20 de Febrero de 2018

«Siempre pensé en casarme y tener hijos, y la llamada de Jesús descontroló totalmente mi vida»

La Delegación de Pastoral Vocacional ha hecho público este martes un nuevo vídeo en el que Marilú Álvarez, consagrada del Regnum Christi, confiesa que su mayor fuente de alegría es Jesús, «y su presencia siempre fiel, en las buenas y en las malas», así como «el ver cómo toca la vida de las personas a través de mi vida, que es muy pobre y limitada». Marilú cuenta que siempre pensó en casarse, en tener hijos y en formar una familia, y la llamada del Señor «descontroló» totalmente su vida: «Entonces, le dije confío en ti y ya te encargarás Tú de darme la alegría de vivir y de hacerme feliz». 

El vídeo se enmarca en una iniciativa de la delegación –en colaboración con Medios de Comunicación del Arzobispado de Madrid– para ir presentando testimonios de sacerdotes, religiosos y religiosas. Cada martes y viernes, uno de ellos contará cómo vive su vocación y cómo su incondicional «sí» al Señor le ha cambiado la vida. 


Manuel González López-Corps, sacerdote diocesano de Madrid, señala que «toda la vida de un presbítero está relacionada con Cristo y tiene una finalidad: los demás». Además, confiesa que vive el día a día «desde la Palabra de Dios, intentando llenarme de su presencia, sirviendo en la medida que buenamente puedo y comunicando la esperanza de Jesús». Predicar a Jesucristo, subraya, «es vivir como un discípulo». 

Paloma Fernández-Zarza, hermana de la Caridad del Sagrado Corazón de Jesús, reconoce que es feliz en medio del temporal porque siempre que cayó sintió la mano del Maestro para levantarse: «Esa es la experiencia que me da alegría cada día». Y en medio de las dificultades, subraya la corazonista, «siento que Él es el camino, me tiende su mano y me ayuda a descrubrirle en los hermanos y en las situaciones que vivo». La alegría de seguir al Señor, asegura, «es ponerse a la escucha, mirarse menos el ombligo e intentar ver lo poco o mucho que puedo aportar desde la sencillez del día a día». 

Ángel Amigo García, sacerdote diocesano, asevera que su felicidad solamente tiene un nombre, y es Jesucristo: «Me lo ha dado todo y lo único que me ha quitado son mis miserias y mis pecados». Amigo, además, confiesa que el Señor le ha devuelto «la alegría, la paz y el consuelo», y lo descubre, día tras día, en la misericordia. «Donde más disfruto es el confesionario», reconoce, «y «ser canal de gracia del Señor es una alegría para salir cada día, con una sonrisa, a celebrar la Misa».

Ana Mª Ferradas González, sierva de San José, cuenta cómo Jesús le enseñó «a mirar a Nazaret, al mundo del trabajo y a la mujer trabajadora». Además, reconoce que haber vivido en otra cultura le ha abierto el horizonte «para poder valorar lo distinto, como hacía Jesús en sus encuentros con las personas». Detalle que agradece al Señor, «quien me hace feliz» y «de quien he aprendido a vivir cotidianamente la realidad que se nos presenta, las alegrías y las tristezas».

Guillermo Cruz, sacerdote diocesano y consiliario de la Hospitalidad de Lourdes, expone que la alegría de ser sacerdote –despues de 19 años– está en descubrir que, a pesar de su flaqueza, Dios le ha permitido ser testigo de su amor: «Sé que soy pequeño y pobre, pero el Señor, por su amor y su misericordia, me ha dado la fuerza para vivir alegre».

Luiza Almeida, consagrada del Regnum Christi, cuenta cómo «la experiencia de seguir de cerca al Señor» llena su vida de «sentido e ilusión», al haber descubierto «para qué me hizo el Señor y para qué me ha puesto en el mundo». Y hoy «soy muy, muy feliz en la vocación donde Él me llama» porque, por encima de todo, «el Señor nos da cien veces más de lo que nos pide».

Napoleón Ferrández, sacerdote diocesano, manifiesta cómo sigue alegre después de 15 años de entrega al Señor, porque «el sacerdocio es una relación con Él que, cada año que va pasando, es más estrecha y más fuerte».

Rocío Belén Pedroso, misionera cruzada de la Iglesia, destaca que «la felicidad de la vida consagrada está en dejarse amar por Dios». Un amor que le lleva a responderle que sí «a su invitación de seguirle lo más cerca que pueda a una humana criatura». Rocío subraya, de una manera especial, «la alegría de saberme amada y acompañada por Dios en todo momento».

Para promocionar esta iniciativa, la Delegación de Pastoral Vocacional de Madrid –en colaboración con Medios de Comunicación del Arzobispado de Madrid– ha elaborado un vídeo promocional con testimonios de sacerdotes, religiosos y religiosas donde manifiestan que la alegría de la vocación es el «sí» que cambió para siempre sus vidas

 El resto de vídeos se irán subiendo al canal de Youtube de la delegación de Pastoral Vocacional de Madrid.

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