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Miércoles, 26 agosto 2026 10:33

La parroquia de San Agustín celebra a su santo patrón: «Podemos pedirle que nos limpie los ojos del corazón para poder ver a Dios en nuestra vida diaria»

La parroquia de San Agustín celebra a su santo patrón: «Podemos pedirle que nos limpie los ojos del corazón para poder ver a Dios en nuestra vida diaria»

Hay en la parroquia de San Agustín, en Joaquín Costa, un cuadro de una Virgen con el Niño del siglo XVI, el mejor de la colección personal de un feligrés que prometió donarlo si su hijo volvía sano y salvo de la guerra. Y hay un Sagrado Corazón de Jesús bellísimo también donación de un feligrés artista, Enrique Pérez Comendador, que, por cierto, realizó asimismo la imagen de la Virgen de la espadaña, para cuyas manos tomó como modelo a una vecina. 

La historia de la parroquia es la historia de fe de sus feligreses. Esos que con sus dineros ayudaron a levantar el templo actual y que además lo hicieron con otros dos de Madrid: la Araucana y San Agustín de Alcobendas. Los que han mantenido la religiosidad en este barrio que es un oasis en medio de Madrid, una especie de urbanización privada —y privativa— en el corazón financiero de la ciudad. 

La densidad de feligresía propia es baja porque hay viviendas de la Castellana que ocupan una y hasta dos plantas enteras. Pero cuenta con mucha gente que viene de fuera, que acuden por pura devoción y apego a este templo.   

La vida tras las muros del templo

José María Muñoz hará el año que viene 20 años en la parroquia, primero como vicario parroquial y, desde hace nueve años, como párroco. La clave, dice, es que en su parroquia dejan que Dios haga. «Y de hecho han surgido muchas cosas» porque, además, se facilita «implantar iniciativas que nos parecen adecuadas». 

Aparte de, por supuesto, la atención sacramental y de las catequesis, diríamos, al uso, de Primera Comunión y Confirmación, hay dos grupos de Proyecto de Amor Conyugal, aula de Teología, Curso de Biblia, Vida Ascendente, Adoración Nocturna, oración de alabanza —más la adoración al Santísimo una vez al mes—, Familias Anónimas (con hijos con alguna adicción) y más de una docena de grupos de Oración de Madres

Hace ocho años se hizo el primer retiro de Emaús mujeres y, desde entonces, han surgido Emaús hombres, Effetá y Bartimeo. «Han pasado miles de personas», destaca el párroco. Y cientos de ellas se reúnen cada semana en la parroquia. «Hay muchas conversiones», comparte José María, y un importante grupo de catecumenado de adultos para recibir la Confirmación. También tienen cuatro o cinco bautizos a la semana y, aunque paradójicamente el número de matrimonios por la Iglesia desciende, en San Agustín «aumentan las bodas»

Nueva capilla 

Con tanto trajín, que las tardes son un no parar y «no damos abasto», se están realizando ahora mismo obras para abrir una nueva capilla a modo de cripta —con espacio para 100 personas sentadas— en lo que en su día fue el espacio de las calderas, primero de carbón y después de gas, hasta que este quedó en desuso por la instalación de la aerotermia. 

Esto le dio un respiro al templo, muy ennegrecido por ambos combustibles. Lo cual era una pena, porque la iglesia en su esplendor, tal y como luce ahora después de una ingente obra de restauración y rehabilitación, es una de las joyas de Madrid, obra del arquitecto Luis Moya Blanco entre los años 1946 y 1950 y declarada Bien de Interés Cultural en la categoría de Monumento

Una catequesis de mosaicos y pinturas 

El interior es una auténtica catequesis. Comenzando por las vidrieras más altas —desde abajo, nadie diría que en realidad miden dos metros—, que forman un víacrucis; pasando por los mosaicos de las que podríamos llamar «columnas de los sacrificios», a ambos lados del presbiterio, con representaciones de sacrificios del Antiguo y Nuevo Testamento; y terminando en el friso de pinturas de Juan Esplandiú que representan la vida de san Agustín

Precisamente el mosaico es una de las señas de identidad del templo. El retablo es un conjunto de teselas de Santiago Padrós que representan a san Agustín en el centro, con santa Mónica, su madre, a su derecha, y san Ambrosio, el que le bautizó, a su izquierda. El efecto de los mosaicos de alrededor, dorados, es abrumador: «Cuando entra la luz por distintos sitios van brillando como estrellitas». 

