Cartas

22 de Noviembre de 2017

Demos un hogar a quienes no lo tienen

Demos un hogar a quienes no lo tienen

Esta semana, Cáritas celebra la Jornada de personas sin hogar con el lema Somos personas, tenemos derechos. Un año más –y ya van 25– la organización asistencial de la Iglesia nos hace mirar a las cerca de 40.000 personas que, en nuestro país, viven en la calle y a los 3,6 millones que lo hacen en viviendas inseguras. Son personas que no tienen un lugar donde sentir calor y desarrollar su proyecto vital y que muchas veces padecen indiferencia, discriminación e incluso odio…

En nuestro día a día, inmersos en nuestras rutinas y agobios, en ocasiones no reparamos en ellas. Cáritas nos mueve a no permanecer impasibles ante la situación que atraviesan, sino alzar la voz y, sobre todo, actuar. Porque como recordamos hace unos días, en la Jornada Mundial de los Pobres convocada por el Papa Francisco, es necesario amar no de palabra sino con obras concretas, al estilo de Jesús, que dio hasta la vida.

Los cristianos debemos mostrar el verdadero rostro de Dios en los caminos por los que transitan los hombres, especialmente allí donde hay descartes y soledad. Hemos de reaccionar con la fuerza de Jesucristo como ya hacen tantos laicos, sacerdotes y religiosos, niños, jóvenes, adultos y ancianos, a los que hoy quiero agradecer su labor y entrega. Y a los que todos debemos admirar e imitar.

En mis años como pastor, ya no solo en la diócesis de Madrid sino también en Valencia, Oviedo, Orense y mi Santander natal, he tenido la suerte de conocer de cerca proyectos más o menos sencillos, con más o menos trayectoria, para ayudar a las personas sin hogar. Comedores, centros de día, albergues para pasar la noche o asearse, repartos de bocadillos y caldo para combatir el frío de la calle… Iniciativas movidas con la certeza de que todos hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios. Tenemos la misma dignidad y merecemos que se nos reconozca.

No se trata solamente de hacer obras de buena voluntad o de una caridad mal entendida con los que no tienen hogar, sino de encontrarnos con ellos, acogerlos y hacerles partícipes de lo que nosotros disfrutamos. El Señor se acerca a nosotros en esta Jornada de las personas sin hogar y nos alienta a decirles: «¿Qué quieres que haga por ti?». No se trata de una caridad profesionalizada, ni de una comunicación del Evangelio intelectualizada, sino de amar y curar. ¿Cómo hacerlo?

1. Siendo una Iglesia que abre sus puertas: que no pase como con María y José, que no encontraban un lugar para que naciese Jesús y tuvieron que ir a una cueva. La Iglesia tiene que tener el estilo de la mujer el libro de los Proverbios: es  hacendosa, se fía de su Señor, abre su mano a los necesitados y extiende el brazo al pobre. Tiene que ser y vivir con corazón y manos abiertas a todos, a todas las situaciones de los hombres, en todos los caminos por los que van, y detenerse especialmente en aquellos a los que se les ha robado o se les roba la dignidad.

2. Recordando y viviendo que todos somos hijos de Dios: tenemos un Padre que lo es de todos los hombres y, por eso, nos convertimos en hermanos. Es cierto que hay hombres y mujeres que no lo saben o que se olvidaron de tal título. Para hacer una nueva humanidad, este título es necesario; no para tenerlo y guardarlo, sino para ejercerlo. ¡Cuánto cambiaría este mundo! ¡Cuánto cambiaría la situación de tantas personas sin hogar si, como pide Cáritas en esta jornada, en la medida de nuestras posibilidades, colaborásemos con proyectos que ponen en valor sus derechos!

3. Poniendo en juego los dones que el Señor nos regaló: como veíamos en el Evangelio del pasado domingo, de Dios hemos recibido un tesoro inmenso, ¿lo guardamos o lo ponemos a disposición de quien nos encontramos en el camino de la vida? La Jornada de las personas sin hogar es una magnífica ocasión para hacernos de nuevo esta pregunta.

Jesús nos abre al camino de la confianza, nos presenta un rostro de un Dios Padre, que se fía y confía a cada uno el gran regalo de la vida. Él no quita nada y lo da todo. Nos ha dado su hogar, ¿cómo no vamos a dar hogar a las personas que no lo tienen?

            Con gran afecto, os bendice,

            +Carlos Card. Osoro, arzobispo de Madrid

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