Cuando los jóvenes sacerdotes Luispo (Luis Poveda) e Ignacio Ozores Puig se propusieron hacer el himno de CONVIVIUM (la Asamblea Presbiteral que se celebrará en Madrid los días 9 y 10 de febrero), lo hicieron «como una oportunidad más de servir a la Iglesia, esta vez con la música».
Así lo explica Luispo, quien añade que «nos hacía ilusión que sirviera como un elemento de unidad», porque este «es el propósito de este CONVIVIUM: unidad entre los sacerdotes y redescubrir la grandeza de nuestra vocación y de la misión que tenemos por delante en Madrid».
A su vez, buscaban «que fuera muy celebrativo, de celebrar el gran don del ministerio para el que hemos sido elegidos, que levantara el corazón en agradecimiento a Dios y que volviera a dejarnos perplejos ante el don inmerecido que hemos recibido».

Perspectiva vocacional
Así nació Ungidos, con una letra compuesta desde una perspectiva muy vocacional, en la que Dios se pregunta, como en el primer capítulo de Jeremías, a quién enviará. Así, en la canción se suceden una serie de preguntas retóricas, «quién irá a por la oveja perdida, quién dará a los muertos la vida, quién hará de su vida un altar»… Y Dios espera la respuesta libre del hombre, «aquí estoy, envíame a mí».
En el estribillo, Jesucristo habla en estilo directo y empuja a la misión: «Yo te enviaré, ungido, para ser un latido del Dios siempre vivo». «Soñaré testigos de mi caridad», dice en otro momento, porque habla del «deseo de Jesús de tener hombres que puedan ser Él -añade en este punto Ignacio-, como pastor, como ministro, como siervo, para que puedan dar, a través de la entrega de su vida, muchísima vida».
El himno concluye poniendo el acento «en la maravilla de poder celebrar los sacramentos, que es donde Cristo actúa y derrama su gracia y su salvación» y que esa vida sacramental «se desborde en caridad pastoral», subraya Luispo.
Las voces del himno son todas de sacerdotes, y así se unieron para ensayar y grabar cerca de 30, de diferentes franjas de ordenación, que son quienes lo cantarán en directo en la inauguración de CONVIVIUM.

«Ayudar a rezar a la gente»
Para Ignacio -por cierto, el sacerdote más joven que participa en CONVIVIUM-, «la música lo es casi todo en mi vida». Imbricada en su ser sacerdote de una manera profunda, este joven, la lleva en su corazón desde muy niño, cuando a su familia llegó un hombre «muy bueno» que conocieron en un tablao flamenco «y empieza a enseñarnos un modo de vida a través de la música».
Él y sus hermanos recibieron clases de guitarra «y a partir de ese momento muchas cosas familiares empiezan a girar en torno a la música». Ignacio comenzó a escribir canciones y en la música «encontraba un lugar donde poder expresarme con mucha verdad». Junto a su hermano pequeño, con el que se lleva diez años, se lanzaron a escribir y producir temas con un «pequeño proyecto», lo que les sirvió además para estrechar y potenciar su relación fraternal.
El fin de todo esto, «ayudar a rezar a la gente». «La música es un lugar donde se genera mucha vida: une, genera identidad y, en definitiva, comunión», afirma.
Este joven sacerdote ve en el himno de CONVIVIUM «un pequeño regalo para todos los sacerdotes» y en general para toda la diócesis de Madrid. «Que esta música se pueda convertir en oración por tantos y tantos sacerdotes que entregan su vida de manera sencilla y callada», desea Ignacio. Como dice el final de la canción, muy ligado también al lema del Papa León XIV y al espíritu de CONVIIVUM, «sed en Mí un solo corazón».
