Todo nace «de una conversión pastoral de la parroquia muy bonita» que se viene dando en la parroquia San Fulgencio y San Bernardo desde hace un tiempo. Pedro Lamata, el párroco, explica cómo desde el consejo pastoral se hicieron la pregunta de cómo profundizar en un itinerario de fe, porque «a veces un conjunto de actividades parroquiales no suple el hacer un camino parroquial con una propuesta fuerte de vivencia de la fe».
Esto es, puede haber muchas actividades y muchas propuestas sueltas, cada una siendo un compartimento estanco, pero sin un proyecto común de comunidad. O «una iniciación cristiana y cosas complementarias» sin entender la lógica interna, sin que haya un objetivo central de la iniciación cristiana: «Los iniciamos, ¿para qué?».
Y de esto surgió una gran iniciativa: vivir juntos la Misa parroquial, unificando niños, jóvenes, adultos, familias, mayores... «Era algo que ya veníamos intuyendo», comenta Lamata, y a la vuelta del verano lo implementaron. Esto supuso un cambio en los horarios de las Misas dominicales: se mantiene la de 9:00 horas y después, a las 12:00 horas, se celebra una Misa mayor para toda la comunidad.

Proceso de fe renovada
Rocío es feligresa desde niña y miembro del consejo pastoral parroquial. Explica cómo se habló y se «discutió de manera ordenada» de todo esto en el consejo y, además, se hizo una encuesta online a la comunidad sobre qué miedos podían tener a la hora de unificar las Misas y qué podía aportar este cambio.
Interesaba sobre todo escuchar a las familias, «porque se perdía la Misa de niños», pero la grata sorpresa fue que «han sido las más dispuestas». Todo este proceso «hay que vivirlo con renovada fe: no cambia el objetivo, hacer lo que estamos llamados a hacer, que es evangelizar, pero se ha de abrir la mente porque la manera en la que hacemos las cosas no tiene por qué perpetuarse en el tiempo siempre bien». Parecería que «caminamos hacia perder o que vamos a menos», pero «lo que tenemos que reforzar es la comunidad, estar juntos».
Hasta ahora, «qué bonita es la experiencia» de esta Misa mayor, añade el párroco, que se comenzó a celebrar el primer domingo de octubre. «Los jóvenes están felices de que vengan los niños», y los niños «de pronto no son el centro de atención». Y además, antes, «el niño tampoco se iniciaba a una vida con la comunidad». Asimismo, «los abuelos están contentos de ayudarles» a pasar el cestillo, por ejemplo, y las familias comparten el momento de las peticiones y las ofrendas.
Y los catequistas, «encantados», porque «de pronto los padres conectan con otros matrimonios», y a su vez los matrimonios son «referentes para los jóvenes que se quieren casar». El coro ya no es el de niños o el de jóvenes, sino que se han unido y ha pasado a ser un coro parroquial en el que ya se han empezado a incorporar también adultos.

Equipo de liturgia
Esta Misa mayor se cuida al detalle. Por eso se ha puesto en marcha un equipo de Liturgia que además es una de las propuestas del plan pastoral diocesano que San Fulgencio ha acogido para este curso. Se ha pensado no como un grupo de expertos —aunque en la parroquia seguirá habiendo formación litúrgica—, sino como un grupo de personas «que se encargan de que toda la comunidad sea el sujeto de la liturgia; necesitamos que todos puedan participar», continúa el sacerdote.
Así, la primera lectura se le encarga a un niño «que lea bien», con unas tres semanas de antelación para que lo vaya «rezando con sus padres». De este modo, estará «leyendo algo que lo ha metido en el corazón». Igual sucede con la segunda lectura, que proclama un adulto después de un mes en el que lo ha ido rezando. El salmo lo canta siempre un joven.
Después, niños y adultos hacen las peticiones —las elaboran en casa una semana antes con sus padres, y salen a leerlas juntos—, y niños y abuelos pasan el cepillo. «Esta Misa nos está permitiendo ver a la comunidad», asegura el párroco.
Cada cual que aporte sus dones
Rocío señala una de las experiencias que a ella le resulta más enriquecedora. Las moniciones de entrada —una al comienzo de la Misa y otra que da paso a las lecturas— se las han encargado a los mayores. Y en concreto, una mujer muy mayor que fue catequista de Rocío de Primera Comunión y «pone su don de su sabiduría de tantos años de vida cristiana». «Me manda audios cada semana y me cuenta lo que quiere decir; yo lo redacto y un joven lo lee en Misa».
Y esto es un pleno «sentido de comunidad» y, además, hace vida lo que el Día de la Iglesia Diocesana propone para este 2026, que es aportar los dones que cada cual tiene. Asimismo, el que haya una gran variedad de participación en la Misa es también una respuesta. «Poner lo que cada uno tiene al servicio de los demás es lo esencial a la hora de hacer comunidad».

Mapeado de actividades
El equipo de liturgia prepara también una de las iniciativas que más debate generó en el consejo pastoral: el presentar, en comunidad, las actividades de la parroquia. Cabía la posibilidad de que se hiciera dentro de la Misa, pero tras la confrontación de ideas se resolvió «que la Misa sea la Misa» y después de ella, que vengan los testimonios de la parroquia.
Con esta decisión tomada, se ha desarrollado un hilo conductor para vertebrar cada mes las propuestas de la parroquia. En octubre, al coincidir con el Domund, se ha hablado de la misión; en noviembre, de cómo vive la parroquia la pastoral de los enfermos y las exequias; en diciembre, la familia es la protagonista, con propuestas de cosas para hacer como coronas de Adviento, velas para casa…; en enero, que se celebran las fiestas parroquiales, serán más cosas de comunidad; en febrero, sobre economía y compromiso económico; en marzo, al conversión; en abril, la catequesis; en mayo, la oración (grupos de oración, de Adoración Nocturna, de Oración de Madres), y en junio, el centro será el Corazón de Jesús.
Y junto a ello, tras las Misas el párroco sale a la placita que hay ante el templo como presencia cercana para «la gente nueva, que te pueda saludar», mientras que los del consejo parroquial se quedan más en la entrada y «tienen también su momento misionero». Es, en conclusión, dar un paso hacia una parroquia más unida, participativa y acogedora, haciendo de la Eucaristía del domingo el centro de la parroquia y contando con la corresponsabilidad de todos.
«La parroquia no son cositas, es el seguimiento de Cristo, y ponemos la Misa en el centro de todo», subraya el párroco. «Hacía falta algo que ilusionara a la comunidad», concluye Lamata, y añade: «Solo el Espíritu Santo puede hacer que todo el mundo ceda parte de su compartimento estanco para hacer algo nuevo que sea de todos».
