Print this page
Jueves, 04 junio 2026 08:00

Pablo Rojas, OSA: «Tenemos un gran Papa para la Iglesia y para el mundo»

Pablo Rojas, OSA: «Tenemos un gran Papa para la Iglesia y para el mundo»

La visita del papa León XIV a Madrid cobra un cariz especial para los Agustinos. Reciben a aquel que durante 12 años fue su superior general. Uno de ellos es el padre Pablo Rojas, párroco in solidum de la parroquia Santa María del Bosque. Vive su ministerio como un regalo, en una Iglesia diocesana viva, floreciente, pujante, donde dice servir en misión compartida, dispuesto a salir a buscar a las ovejas que están fuera, en una gran ciudad como es Madrid.

Una sola alma y corazón

Define la ciudad donde nació como «una ciudad con muchas posibilidades», con mucha soledad, individualismo, prisas, estrés, pero también con un profundo sentido de búsqueda. Se siente parte de un presbiterio grande en número y en calidad, con sacerdotes capaces de escuchar, acompañar, reír juntos, hacerse un favor. Una fraternidad a la que ha ayudado CONVIVIUM. Ese es un modo de ser propio de los Agustinos, que viven con «Una sola alma y un solo corazón hacia Dios».

Las parroquias agustinianas se empeñan en realizar la misión desde la dimensión sinodal, con cuatro características: la comunidad es esa sola alma, ese solo corazón, que todos seamos uno, algo presente en el lema del Papa: «Ser uno en el uno»; la interioridad, en el interior habita la verdad, está Dios; la pobreza; y el servicio a la Iglesia. Desde ahí pretenden crear una parroquia dentro del barrio, «una casa de todos, con muchas puertas, donde la gente pueda sentirse bien».

Para ello, se empeñan en cuidar las celebraciones, las Eucaristías, la liturgia, implicar a la gente en las diversas actividades y en la dimensión social de la parroquia, sensibilizar para que se pueda echar una mano a quien lo pasa mal, así como trabajar con los matrimonios, una de las grandes apuestas para la evangelización, para el tema vocacional y para seguir caminando como comunidad. Se trata de ofrecer «desde esta casa, que es la casa de todos, esas posibilidades de sentirnos comunidad».

Un Papa al que conoce

Como para toda la Orden de San Agustín, es una alegría que Robert Prevost sea el actual pontífice. No duda en afirmar que «tenemos un gran Papa para la Iglesia y para el mundo». Desde un punto de vista más personal, reconoce que «es un orgullo que alguien que tú conoces, que has abrazado, que has te has reído con él, que has estado en reuniones con él, ocupe este puesto de responsabilidad en el mundo. No solo en la Iglesia, sino en el mundo, porque es una referencia mundial».

El día de la elección del actual pontífice estaba en los salones parroquiales con las familias de los niños que iban a hacer la Primera comunión. «Uno de los padres llegó un poco tarde y nos dijo ya está la fumata blanca. Dijimos, vamos a terminar cuanto antes para entrar al despacho, poner la televisión y vamos a ver quién sale». Fue ahí cuando apareció aquel a quien conocía personalmente.

Un Papa a quien los Agustinos ven como hermano y un motivo de esperanza para la Orden. En un momento de escasez de vocaciones a la Vida Religiosa, «esta elección a nosotros nos revitaliza, nos dice que sí, que los Agustinos tenemos algo que aportar a la sociedad. Esto nos ilusiona, nos ayuda a renovarnos y a ir hacia adelante». Por ello, ve que el Papa sea agustino, «un motivo de alegría, un motivo de orgullo y un motivo de esperanza».

Alegres por su visita

«Le estamos esperando con unas ganas increíbles, porque verlo donde sea nos encanta», dice con una sonrisa en el rostro. Todavía más porque «viene aquí, a esta ciudad, a nuestra ciudad. Estamos que no cabemos de alegría». Una visita que implica un gran trabajo de preparación, con muchas reuniones, «pero merecen la pena de cara a que a que venga, a poder verlo de lejos», enfatiza. El encuentro de los Agustinos con el Papa en la Nunciatura lo vive como un regalo y con una emoción inmensa.

Como agustino, afirma que, por el hecho de que el Papa sea un hijo de San Agustín, «tenemos esa responsabilidad de saber responder a lo que es nuestro carisma con autenticidad y cada vez siendo más auténticos y entregados desde lo que somos, desde lo que hacemos», en las parroquias, en los colegios, en el mundo de la cárcel, en hospitales, en las misiones. En ese sentido, ve necesario «poner el foco en nosotros» y le pide al Espíritu Santo que «nos ayude a estar a la altura de la situación. Poder ser nosotros y aportar ese lo que somos a la Iglesia y al mundo actual».