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Miércoles, 21 octubre 2026 10:36

El cardenal José Cobo clausura la visita pastoral del arciprestazgo de la Santísima Trinidad, que celebra su 70 aniversario: un oasis de fe viva en medio de Madrid

El cardenal José Cobo clausura la visita pastoral del arciprestazgo de la Santísima Trinidad, que celebra su 70 aniversario: un oasis de fe viva en medio de Madrid

Este domingo, 25 de octubre, el arzobispo de Madrid, cardenal José Cobo, clausurará la visita pastoral al arciprestazgo de la Santísima Trinidad, perteneciente a la Vicaría II, que se ha desarrollado desde el pasado mes de septiembre en las distintas comunidades parroquiales con la participación de los obispos auxiliares de Madrid, Vicente Martín Muñoz y Juan Antonio Martínez Camino.

A las 11:00 horas, el arzobispo mantendrá un encuentro con los consejos pastorales de las parroquias de Virgen del Coro, San Alejandro, Nuestra Señora del Lluc, San Ireneo y Santísima Trinidad, que conforman este arciprestazgo en los barrios de la Concepción y San Pascual. A continuación, a las 13:00 horas, presidirá la Eucaristía de clausura en la iglesia parroquial de la Santísima Trinidad, que celebra su 70 aniversario.

En esta celebración participarán todas las comunidades parroquiales, con la «alegría» y la «ilusión de la evangelización renovadas», tras los encuentros mantenidos durante la visita pastoral con mayores, familias, niños, adolescentes, jóvenes, catequistas, maestros, equipos de Cáritas, pequeñas comunidades, agentes de pastoral y feligreses, afirma el párroco Ángel Luis Caballero.

70 años al servicio del barrio

La historia de la parroquia de la Santísima Trinidad está estrechamente vinculada al desarrollo urbano y humano de esta zona de Madrid durante la segunda mitad del siglo XX. Fue erigida canónicamente el 28 de octubre de 1956, entonces festividad de Cristo Rey, prácticamente al mismo tiempo que nacía el barrio al que estaba llamada a servir. Esta estrecha relación entre la parroquia y sus vecinos ha marcado sus siete décadas de historia.

El 25 de diciembre de 1957, festividad de la Natividad del Señor, el obispo auxiliar de Madrid, Monseñor José María García Lahiguera, colocó la primera piedra del futuro templo. Desde entonces, la parroquia ha impulsado numerosos proyectos e iniciativas pastorales y sociales de gran relevancia para los barrios de la Concepción y San Pascual. Una labor sostenida por generaciones de vecinos y miembros de la comunidad parroquial, acompañados por cuatro párrocos y quince sacerdotes que han formado parte de los distintos equipos presbiterales.

Entre las iniciativas que han dejado huella destaca el Grupo de Droga, creado en los años setenta para ayudar a las madres y familias de personas con problemas de toxicomanía, así como el Grupo de Paro, que durante décadas favoreció la promoción laboral y la búsqueda de empleo de miles de personas. También sobresale la fundación y puesta en marcha de Asispa en 1986, entidad de referencia en la asistencia a las personas mayores en Madrid.

Desde su inauguración y hasta 2006, la parroquia atendió pastoralmente el servicio religioso del conocido Tanatorio de la M-30. A lo largo de su trayectoria, también ha promovido talleres ocupacionales para la promoción de la mujer y acogió la cruz y el icono de las Jornadas Mundiales de la Juventud en 2011. 

Ni siquiera la pandemia de la COVID-19 interrumpió su labor pastoral. Durante los meses de confinamiento, la comunidad recurrió a nuevas formas de comunicación y acompañamiento para mantenerse unida y seguir atendiendo a sus miembros. Asimismo, el campamento de catequesis para niños continúa celebrándose, tras cincuenta años ininterrumpidos de actividad, destaca el párroco.

Comunidad de comunidades

En la actualidad, apunta Caballero, la parroquia mantiene diversos proyectos pastorales y sociales dirigidos a niños, adolescentes, adultos y mayores del barrio. Sus iniciativas abarcan la prevención, la formación, el acompañamiento, el crecimiento espiritual, el tiempo libre y la inserción social

Quienes conocen su realidad destacan que su templo no es solo una iglesia más en la gran ciudad; es un verdadero oasis de fe viva, un signo luminoso de la presencia de Dios en medio del bullicio de Madrid». Una impresión que nace también de la vitalidad de su comunidad, en la que «late un corazón pastoral vibrante: equipos de pastoral, Cáritas activa, talleres, grupos para todas las edades, catequesis, acompañamiento a jóvenes y mayores… Se respira familia».

La cercanía y la calidez de sus sacerdotes, el esmero y la devoción con los que se preparan las celebraciones y la acogida de los fieles, marcada por la «alegría genuina del Evangelio», son algunos de los rasgos que definen la vida parroquial. En ella, «se intenta vivir la fe con autenticidad, se ora con profundidad y se sirve con generosidad».