Con el lema «¿Para quién eres?», este lunes, 2 de febrero, la Iglesia celebra la Jornada Mundial de la Vida Consagrada, una cita que invita a poner la mirada en quienes, a través de la consagración, entregan su vida a Cristo.
Una de esas personas es Maripi Amigo, Hija del Inmaculado Corazón de María y miembro del Instituto Secular Filiación Cordimariana, cuyo carisma busca prolongar la maternidad de María en medio del mundo. «Lo hacemos desde nuestra presencia en la sociedad, especialmente en el ámbito laboral», explica.
Enfermera de profesión, Maripi encuentra en el mundo de la salud y de la enfermedad «un espacio privilegiado para acompañar a las personas con la delicadeza y la cercanía propias de María».
?El padre Aurelio Cayón, vicario episcopal, en la #JornadaVidaConsagrada: «En este día la Iglesia da gracias a Dios por el don de la vida consagrada»
— Archidiócesis de Madrid (@archimadrid) February 2, 2026
➡️«Es una llamada de atención para fijarnos en ese don que Dios ha dado a su Iglesia»https://t.co/gC7byZ1djx pic.twitter.com/5Ks8Q41JRZ
Dialogar, acompañar y discernir
Por ello, enmarcar este año la Jornada de la Vida Consagrada en torno a la pregunta fundamental «¿Para quién eres?» es, sin duda, una auténtica provocación por parte de la Iglesia y, de modo particular, de la propia vida consagrada. «Una provocación —explica Maripi— porque creo que nuestra vida consagrada está llamada a suscitar preguntas, más que a ofrecer respuestas inmediatas».
La sociedad actual, y especialmente los jóvenes, cuentan hoy con múltiples espacios donde formular preguntas y buscar respuestas. Basta pensar, por ejemplo, en herramientas como ChatGPT, en sus diversas versiones.
Sin embargo, como señala Maripi, las personas siguen teniendo una profunda sed de respuestas. Entonces, ¿por qué la vida consagrada lanza una pregunta? «Porque desde la pregunta podemos dialogar, acompañar y discernir juntos. Es Dios quien responde», afirma. Y la misión de la vida consagrada es precisamente esa: «Suscitar preguntas que coloquen a las personas ante ese Dios que es la verdadera respuesta».

Deseo de abrazar
«Caminamos tras un Año Jubilar de la esperanza que ha situado a toda la Iglesia en una actitud de espera y de brazos abiertos». Así —subraya Maripi— debe estar también la vida consagrada. «Una espera que no es pasiva, sino activa; una espera que se mantiene en el deseo de abrazar y de hacer Iglesia juntos».
Por eso, la vida consagrada está «codo a codo con la gente de la calle, compartiendo sus fatigas y sus alegrías, en el mismo tiempo y en el mismo espacio». Es ahí, «en medio del mundo», donde se vive con «los brazos abiertos, para ser cercanos, para abrazar cualquier situación y acoger a cada persona con su vida y con sus luchas».

“¿Para quién eres?”
Esa es la pregunta. «La respuesta es clara: para Dios», afirma Maripi, evocando las catequesis del papa Francisco sobre el discernimiento. «Somos para Dios: hombres y mujeres entregados a su voluntad, que encarnan su presencia de un modo nuevo y son capaces de anunciar un mensaje de comunión y de esperanza. Somos para Dios, en su corazón; vivimos, nos movemos y existimos en Él».