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Jueves, 02 abril 2026 08:00

Jesús Higueras: «Lo más bonito siempre ha sido acompañar el dolor, el sufrimiento»

Ser cura es «una aventura de Dios en la que Él te va poniendo cada día nuevas personas, nuevos retos, y ahí nuestra tarea es que Cristo suceda y esté en cada acontecimiento y en cada momento de la historia de cada ser humano», afirma Jesús Higueras, párroco de Santa María de Caná, en Pozuelo de Alarcón.

Ungir el dolor

Tras casi 37 años de ministerio presbiteral, «lo más bonito siempre ha sido acompañar el dolor, el sufrimiento». Siendo seminarista, «estuve con una enfermedad importante, ingresado y conocí el mundo del sufrimiento». Eso ha hecho de su ministerio un acompañar a las personas, «no solamente sus enfermedades físicas, por supuesto, sino sobre todo las enfermedades emocionales, del alma, de la mente, las heridas, las fracturas familiares, los fracasos, es donde más sentido tiene Cristo». Ahí, «los sacerdotes, los ungidos, podemos ungir ese misterio del dolor».

Además de vivir la Eucaristía con cariño, dice dar prioridad «al encuentro de los crucificados que hay en el mundo». De ahí la importancia de la fundación parroquial para personas con discapacidad, «un tesoro en la Iglesia y en la sociedad. No las quiere nadie, sin embargo, nos dan enseñanzas». En Santa María de Caná también hay un grupo de madres que han perdido hijos y «hace años empezamos un grupo de mujeres separadas cuando eso era como la maldición y las pobres se veían desplazadas, incluso dentro de la Iglesia». No duda en afirmar que «esa es la parte más bonita del ejercicio del ministerio».

Ve el dolor como algo que «nos hace volver a las raíces de la fe», a Jesucristo crucificado, que «está crucificado en cada persona». Desde ahí que «no se puede estar con Cristo en la oración si después no estás en el necesitado». En un barrio con abundancia material como es Pozuelo, ve otras pobrezas: humanas, del alma, de carencias, «que toca acompañar también, por supuesto sin descuidar las pobrezas materiales a las cuales nos sentimos profundamente vinculados y solidarios».

Construir una familia

Tras dos años en Canillejas y tres en Colmenarejo, en 1995 le encomendaron construir una nueva parroquia, pero el reto era «construir una familia». Insiste en que «una parroquia crea unos vínculos tan cordiales, tan cercanos, como lo puede ser la familia de sangre», y que «la parroquia forma parte de mí, y yo formo parte de la parroquia, encuentro de diferentes sensibilidades, realidades eclesiales». El desafío es ser casa común de todos, comunidad de comunidades, «saber respetarnos, caminar juntos».

En la parroquia ve dos dimensiones: todo lo que tiene que ver con la organización y una disponibilidad para atender a la gente cuerpo a cuerpo. «Si te viene una persona con un problema, que puedas sentarte y decir: cuéntamelo», ayudar a la gente a desahogarse, a compartir su vida, sus preocupaciones. El ministerio es un ejercicio de mucha escucha, «a veces estamos tan perdidos en reuniones y en cosas que no nos da tiempo para escuchar a la gente».

En un mundo con tantos medios para hacerlo, considera un fracaso que la gente no pueda compartir su intimidad con nadie. Por eso, «es bonito que la gente pueda encontrar en la Iglesia a alguien que no le juzga, que no le condena y que no castiga su debilidad, sino todo lo contrario». Es fundamental el «tiempo para escuchar», dado que «la escucha es el comienzo de todo», que da pie a todas las actividades, a la Eucaristía, al Consejo Pastoral.

Dios cuida de cada persona

Lo que marca la vida de la gente y de los sacerdotes es «ver que Dios cuida de cada persona», dado que «no somos clones, no somos todos iguales», pues «cada uno tiene una historia, una familia, una procedencia, unos éxitos, unos fracasos, y es amado en su individualidad y en su singularidad», afirma. Jesús Higueras ve el individualismo como «una de las ideologías más tóxicas», lo que demanda «enseñar a hacer comunidad, a poder compartir tu tiempo, tu vida, tus afanes».

No duda en resaltar que «la vocación sacerdotal es una de las cosas más bonitas que hay en la Iglesia». Eso porque «lo importante es ser hijos de Dios, todos somos hijos de Dios. Pero el modo de realizar la filiación en el sacerdocio ministerial es un camino de felicidad, de sacrificio, pero de felicidad».