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Jueves, 22 octubre 2026 14:48

«El noviazgo es la pretemporada del matrimonio»: Sergio Poblet y Carlota Ollero impulsan en la parroquia San Ignacio de Loyola, en Torrelodones, el curso “Un camino para tres: tú, yo y Dios”

«El noviazgo es la pretemporada del matrimonio»: Sergio Poblet y Carlota Ollero impulsan en la parroquia San Ignacio de Loyola, en Torrelodones, el curso “Un camino para tres: tú, yo y Dios”

«Un camino para tres: tú, yo y Dios». Con este lema, la parroquia de San Ignacio de Loyola, en Torrelodones, ha puesto en marcha un curso de novios sin fecha de boda, con encuentros quincenales para acompañar a las parejas en una etapa que sus impulsores consideran fundamental para el futuro matrimonio. Detrás de esta iniciativa están Sergio Poblet y Carlota Ollero, un matrimonio joven que, tras descubrir durante su propio noviazgo la importancia de caminar acompañado, ha querido ofrecer a otras parejas aquello que ellos mismos echaron en falta.

«Esta idea nace de una necesidad que sentimos durante nuestro noviazgo», explican. Durante su relación participaron en el retiro Contigo Novios, organizado por la parroquia de Buen Suceso, y posteriormente formaron parte de su grupo de novios. Aquella experiencia les ayudó a descubrir el valor de contar con un espacio en el que «compartir inquietudes, profundizar en la relación y plantearse preguntas que no siempre encuentran su lugar en la rutina».

Cuando se casaron, hace aproximadamente un año y medio, comenzaron a dar forma a una idea que llevaban tiempo compartiendo. «Veíamos que había muchos grupos para jóvenes y también para matrimonios, pero echábamos en falta juntarnos con otros novios y tener un grupo donde trabajar nuestro noviazgo», recuerdan. De esa inquietud nació la iniciativa que ahora han puesto en marcha en la parroquia de San Ignacio de Loyola, con el apoyo de la parroquia de Buen Suceso, que les ha proporcionado la formación y el material necesarios.

«El matrimonio también es una vocación»

Para Sergio y Carlota, una de las claves del proyecto está en comprender que el matrimonio no comienza el día de la boda. «En la Iglesia, vocaciones como el sacerdocio o la vida religiosa cuentan con un tiempo de formación y discernimiento antes de dar ese paso». Por eso, consideran que «el matrimonio también es una vocación» y que el noviazgo es un momento privilegiado para «formarnos, conocernos de verdad, aprender a querernos y discernir juntos». En este sentido, definen el noviazgo como «la pretemporada del matrimonio». «Si queremos construir algo sólido y bonito, merece la pena dedicar tiempo a asentar bien las bases», afirman.

El grupo está abierto a parejas en cualquier etapa de su relación. No es necesario estar prometidos ni saber cuándo llegará la boda. Precisamente, la propuesta busca que puedan comenzar a plantearse con tiempo las grandes cuestiones de su relación, sin esperar a que el matrimonio esté próximo.

El itinerario tiene una duración máxima prevista de tres años y permite que cada pareja avance a su ritmo. Si durante este camino decide casarse, podrá continuar su preparación matrimonial mediante el curso correspondiente, de acuerdo con las condiciones de su parroquia.

Oración, formación y trabajo en pareja

Los encuentros se celebran cada dos lunes y combinan oración, formación y trabajo en pareja. Cada sesión comienza con un tiempo de adoración al Santísimo Sacramento, de unos quince o veinte minutos. Es un momento en el que «los novios pueden ponerse ante el Señor y preparar el corazón para el encuentro», explica Sergio. Después llegan las charlas de matrimonios de la propia comunidad parroquial o las dinámicas para reflexionar sobre cuestiones esenciales de la vida en pareja. La comunicación, las familias de origen y las dificultades que pueden surgir en la convivencia son algunos de los temas que se abordan.

En este sentido, Sergio y Carlota explican que será un camino de acompañamiento. Habrá charlas, dinámicas y actividades. El objetivo es que «vengáis a trabajar en vuestra relación, a hablar, a reflexionar juntos y a tener conversaciones que muchas veces, con el ritmo del día a día, no surgen por sí solas».

Porque, como reconocen, las prisas y las obligaciones cotidianas pueden acabar ocupando buena parte de la vida de una pareja. Entre los estudios, el trabajo y los planes del fin de semana, «no siempre queda tiempo para hablar de las expectativas, los miedos, las diferencias o la manera en que cada uno imagina su futuro». Por eso, apunta Sergio, «los encuentros están pensados para que cada pareja trabaje en privado». Durante la adoración, cada novio y cada novia dispone de su propio espacio, sin tener que compartir sus reflexiones con el resto del grupo. Después, las parejas reciben propuestas para trabajar juntas durante las semanas siguientes.

La formación se completa con el acompañamiento del padre Alejandro, sacerdote de la parroquia, que está disponible para resolver dudas y ayudar en aquellas cuestiones que requieren una explicación desde la doctrina de la Iglesia.

Tú, yo y Dios

Si hay algo que Sergio y Carlota quieren que defina esta iniciativa es la presencia de Dios en la relación. «Para nosotros hay algo fundamental: tener a Jesús en medio. Queremos que este curso sea también una oportunidad para aprender a caminar como pareja con Dios y construir el noviazgo desde ahí», recuerdan. Esta dimensión adquiere especial importancia en las parejas en las que uno de los dos vive la fe con más intensidad que el otro. El grupo quiere ofrecerles un espacio para dialogar, comprenderse y preguntarse juntos «qué lugar ocupa Dios en su relación y si están llamados a la vocación matrimonial»-

Los matrimonios que acompañan el itinerario también procuran estar cerca de los novios fuera de las reuniones. Sergio y Carlota, junto a Marta y Gonzalo, son algunas de las caras visibles de la iniciativa. Su papel es organizar el grupo y ofrecer apoyo personal, manteniendo abierta la posibilidad de hablar, resolver inquietudes o compartir tiempo juntos más allá de las sesiones.

Además, una vez al mes, los participantes están invitados a quedarse para tomar algo y compartir un rato de convivencia. Cada pareja puede aportar algo de comida y, de una manera sencilla, ir creando comunidad. «La idea es que descubran que no están solos en sus dudas y que otras parejas atraviesan situaciones parecidas», explica Sergio.

El retiro Contigo Novios, que fue importante en la propia historia de Sergio y Carlota, también forma parte de esta propuesta. Gracias a la colaboración con la parroquia Buen Suceso, los participantes pueden acceder a algunas plazas para vivir esta experiencia, concebida como una oportunidad más para profundizar en el noviazgo.