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Sábado, 07 noviembre 2026 20:47

Las Carboneras celebran el 400 aniversario de la muerte de su fundadora, una mujer con «genio femenino»

Las Carboneras celebran el 400 aniversario de la muerte de su fundadora, una mujer con «genio femenino»

El Monasterio del Corpus Christi ha celebrado este sábado 7 de noviembre una Eucaristía en la que se ha recordado el IV Centenario de la muerte de su fundadora, doña Beatriz de Ramírez y Mendoza, IV Condesa de Castellar. Una mujer de profunda fe y un ardoroso amor a la Eucaristía, que con la fundación del monasterio hizo posible que la oración contemplativa de las Madres Jerónimas haya permanecido ininterrumpida en el corazón de Madrid, donde son conocidas como las Carboneras, como un faro de gracia e intercesión.

Unidos con el sucesor de Pedro

Presidida por el obispo auxiliar electo de Madrid, Andrés Martínez Esteban, ha iniciado su homilía explicando el sentido de la Solemnidad de la dedicación de la Basílica de San Juan de Letrán, que en Madrid se celebra el 8 de noviembre, pues el día 9, fecha de la dedicación, se celebra la festividad de Nuestra Señora de la Almudena, patrona de la archidiócesis.

El obispo auxiliar electo recordó que la basílica de San Juan de Letrán es desde el siglo IV la sede del obispo de Roma, del papa. Una solemnidad en la que «nos unimos a quien es sucesor del apóstol Pedro» y «estamos estrechamente vinculados a quien garantiza la comunión de la Iglesia y, lo más importante, a quien nos asegura la fidelidad al mensaje del Evangelio y nos une con Aquel que es la Buena Noticia de la salvación, Jesucristo salvador».

«Esto nos lleva a caer en la cuenta de que es en la Iglesia y por medio de la Iglesia como Cristo no es alguien del pasado, no es una figura histórica que recordamos como se recuerda a alguien que ha pasado por este mundo», sino que «está vivo y presente en nuestra vida, en nuestra historia, en nuestro mundo», destacó. En palabras del obispo auxiliar electo, lo que da sentido a la vida de este monasterio, es «el Cuerpo y la Sangre de Cristo que permanentemente está expuesto para la adoración de los fieles», dado que, como afirma San Juan Pablo II, «la Iglesia vive de la Eucaristía».

Cristo está vivo y presente en medio del mundo

De hecho, subrayó, «la comunión de y en la Iglesia y la comunión eucarística a través de la adoración a Jesús Eucaristía es donde la llama de la fe se mantiene encendida. Es en el Cuerpo de Cristo, centro de la vida de esta comunidad, donde la Iglesia se alimenta, donde la Iglesia vive la fe y donde este monasterio se convierte en luz en medio de una sociedad que vive al margen de Dios». En las hermanas jerónimas resaltó que son ellas «las que sostienen y alimentan la fe de la Iglesia y nos recuerdan que Cristo está vivo y presente en medio del mundo. Nos recuerdan que Cristo sigue entregándose para la salvación del mundo».

Junto con ello, enfatizó la relación entre el 400 aniversario de la muerte de la fundadora y la Solemnidad de la dedicación de la Basílica de San Juan de Letrán, dedicada al Salvador, que nos recuerda que «es Jesucristo el único salvador del mundo». Desde ahí invitó a preguntarse: «¿dónde pongo mi esperanza?» y mostró que «doña Beatriz supo buscar la gloria de Dios por encima de la gloria humana», mostrando «la vida cristiana no es algo privado. La fe tiene una dimensión social que obliga al creyente a comprometerse con este mundo», algo que demanda de los católicos, «una mayor implicación en todas las realidades sociales», dado que «todo lo verdaderamente humano es camino para alcanzar a Dios. Y, viceversa, los caminos de Dios pasan por la vida humana para transformarla».

La vida de doña Beatriz, recordó el obispo electo, pone de manifiesto lo que San Juan Pablo II llamaba «el genio femenino», presente en una mujer que «lo único que deseaba era la gloria de Dios. Aspiraba a lo máximo que era la santidad. No buscó la gloria ni el poder, sino que imitó a Cristo pobre y humilde». Una mujer consagrada que nos presenta, «en la fundación de este monasterio, al que es nuestro Salvador, Jesucristo, que se entrega por nosotros, se hace alimento y se queda en la Eucaristía para que, a través de su Cuerpo, del Corpus Christi, nosotros podamos participar de su misma vida que se nos da por medio de la Iglesia, misterio de comunión».