Nicolás Álvarez de las Asturias es el rector de la Universidad Eclesiástica San Dámaso. Después de 27 años de ministerio, considera que ser cura «es sin duda una oportunidad de servir haciendo presente a Jesucristo», y en Madrid es «hacer ese servicio en un sitio con multitud de oportunidades, tanto por la pluralidad de la gente a la que se sirve como por el presbiterio desde el que uno realiza su misión. Me parece que es una oportunidad fantástica de servir en un lugar privilegiado y desde un presbiterio realmente excepcional».
Oportunidad de servir
Ser rector, aunque bromea que es «una enfermedad que se curará con el tiempo», lo ve como «una oportunidad muy bonita de servir», y lo considera «una gracia de Dios preciosa». Ve la universidad como «una apuesta por una formación en la dimensión intelectual muy exigente y cuidada para los que van a ser sacerdotes y cada vez con mayor claridad para todos los agentes de pastoral y para todos los fieles laicos de la diócesis». Igualmente, «un servicio misionero precioso, porque recibimos a sacerdotes de muchísimos países, tanto de América Latina como de África, que reciben aquí un complemento a su formación que luego les permite servir mejor a su diócesis». Subraya que se trata de «un crisol de lo que es la diócesis de Madrid, una diócesis con muchísima vitalidad y muy abierta también a ayudar al resto de las iglesias».
«Un signo distintivo del presbiterio de Madrid ha sido siempre una preocupación por lo intelectual», resalta el rector. Un deseo de formación que ha provocado «la sed de formación del pueblo de Dios», que ve presente en «las parroquias en las que he estado» y «en el número de matrículas que vamos teniendo de fieles laicos», así como la participación en iniciativas que se engloban en la denominada transferencia de conocimiento. Recuerda que son de catequistas, personas que participan activamente en la vida de sus comunidades o forman parte de los consejos pastorales, que han oído hablar de San Dámaso y que reciben un conocimiento que luego tiene un retorno.
Una universidad que refleja la vida diocesana
En San Dámaso hay una gran presencia de sacerdotes de África y Latinoamérica entre los alumnos. Además de recibir «estudios de nivel universitario y con grandísimo rigor», ve como algo que enriquece y que es muy valorado por los obispos que los envían, que vivan y realicen una labor pastoral en parroquias de Madrid, que hace que «no se desenganchan de la vida parroquial ni dejan de tener un acompañamiento comunitario». Son alumnos que «muchas veces vienen con otras preguntas, porque lógicamente las preguntas que nosotros hacemos tienen que ver con lo que vivimos». Algo que «nos ayuda a todas las facultades a a tener una visión mucho más rica y afrontar con muchísima mayor amplitud los grandes problemas de la humanidad». Junto con ello, en las parroquias en las que sirven, testimonian «a nivel presbiteral lo que ya es una realidad a nivel bautismal. Y es que nuestras comunidades cristianas, también en Madrid, son cada vez cada vez más multiculturales, multiétnicas. Y que eso se vea también a nivel del presbiterio es una riqueza preciosa».
Entre los desafíos de cara al futuro, Nicolás Álvarez de las Asturias considera que el primero es «garantizar la generación siguiente de profesores». El segundo es «cómo conjugar dos dimensiones esenciales de su tarea que son aparentemente contradictorias. Una es la difusión o transferencia de conocimiento que obliga a la universidad a ponerse al servicio de toda la sociedad difundiendo la tarea que realiza y por otro lado, la investigación que exige una dedicación y que se traduce normalmente en unas publicaciones que tienen un alcance mucho más reducido. Pero si no se mantiene esa tensión, la divulgación puede ser vulgarización. Y si la investigación no es capaz de calar todas las las dimensiones de la vida, se convierte en pura erudición».
Junto con esos retos, ve la necesidad de que «nuestro trabajo sirva en cada época de la vida de la diócesis de Madrid a los desafíos pastorales intelectuales que la diócesis tenga». Eso se concreta en «el redescubrimiento de la vocación bautismal y el planteamiento de una teología que efectivamente dé razón de la riqueza del pueblo de Dios y de la misión compartida de todos los bautizados. Formación en la Iglesia, que es un elemento cada vez más importante y siempre lo ha sido».