Gonzalo G. Ortigoso es diácono permanente de la diócesis de Madrid. Acumula semanas intensas de trabajo a sus espaldas porque fue designado en febrero coordinador de sacristías para la visita del Papa León XIV a Madrid, dentro de la Comisión de Liturgia.
La Comisión prepara la Misa del Corpus en Cibeles, el domingo 7 de junio; y colabora con los equipos responsables de la Vigilia de Jóvenes, puesto que hay adoración eucarística, en la Plaza de Lima, el sábado 6 de junio; y de la oración y homenaje a la Virgen de la Almudena en la catedral, el lunes 8 de junio, en que el Papa entregará la Rosa de Oro a la patrona de Madrid.
En cada uno de estos eventos habrá una sacristía, aunque la de Cibeles (ubicada en la Casa de Correo) se subdividirá ante el gran número de presbíteros que concelebrarán, incluyendo una zona específica para el Papa y su séquito. También habrá sacristía en el hotel donde estarán alojados los obispos, en colaboración con la Conferencia Episcopal Española, para que puedan celebrar diariamente la Misa.

Como coordinador de sacristías, Gonzalo se ha encargado de «proveer todo lo necesario para las celebraciones litúrgicas: objetos litúrgicos, vasos sagrados, ornamentos, paños litúrgicos, casullas y mitras (incluidas las del Papa) formas y vino (para la consagración), y en general «todo lo que pueda hacer falta». Hasta, por ejemplo, tablas de planchar y planchas para los ropajes. De lo que se trata, en definitiva, es de «tener todo a punto para que se celebre con dignidad y para ayudar a los fieles a que celebren y entren en el misterio del sacramento».
Ha sido un trabajo «frenético, contrarreloj», contactando con conventos y monasterios, empresas, religiosos, grupos de laicos que han querido colaborar… Entre otros, por ejemplo, las carmelitas descalzas que han hecho parte de las formas que se consagrarán en la Misa del Corpus. Esto «me ha permitido conocer muchas realidades y mucha gente de Iglesia muy buena». «Estoy agotado, pero feliz», resume.

Visibilizar el diaconado permanente
Gonzalo es diácono permanente de la diócesis de Madrid; integra, junto a otros 50 hombres, la fraternidad diaconal diocesana.
Cuando le comunicaron que habían pensado en él como coordinador de sacristía, «al principio fue un impacto; uno no piensa que vayan a confiar en mí para una empresa tan grande». Después, lo asumió como un «reto personal y pastoral» grande porque enraiza directamente con su ser.
«El diaconado es servicio; los diáconos nacieron para el servicio al altar», explica, de modo que no puede separar el encargo de su ser diácono. Además, y puesto que normalmente este trabajo lo hacen sacerdotes o religiosos —«en el Vaticano son agustinos»—, para él es «una forma de visibilizar el diaconado permanente».
