En el corazón de un barrio de moda, céntrico y moderno como es Malasaña en Madrid, entre tiendas de ropa vintage, barberías, una librería de jazz y restaurantes, se deja ver la iglesia de las Maravillas, confiada desde hace dos años a la Comunidad de Sant'Egidio. Son las seis y media de la tarde del 4 de febrero y un goteo incesante de gente toma asiento en el templo, que acaba por llenarse. El motivo de tanta concurrencia es la presencia del fundador de Sant'Egidio, Andrea Riccardi, que va a presentar un nuevo libro: Todo puede cambiar (San Pablo). Le acompañan en los parlamentos el cardenal arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, y la ministra de Defensa, Margarita Robles. Entre el público, más personalidades: el arzobispo castrense, Juan del Río o el político Federico Mayor Zaragoza, exdirector de la Unesco. En el templo no queda libre ni un hueco.
La primera en tomar la palabra fue Margarita Robles, que reconoció que en toda su trayectoria había presentado numerosos libros y en muchos lugares, pero nunca en una iglesia. Luego mostró la «enorme admiración» que siente por la Comunidad de Sant'Egidio desde que la conoció en los años 90. Siempre que va a Roma –contó–, la iglesia de Santa María en Trastévere es para ella un lugar de obligada visita. Allí, en la ciudad eterna, vio a miembros de la comunidad gritar por las calles «¡No tenemos miedo!»: «No tienen miedo a defender los principios y los valores en los que creen. En una sociedad de lo políticamente correcto, es un ejemplo que seguir. Esta idea de no tener miedo la he interiorizado bastante en mi vida, siempre mezclada con la prudencia», afirmó.
«Una sociedad como la Comunidad de Sant'Egidio»
Por esto le enganchó Sant'Egidio, pero sobre todo por su compromiso con la paz y los más necesitados. «Frente a un mundo de confrontación, creo en su apuesta por la mediación y por el diálogo», dijo. Y fue más allá. Propuso a la Comunidad de Sant'Egidio y a las gentes que la integran como modelo para la sociedad actual: «No quiero una sociedad de vencedores y vencidos, sino una sociedad como la Comunidad de Sant'Egidio, que ponga paz, mediación y diálogo frente a aquellos que gritan, que dejan morir a los migrantes y refugiados… He visto cómo, después de la oración, salen a la calle y hacen sentir a los demás que todos somos uno. Todos debemos seguir este compromiso, cada uno desde nuestro ámbito, con una sociedad más justa e igualitaria».
En el trabajo concreto de la paz, Robles trajo a colación el trabajo que la comunidad ha hecho por todo el mundo y recordó, en su condición de ministra de Defensa, la labor de las tropas españolas en distintos lugares del mundo y su compromiso por la paz. Esta última aportación de la ministra fue el único punto de disensión con Andrea Riccardi, que rebatió: «La paz es muy importante como para dejarla solo en manos de los militares».
En su intervención, Riccardi hizo hincapié en la necesidad de que los muros entre creyentes y no creyentes caigan y de que ambos trabajen juntos en un nuevo humanismo, un pensamiento sobre el futuro que nos espera. «Por eso necesitamos diálogo para hacer pensar, para plantear preguntas e interrogantes y en este contexto se enmarca el libro que presentamos». También apuntó que en la historia de la Comunidad de Sant'Egidio los pobres han actuado como una presencia transfiguradora, porque muestran la realidad más allá de las cifras y de la ideología. «La presencia de los pobres ha salvado a Sant'Egidio de la ideología», sentenció, y apostó por el «encuentro y diálogo con todos».
Un modelo actual
Así es cómo Sant’Egidio ha creado escuela. Una escuela que el cardenal Osoro resumió en una serie de puntos que se configuran como un modo de vida y de presencia en la sociedad. Comenzó por el Evangelio, principal recurso de Sant'Egidio, y de la oración y por el poder transfigurador de lo pobres y de cómo «todo cambia cuando desaparecen la barreras». Se refirió también «a la cultura del descarte de los pobres que no producen, la del abuso, no solo sexual, sino tambien de poder y dinero…».
Recalcó, además, la importancia de ser «levadura de amistad, de tolerancia, de comunicación del Evangelio…»; de «no estar obsesionados con el control y dejar que el Espíritu fluya con fuerza y libertad»; de incluir en las escuelas una formación sobre la paz como hace Sant’Egidio; de abrazar a todos los hombres en la situación en la que se encuentren y de vivir el espíritu de Asís…. Sobre esto último, recordó que Madrid acogerá este espíritu el próximo mes de septiembre con el Encuentro Internacional de Oración por la Paz.