La vida de san Agustín 

Explicadas por José María, las pinturas de Juan Esplandiú cobran vida. Es como si uno estuviera viendo al pequeño Agustín yendo al colegio de la mano de sus padres, Mónica y Patricio, algo que no le gustaba nada porque ya entonces se llevaba lo de «la letra con sangre entra». 

Después se le ve atado a un árbol, que pareciera un san Sebastián, rodeado de una serpiente y otros animales amenzantes, en una representación de su juventud, «atado a los vicios». A los 17 años comenzó a vivir con una mujer y a los 18 tuvo a su hijo, Adeodato.   

Formado en retórica y literatura, Agustín fue un hombre instruido que había leído a los clásicos y al que le gustaba el teatro. Por eso, otra de las pinturas lo retrata participando en una obra de teatro en Cartago, y una más dando clases allí a los alumnos. «Pero no le gustaba porque eran muy revoltosos», así que aprovechó la oferta de ir a Roma a través de unos amigos de la secta de los maniqueos, en la que el futuro obispo de Hipona estaba integrado. 

Su conversión

Las pinturas continúan mostrando los principales hitos en la vida de Agustín. Su partida hacia Roma, en el puerto de Cartago, junto a su concubina y a su hijo, y el momento en que le dice a su madre que se van a demorar y que se vaya a rezar, una argucia en realidad para dejarla atrás; sus clases en Roma, «que tampoco le gustaba porque costaba que le pagaran»; y su llegada a Milán, «enviado por la emperatriz para espiar a Ambrosio», un hombre que había sido gobernador romano.

Aquí empieza el camino a Dios de Agustín. Escuchando las predicaciones de Ambrosio, se le va abriendo el corazón a una «interpretación más espiritual de la Sagrada Escritura» y empieza aquí un tiempo de fuerte lucha. La conversión definitiva le llega en el huerto de su casa, cuando oye a un niño al otro lado que dice «Toma y lee». Va a por las cartas de san Pablo, que las tiene a mano, y lee lo primero que ve: Rm 13, 13-14. «[…] Revestíos más bien del Señor Jesucristo […]». 

A los 33 años es bautizado por Ambrosio —también su hijo, que tenía entonces 15 años— en presencia de su madre y de su amigo Alipio, y así queda reflejado en la siguiente de las pinturas.   

Entonces, decide dejar la cátedra «para dedicarse a Dios» con la idea de establecer en Tagaste (Argelia, donde había nacido), y en Hipona algo similar a monasterios para laicos. Luego fue ordenado sacerdote, obispo auxiliar y, finalmente, obispo de Hipona.   

«Doctor de la gracia» 

«Él es, entre otras muchas cosas, el doctor de la gracia, el que más ha profundizado en la doctrina básica de la gracia». Como obispo, «tuvo que luchar sobre todo contra la herejía de Pelagio». 

San Agustín es una figura que «ha aportado una luz inmensa a la teología católica, por supuesto, pero también a toda la humanidad», resalta José María. Es, continúa, «un filósofo, un pensador muy penetrante», cuya «postura intelectual no pasa de moda». De hecho, «casa mucho con la modernidad, porque vivió una época parecida a la nuestra en cuanto a costumbres, cultura, y él era un hombre muy abierto, muy original en sus planteamientos». 

Imposible hablar de san Agustín y no hacerlo de sus Confesiones. «Lo escribió siendo ya obispo de Hipona, a la muerte de san Ambrosio; era una acción de gracias, un abrir su intimidad a la gente para que conociese lo que Dios había obrado en su vida». Es, en resumen, «casi una biografía completamente novedosa». 

Celebración de día del patrón 

En la parroquia de San Agustín celebrarán a su patrón de una manera especial, ya que es un día que suele pasar un poco más desapercibido en el barrio porque, al ser en agosto, la mayoría de la gente está aún de veraneo.   

Pero el párroco siempre trata resaltar en este día «algún aspecto de las enseñanzas de san Agustín». Este año será «la intimidad en san Agustín, el encuentro con Dios en la intimidad». Habrá Misas en horario habitual, a las 13:00 y a las 20:00 horas. 

—¿Y qué se le puede pedir al santo en su día?
—Que nos limpie los ojos del corazón para poder ver a Dios en nuestra vida diaria y así poder estar centrados en Él.