Aunque Ana Zornoza recibió una llamada muy fuerte a la misión con 18 años, en aquel momento lo ligó a una vida religiosa o a una partida de España para no volver. Sin embargo, en el fondo de su corazón tenía una inquietud grande para recuperar la identidad evangelizadora del cristiano.
Así, junto a un grupo amigos de la parroquia a los que se sumaron otros que conocieron por Instagram, hablaron con José María Calderón, director de OMP (Obras Misionales Pontificias) y se fueron en 2019 a la selva central de Perú. Los acogió el padre Alfonso Tapia, un sacerdote de Burgos con más de 40 años allí, y estuvieron un mes.

Chocarse con los límites y encontrarse con Dios
Ana cuenta sus vivencias en un vídeo difundido recientemente por OMP. Aquel primer año de misión en Perú «fue espectacular; era la primera vez en que yo salía tanto de mí misma». Despojándolo de todo romanticismo, «la misión es una cosa muy normal; lo que hacen los misioneros allí es una rutina». Pero para el que va, «sales de tu realidad, estás en un contexto de mucha oración, muy ordenada y se te ordena el corazón muchísimo».
La misión también es «un continuo chocarte con tus límites». Uno cree que «vas a evangelizar a esta pobre gente que no sabe nada» y la realidad es que «estás totalmente equivocado». Además, esos encuentros con el Señor que se van teniendo en la misión, que son «muy sencillos» porque «Dios en la misión trabaja muy a pasos pequeños, todos los días», uno se da cuenta de que «tu vida no es tan bonita y tal vez debes cambiar cosas». «La misión te pone en verdad y te ayuda a salir de ti mismo», asegura la joven.

Enviado por la Iglesia para dar a Jesucristo
Con estos ingredientes nació Jatari —que significa «levántate» en quechua—, una herramienta pastoral para servir a través de la experiencia misionera, y que todo eso se pueda llevar al día a día, porque lo que estos jóvenes tratan de hacer es concienciar de esa dimensión misionera de todo cristiano, más allá de la misión ad gentes.
«Tú vas a dar a Jesucristo, y para dar a Jesucristo, hay que conocer a Jesucristo». Por eso Jatari incide en la formación, que «te unifica con lo que la Iglesia dice; no eres tú, porque eres enviado por la Iglesia». En la misión lo que hay, observa Ana, es la catequesis y la Misa, «eso es lo que transforma la vida». Por eso, la joven pone el foco en conocer y vivir la Sagrada Escritura. «Va a ser mucho más efectivo que le hable a alguien de lo que dice Jesús que lo que digo yo». Y aquí se trata de quitarse uno «de en medio».
La misión es, en definitiva, un «entrenamiento para la vida en general»: para «crecer en confianza, darte cuenta de lo que es la entrega verdadera, para quitarte el ego, abrir tu mente, salir de tu burbuja».
