Cartas

09 de Enero de 2018

Carta con motivo de la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado

«Acoger, proteger, promover e integrar a los emigrantes y refugiados»

«El emigrante que reside entre vosotros será para vosotros como el indígena: lo amarás como a ti mismo, porque emigrantes fuisteis en Egipto. Yo soy el Señor vuestro Dios».

Lv. 19,34

Queridos hermanos y hermanas:

Utilizo como pórtico de mi carta el mismo texto bíblico con el que el empieza el mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado (14 de Enero de 2018).  En efecto, «cada forastero que llama a nuestra puerta –nos recuerda el Papa– es una ocasión de encuentro con Jesucristo, que se identifica con el extranjero acogido o rechazado en cualquier época de la historia (cf. Mt. 25,35.43) […]. Esta solicitud ha de concretarse en cada etapa de la experiencia migratoria: desde la salida y a lo largo del viaje, desde la llegada hasta el regreso». Son más de 250 millones las personas migrantes en el mundo, de las que 22 millones y medio son refugiadas, cada una con su historia personalísima de fe, sueños, afectos y sufrimiento enorme, como he podido constatar en mi reciente visita al Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE) de Aluche.

Por nuestra parte, si queremos ser fieles a nuestro Señor que no cesa de convocarnos a la hospitalidad (cf. Hbr 13,2) y que nos recuerda su presencia en las personas que llaman a nuestras puertas, tendremos que aprender una nueva gramática de valores en la que hay cuatro verbos fundamentales: acoger, proteger, promover e integrar.

1. Considero que en el escenario actual, acoger significa ampliar las posibilidades para que los inmigrantes y refugiados puedan entrar de modo seguro y legal en el país de destino. En este sentido, sería deseable un compromiso concreto para incrementar y simplificar la concesión de visados por motivos humanitarios y por reunificación familiar. «Al mismo tiempo –vuelve a decir el Papa–, espero que un mayor número de países adopten programas de patrocinio privado y comunitario, y abran corredores humanitarios para los refugiados más vulnerables».

2. El segundo verbo, proteger, se conjuga en toda una serie de acciones en defensa de los derechos y de la dignidad de los emigrantes y refugiados en origen, en tránsito y en destino. Si las capacidades y competencias de los emigrantes, los solicitantes de asilo y los refugiados son reconocidas y valoradas oportunamente, constituirán un verdadero recurso para las comunidades que los acogen.

3. Promover quiere decir esencialmente trabajar con el fin de que a todos los inmigrantes y refugiados, así como a las comunidades que los acogen, se les dé la posibilidad de realizarse como personas en todas las dimensiones que componen la humanidad querida por el Creador.

4. El último verbo, integrar, se sitúa en el plano de las oportunidades de enriquecimiento intercultural generadas por la presencia de los emigrantes y refugiados. El Papa insiste en la necesidad de favorecer una cultura del encuentro y de multiplicar las oportunidades de intercambio cultural. Para ello habrá que mostrar y difundir buenas prácticas de integración, y desarrollar programas que preparen a las comunidades locales para  procesos  de plena inclusión social.

Finalmente, el Papa afirma en su mensaje que «la Iglesia está dispuesta a comprometerse en primera persona para que se lleven a cabo todas las iniciativas que se han propuesto más arriba. Sin embargo, para obtener los resultados esperados es imprescindible la contribución de la comunidad política y de la sociedad civil –cada una según sus propias responsabilidades–». Y alude al compromiso que adquirieron los estados durante la Cumbre de las Naciones Unidas, celebrada en Nueva York el 19 de septiembre de 2016, para trabajar a favor de los emigrantes y refugiados y aprobar antes de finales de 2018 dos Pactos Globales (Global Compacts), uno dedicado a los refugiados y otro a los emigrantes, que contribuyan a asegurar su dignidad y derechos.

En la Iglesia de Madrid, estamos inmersos en el tercer curso del Plan Diocesano de Evangelización cuya propuesta de trabajo es: El Pueblo de Dios que vive en Madrid, anuncia el Evangelio y trata de dar respuesta a los problemas personales y sociales que hay en nuestro mundo. Pues bien, en la realidad intercultural que se da en nuestra comunidad diocesana, tenemos la grandísima oportunidad (no un problema) de dar respuestas concretas de acogida, protección, promoción  e integración de nuestros queridos hermanos y hermanas inmigrantes

En no pequeña medida constituyen el futuro de nuestra Iglesia local no solo como destinatarios de la Buena Noticia, sino como sus primeros testigos. La atención a la persona inmigrante y refugiada y el servicio a la fe en una sociedad culturalmente heterogénea deben ser una opción preferencial de la Iglesia de Madrid.

El anuncio del Evangelio en esta realidad intercultural nos interpela y nos invita a la conversión que se traduce en algunas prácticas que os sugiero y me sugiero a mí mismo:

  • Un renovado esfuerzo evangelizador hacia las personas desplazadas, especialmente las que son de tradición cristiana.
  • La defensa de los derechos de los migrantes,  refugiados y de las víctimas de trata.
  • La construcción de una Iglesia en salida que derriba muros y tiende puentes, una Iglesia en coloquio en el que sustituyamos el ellos por el nosotros.
  • Un trabajo coordinado y en red tanto entre las entidades eclesiales como con otras entidades civiles, sociales y administrativas.

Os agradezco de todo corazón el trabajo que estáis realizando y os

Animo a celebrar esta Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado con la conciencia de que la realidad que en ella contemplamos debemos hacerla entrañablemente visible todos los días del año.

Con gran afecto y mi bendición,

+Carlos, Card. Osoro, arzobispo de Madrid       

 

 
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