Gema Oliva Benito Sánchez, casada con Chema y madre de tres hijas, ha participado en las Jornadas de Primer Anuncio, celebradas del 26 al 28 de octubre en la Casa de Espiritualidad Emaús, en Pozuelo de Alarcón (Madrid). Organizado por la Comisión Episcopal para la Evangelización, Catequesis y Catecumenado de la Conferencia Episcopal Española, el encuentro ha tenido como lema «La centralidad del encuentro con Cristo en el proceso evangelizador».
Criada en una familia católica practicante, la vida de Gema siempre estuvo vinculada a la fe, aunque durante muchos años su relación con Dios se limitó a la veneración de imágenes y a las tradiciones religiosas. «Vengo de una familia católica, practicante. Mis padres tanto a mi hermano y a mí nos han educado en la fe. Hemos ido a un colegio católico», explica Gema al recordar sus primeros años. Sin embargo, reconoce que, aunque participaba en las tradiciones religiosas, Dios no ocupaba un lugar central en su vida. «Lo que es Dios, pues la verdad que muy poquitas veces me lo había planteado», afirma.
Comenzó Alpha en la parroquia San Clemente Romano, en Villaverde. «Nos lo propusieron. Mi hija mayor comenzaba catequesis y a la misma vez pues había un curso de Alfa, al cual me apunté», recuerda. Lo que encontró allí fue una comunidad que le llamó especialmente la atención por su alegría, y su deseo de compartir la fe. Las sesiones, los vídeos y los diálogos abiertos fueron despertando en ella una inquietud que hasta entonces no había experimentado.
❤️?El encuentro con Cristo y el proceso evangelizador ?La Comisión de Evangelización organiza las Jornadas de Primer Anuncio del 26 al 28 octubre en Madrid https://t.co/29KmNkUZcy
— Of. Información CEE (@prensaCEE) October 13, 2026
«La luz del mundo»
Uno de los momentos decisivos llegó durante una sesión en la que le presentaron la imagen de Jesús «La luz del mundo», en la que aparece una puerta. «Me explicaron que, para que esa puerta se pudiera abrir, la tenía que abrir yo; que Él me había hecho tan libre que yo era la que decidía si podía entrar en mi corazón o no».
La reflexión siguió acompañándola durante los días siguientes, hasta que un día decidió entrar en una parroquia por la que llevaba veinte años pasando de camino al trabajo. «Un día, a las seis de la tarde, decidí entrar», relata. Aunque sentía vergüenza, se dirigió a la capilla y se sentó en el último banco, frente al sagrario. «Me arrodillé, me santigüé, recé, oré y sí que le pedí con muchas ganas que le quería conocer, que, si era verdad que yo tenía que abrir las puertas, estaba dispuesta a abrir mi corazón de par en par».
Al salir, experimentó algo que no olvidaría: «Lo que sí puedo recordar perfectamente es que cuando yo salí de allí, salí con una paz tremenda, una tranquilidad increíble». Aquella sensación despertó en ella el deseo de regresar. «Salí con muchas ganas de volver y volver a tener esa sensación», explica.

«Tocados por el Espíritu Santo»
La alegría y el cambio que Gema experimentó comenzaron a notarlo las personas de su entorno. Su deseo era que su marido también pudiera experimentar «ese encuentro con Jesús». Después de varias invitaciones a distintos cursos Alfa, finalmente él aceptó participar. «Yo lo quería compartir con él, le quería muchísimo. Llevamos juntos desde niños y deseaba que nos uniese más Dios, que no fuera algo que nos llegase a separar, pero Dios era una prioridad en mi vida».
La experiencia de su marido también fue transformadora. Durante una convivencia de Alpha, un amigo les preguntó cuánto de cerca estaban de Jesús, del 0 al 10. Gema recuerda que su marido respondió rápidamente por ella: «14, 14.». Y él contestó: «Bueno, yo un tres».
Poco a poco su marido también comenzó a compartir lo que estaba viviendo. Gema recuerda un momento en la capilla, frente al Santísimo, cuando él se arrodilló y lloró. «Para mí eso fue algo tremendísimo y dije: “Dios mío, qué grande eres”». En este sentido afirma que «los dos volvimos de esa convivencia tocados por el Espíritu Santo».
La fe también se hizo presente en un momento significativo para la familia que fue la Primera Comunión de su hija. La niña pidió a su padre que comulgara con ella aquel día. «Ella le dijo que él se pedía libre los días importantes, pues por qué no se cogía el día libre de trabajo, que qué más importante había en el mundo, que estar en paz con Jesús y poder recibirle». Finalmente, su marido le dijo que sí comulgaría. «Ese día ella se levantó, lloró, abrazó a su padre. Evidentemente, pues todos estuvimos superemocionados y fue un regalo preciosísimo», relata.

«Mi vida era estar cerca de Jesús»
Un día, apunta Gema, llegó a pensar que los cambios eran demasiado grandes y que debía volver a su vida anterior. «Ser católico es muy difícil», afirma. Durante unos días intentó abandonar todo que había incorporado a su rutina, como la oración y la música católica. Sin embargo, pronto descubrió que no era eso lo que realmente deseaba. «Decidí que mi vida era estar cerca de Jesús, que era donde yo era feliz, donde había encontrado, pues eso, serenidad, tranquilidad, sentido a la vida».
«Es verdad que ha habido una transformación en mí tremenda», recuerda Gema. Pero reconoce que no es fácil. «Dentro de la parroquia es facilísimo», pero cuando estamos con la familia o con algunos amigos, «es más complicado porque tienes que dar explicaciones». Levantarte y decir «me voy a misa» o ausentarte de un sitio porque tu prioridad es «estar cerca de Jesús», En este sentido, Gema anima a que las parroquias estén abiertas. «La verdad que para mí Alpha ha sido la puerta de entrada a una comunidad. Es un encuentro para mí con Dios vivo que realmente ha transformado mi vida».
Hoy, Gema participa en el grupo de acogida de su parroquia y en el grupo de oración de madres. Su marido también colabora en la vida parroquial y sus hijas continúan su formación cristiana. «Para mí, la Eucaristía ocupa un lugar fundamental en su vida cotidiana». En este sentido señala que «recibir cada domingo pues a Jesús Eucaristía para mí es el mejor de los regalos. Es supernecesario para poder empezar bien la semana».
Concluye su testimonio animando a las parroquias «a permanecer abiertas y a acompañar a quienes se acercan a la fe». Y termina recordando dos frases que, asegura, son importantes en su vida y en su manera de vivir la fe, del papa san Juan Pablo II: «Hay que defender la verdad, aunque solamente volvamos a ser 12 y que el amor siempre vence y el amor es Jesucristo».
