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Jueves, 30 julio 2026 08:00

Alberto del Olmo: «Ser cura no te hace perfecto o santo de la noche a la mañana»

Alberto del Olmo: «Ser cura no te hace perfecto o santo de la noche a la mañana»

Alberto del Olmo es uno de los 15 sacerdotes diocesanos ordenados el 18 de abril en la Catedral de la Almudena. A los 100 días de ordenación, el vicario parroquial de la parroquia del Espíritu Santo, en el barrio de Ventas, lo primero que le viene a la cabeza es el ejemplo de un sacerdote de esta parroquia que con más de 60 años de ministerio «todavía mantiene esta conciencia de estar aprendiendo».

Aprendiendo a andar

Dice que «todavía estoy casi aprendiendo a andar», y ve ser cura como «ser un amigo del esposo, un ministro, alguien que cuida de la Iglesia de Jesús, que la sirve, un ministro, un servidor de la Iglesia». En estos 100 días «descubro en mi corazón una gratitud muy profunda y han sido días de mucho gozo». Un sentimiento que habla más alto que las dificultades.

Las dificultades estriban en la propia realidad de Madrid y en las respuestas que la gente demanda. «Soy el mismo que hace 100 días», afirma, y «las mismas cosas que me costaban me siguen costando y la misma pereza la sigo teniendo y la misma incapacidad». Ve su ministerio como obra de Dios, y subraya que «ser cura no te hace perfecto o santo de la noche a la mañana, pero que sí que es un camino que nos puede ayudar a ser santos».

Una santidad que, en el caso de los curas, tiene que ver con ser un ministro, un servidor. Sostiene que «a nosotros el Señor nos ha encomendado esta tarea de celebrar los sacramentos, tener esta presencia sacramental en la Iglesia y la conciencia de ser un servidor», pues siente haber nacido «para ser sacerdote, para servir a este pueblo». Eso «también santifica al pueblo porque puede estar cerca de los sacramentos, puede recibir el perdón, puede recibir la Eucaristía y a la vez el pueblo me santifica a mí porque me coloca en la realidad de la vida cotidiana». De hecho, «el ministerio es para el bien de la Iglesia y toda la Iglesia es para el bien de los sacerdotes».

Sed de trascendencia

Ante el fenómeno de la vuelta a Dios de la juventud en España, la reciente visita del Papa ha mostrado de modo sobresaliente esa realidad. Una búsqueda de Dios que, en palabras de Alberto del Olmo, «se manifiesta sobre todo como una sed, como una búsqueda de la trascendencia», superando visiones pasadas que llevaban a no ver la Iglesia una fuente de respuestas. Frente a ello, «ahora el joven es como más virgen en el terreno de lo religioso, pues está como más abierto a escuchar».

Relata las reacciones de sus amigos cuando contó que se iba al Seminario y al ser ordenado. Gente con poca práctica religiosa que «no tenían una visión negativa, sino sobre todo una curiosidad sana», que preguntaban con interés. Una sed que muestra otra visión frente al poner toda la esperanza en el éxito profesional, en el bienestar. Alberto dice que ha descubierto que esto no basta, que hay gente triste, sola, que nunca ha habido tanta enfermedad mental.

Señala que «hay que aprovechar las oportunidades en las que las personas entran en contacto con la Iglesia». En ese sentido, «la visita del Papa, que ha tenido mucha repercusión en todos los medios, es una oportunidad que tenemos que aprovechar», así como la misa del domingo, la vida cotidiana, estar visibles en el barrio, ir a la compra, saludar a nuestra gente y vivir cotidianamente. Una ocasión que «abre la puerta a un diálogo, a hablar, a preguntarse y quizás da pie a algo más». Son encuentros cotidianos que muestran que «no somos superhombres», que somos «hombres que hemos encontrado algo grande en nuestra vida, que lo hemos seguido y que nos ha cautivado y que queremos ofrecérselo al mundo».

Un joven de su tiempo

«Nosotros somos como la gente de nuestro tiempo. Yo soy como un joven de mi tiempo y a la vez tengo algo distinto porque me he encontrado con el Señor», subraya Alberto del Olmo. Haciendo las mismas cosas, ve fundamental que al compartir eso con la gente, mostrar que «yo he encontrado a alguien que a mí me ha salvado, que ha cambiado mi vida y que quiero ofrecerte porque creo que también puede cambiar la tuya».

A alguien que acaba de cumplir 100 días de cura la ayuda muchísimo compartir la vida con otros sacerdotes. Vivir con otros dos compañeros de curso, comer y rezar juntos, compartir la vida ministerial con otros. Por eso no duda en resaltar «que la amistad es un camino para llegar a Cristo», dado que «la amistad a mí me sostiene, me edifica, me pacifica, me tranquiliza», reconoce. También la convivencia con sacerdotes más mayores, lo que dice que le educa y le corrige mucho.

Un camino que vale porque «Dios cumple lo que promete», afirma Alberto. Al hilo del Evangelio, que dice que «quien deja padres, madres, hermanos, tierras, recibirá el ciento por uno y heredará la vida eterna», no duda en decir que eso sucede, «no porque sea mejor que otras, sino porque el Señor te la ofrece para ti para un crecimiento, para encontrarle a Él y para descubrir la grandeza de la vida».