la vida, al camino, donde están los hombres, nada de estar juntitos entre vosotros, no hagáis 'grupos estufa' donde estáis a gusto… ¡Salid a dar el calor de Dios a los hombres! Que os envío yo. No vais por vuestra cuenta.

Es muy hermoso, queridos hermanos, que al empezar el día, en esa oración primera que hacemos al despertamos, digamos al Señor: gracias por darme un día más para ir en tu nombre por los caminos de este mundo, para encontrarme con los que más necesitan, que si tengo los ojos abiertos y tengo tus ojos los veré rápidamente…

En tercer lugar, no solamente el Señor nos dice ponte en camino y nos envía, sino que es que nos dice: Y dad de comer. Habéis visto aquí a Jesús: yo soy el pan de vida. Os lo aseguro: yo soy el pan de vida. El que cree en mí tiene vida eterna, tiene la vida de Dios, y reparte la comida que Dios da. Soy el pan que ha bajado del cielo. Queridos hermanos: nosotros, todos, hemos nacido de Dios, hemos bajado del cielo. Dios, que se encarnó, y vino a este mundo, y se hizo hombre, y nos dice Él que bajó del cielo, ha querido estar y ha dejado a su pueblo, del cual nosotros somos una pequeña parte, que hemos nacido de Dios para llevar la vida de Dios y alimentar a los hombres de Dios mismo. Por eso, donde mejor entendemos lo que es Cáritas es cuando nos reunimos -como en esta noche- alrededor de la mesa del Señor, donde Jesús no solamente nos ha hablado sino que se va a hacer realmente presente en el misterio de la Eucaristía, y vamos a participar y entrar en comunión con Él.

Mirad: dad de comer. De lo que comemos, tenemos que dar de comer. Si nos alimentamos de Jesucristo, tenemos que dar a Jesucristo. A todos los hombres, pero naturalmente a quienes más lo necesiten hay que llevarles la comida en abundancia. Y, queridos hermanos, esta comida no vale decir: bueno, esta es para los míos… No. Es para todos los hombres. Un cristiano, que sale al camino, que se siente enviado por el Señor, no es un hombre o una mujer o un joven que dice: bueno, este es de los míos, porque piensa… No. Los tuyos son todos. Todos los hombres. Porque todos son de Dios. Y tú das de comer a todos. No regales baratijas a los que quizá entienden la vida de otra forma. Es más: más te tendrás que acercar, y más abundancia de comida tendrás que dar. De esta comida, que es el mismo Jesucristo, de la cual nosotros nos vamos a alimentar.

Pues, queridos hermanos, ¿cómo no dar gracias a Dios esta noche por reunirnos aquí los que queremos visibilizar? Esto es para todos los cristianos, claro está. Pero es que Cáritas es una organización que tiene la Iglesia para que se muestre de verdad el amor de Dios, para que sea un lugar donde se refleje de verdad con obras y no solamente con palabras el amor que tienen los discípulos de Cristo, los hombres. Por eso, para nosotros es una responsabilidad, porque tenemos que atraer a todos los cristianos para que hagan verdad esto en sus vidas y con sus vidas. Para que Cáritas sea una manera de ser y de estar en el mundo, y de vivir entre los hombres. Para entender que el pueblo de Dios es un pueblo que sale al camino de los hombres, que se siente enviado por Dios, que alimenta con el alimento del que nosotros vamos a participar ahora, que es Cristo mismo.

Que el Señor bendiga nuestra Cáritas diocesana. Os bendiga a todos los que más directamente estáis trabajando. Y bendiga al pueblo de Dios, sintiendo el gozo de hacer visible el amor de Dios, con obras y con palabras. Las palabras, si son necesarias. Como decía san Francisco de Asís: obrad en obras. Solamente si es necesario, y muy necesario, palabras. Pero lo más necesario son las obras nuestras. Que el Señor os bendiga y os guarde siempre. Y que la Santísima Virgen María nos acompañe en este camino. Ella, que supo mostrar el rostro de Dios, que nos ayude también a mostrarlo a nosotros también, con nuestras obras. Amén. 

Visto 354 veces Modificado por última vez en Martes, 09 Mayo 2017 11:08

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