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Martes, 20 enero 2026 14:01

Mateo González Camarma, testigo del sacerdocio de cara a CONVIVIUM, fue uno de esos «hombres de Dios que nos ayudan a descubrir a Dios»

Mateo González Camarma, testigo del sacerdocio de cara a CONVIVIUM, fue uno de esos «hombres de Dios que nos ayudan a descubrir a Dios»

Las vidas de Testigos del Sacerdocio, una serie de vídeos que la organización de CONVIVIUM ha elaborado de cara a la Asamblea Presbiteral de febrero, son las de hombres que «no eran santones de la vida, eran de carne y hueso; hombres de Dios que nos ayudaban a descubrir a Dios y a ser testigos de la Vida». Así lo expresa José Luis Díaz Lorenzo, vicario episcopal de la Vicaría I, en el vídeo dedicado a Mateo González Camarma.

Deán de la catedral, confesor, maestro de ceremonias, director espiritual del Seminario Conciliar de Madrid, sacerdote de los campamentos juveniles de la Adoración Nocturna, capellán de la cárcel de mujeres… González Camarma «estaba acostumbrado a trabajar con realidades pastorales muy variopintas». Pero donde más se le conoció fue en la catedral y en el Arzobispado.

Cada vez que José Luis se sienta en el confesionario, o pasea por la catedral, «me acuerdo muchísimo de don Mateo; así lo conocí yo, en la catedral, hablando con la gente, abriéndose al mundo, sin salir corriendo y acompañando y ayudando en todo». No hacía acepción de personas, no las juzgaba, «acompañaba y se dejaba interrogar». Y desde ahí tenía una autoridad que no solo le venía «solo de lo sacramental, sino de saber iluminar con el Evangelio y con su vida a los que se acercaban a él».

Mateo Gonzalez camarma confesion

Ayuda en el camino vocacional

El vicario de la Vicaría II conoció a González Camarma siendo adolescente. Cuando empezó a surgir la idea de la vocación al sacerdocio, le confió su inquietud, y le dijo que él lo que quería era casarse y ser padre. «Difícilmente llegarías a ser un buen cura, un cura como Dios quiere, si no pudieras ser un buen padre de familia», le respondió el sacerdote. Y a José Luis eso le dio mucha libertad. Tanta, que entró en el seminario y acaba de celebrar sus bodas de plata sacerdotales.

«La pena es que don Mateo falleció sin verme ordenado». Una fatídica caída hacia atrás le segó la vida en una peregrinación a Santiago junto a José Luis. «Un amigo se te muere en las manos sin que puedas hacer nada…; estoy convencido que desde el cielo sigue ayudándonos a todos».

Mateo Gonzalez camarma misa

La fuerza de la oración

En sus momentos de cansancio, a González Camarma la fuerza «le venía de la oración, tanto personal como comunitaria; de las horas de sagrario». También era capaz de compartir sus heridas, sus cansancios, y esto era algo «muy sano». Así, al vicario le enseñó que en la vida hay que compartir los momentos buenos, pero también hay que tener personas con las que compartir las dificultades. Le decía que se dejara formar por la gente, que la quisiera, que se dejara interpelar por ella.

Si González Camarma le pudiera hablar hoy, José Luis (imagen inferior) está seguro de que le diría: «¿Has visto como merecía la pena fiarte de Dios?, ¿has visto como no tienes que tener miedo a nada?».

Mateo Gonzalez camarma jose luis