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Viernes, 03 julio 2026 10:41

Carmen, voluntaria de la visita del Papa a Madrid a sus 86 años: «Si ha sido paliza, me parece un regalo de paliza»

Carmen, voluntaria de la visita del Papa a Madrid a sus 86 años: «Si ha sido paliza, me parece un regalo de paliza»

—Carmen, ¿cómo está?
—¡Como una princesa!

Hablar con Carmen es una puesta a punto. En vitalidad, en vivir la vida hacia afuera, en querer seguir buscando y encontrándose con Cristo. En alzar la mirada. Tiene 86 años y ha sido voluntaria de la visita del Papa León XIV a España, en concreto en la Misa del Corpus.

Carmen ha tenido en su vida «etapas de todo tipo». Ahora, «parece que me encuentro más cerca de todo lo que creo». Creer, siempre lo ha hecho, y rezar, también. «Practicar, regular». Recuerda que fue con sus padres a ver a san Juan Pablo II y después, en 2011, con su marido a Cuatro Vientos. «Aquello fue muy bonito, pero eso se va diluyendo, aunque siempre queda lo que de pequeña has tenido».

En la pandemia se apuntó a un curso online sobre Biblia para «saber más». Esto le llevó a hablar con el párroco de Nuestra Señora del Buen Consejo, Enrique González, porque le llamo la atención la experiencia de una de las personas, e hizo un retiro de Emaús. Ahora, «tengo muchos hobbies, pero yo estoy con Jesucristo muy cerca de mí».

Aunque no es su parroquia, le gusta acudir al Buen Suceso, y fue allí donde se apuntó como voluntaria para la visita del Papa. No sabe Carmen el cómo ni el porqué, pero sí que algo le empujó a hacerlo. «¡Venga, voy!», se dijo, de forma casi impulsiva. Cuando se fue acercando el día «me entró la sensatez» y los miedos: cuál iba a ser su encargo, si estaría preparada, si físicamente iba a poder…

El domingo 7 de junio allí estaba ella, a las seis de la mañana, con su camiseta de voluntaria y su grupo (imagen principal, con Carmen en el centro), lista para recibir a los inscritos en la Misa que tenían el acceso por la calle Prim. «Junto con la policía, íbamos dejando pasar a la gente que tenía su código QR correspondiente».

Destaca Carmen la amabilidad de todo el mundo, incluso cuando empezó a crecer la aglomeración. «Yo, entre tanto, feliz», porque aguantaba el tirón y porque a ella lo que le gusta es «hacer sonreír a la gente; si puedo hacer un favor, se lo hago». De hecho, se situó ante los que acudían a la Misa con la idea de «hacerles la vida más facilita».

 
 
 
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Afianzar lo vivido

Carmen se sorprende de lo bien que se recuperó de aquellos días; no solo estuvo en Cibeles, también en IFEMA, en el encuentro del Santo Padre con los voluntarios dos días después. «Oía a la gente decir que estaba molida, pero yo a los dos días estaba como una rosa». Si ha sido paliza, «me parece un regalo de paliza». Y añade: «¡Estoy feliz!».

A esta «joven voluntaria» que se sentía llamada a una misión, la visita apostólica «me ha dejado huella». No le gustaría que todo esto se quedara en nada, y así, «por mi parte, hay que afianzarlo». De hecho, «tengo todos los discursos para leérmelos despacito uno a uno».

De León XIV resalta su «dulzura» y que todos sus mensajes «tienen fondo y son para todos», no solo para aquellos a los que, en principio, iban dirigidos. Y pone en valor la acogida del pueblo de Madrid, ella que es «muy madrileña». Se ha visto, dice, mucho cariño y «mucha gente orgullosa de creer».

—Y tú, ¿qué tal? ¿Eres feliz?— se despide.