Ricardo Spuch ha sido misionero en el Chaco argentino durante seis años y medio. De vuelta a Madrid, dice que ser cura es «algo que te ayuda a disfrutar de la vida, porque estás en medio de la gente en todas sus necesidades. Y llevando a Cristo, que es lo mejor que tenemos».
Compartir a Cristo
A partir de la misión, reconoce que es «disfrutar de todo lo que nos da él y poder compartirlo con los demás», algo que desde el ser sacerdote, lleva a «disfrutar de esa presencia de Dios y que nosotros tenemos esa suerte, esa gracia, esa ventaja de poder llevárselo a los demás».
Analizando el tiempo de misión en Argentina, destaca como negativo la pobreza que encontró: «pobreza humana, pobreza material, pobreza educativa, pobreza sanitaria, pobreza espiritual». Una realidad que, en el país del papa Francisco, le ha ayudado a comprender, al estar entre gente que vive con tan pocas cosas, su mensaje sobre los descartados y las periferias.
Una pobreza que le hace ver como positivo que a pesar de todo eso que no tienen, «viven una alegría enorme y una esperanza». Un vivir con esperanza que lleva al pueblo del Chaco argentino a querer a los sacerdotes, «te aceptan, te abren todas las puertas», y «están deseando que vayas a sus casas», que muchas veces tienen condiciones muy precarias.
Olvidarse de lo que tenía
Su ser misionero es algo que forma parte de su vocación, que se hizo presente en su vida a través del sufrimiento humano. El momento concreto fue en la guerra de Ruanda, en 1994, entre los hutus y los tutsis. «Ahí nace mi vocación sacerdotal, mi entrega, mi olvidarme un poquito de lo que yo tenía, de cómo yo vivía, y empezar a pensar en esto que te he comentado antes del Chaco. ¿Por qué tienen que sufrir tanto? ¿Por qué tiene que haber tanta violencia? ¿Por qué tienen tanta pobreza?». Ya siendo sacerdote, una conferencia del obispo de la diócesis de San Roque de Presidencia Roque Sáenz Peña, le llevó a ser misionero en esa Iglesia local.
Una experiencia que le ha hecho ver, ya de vuelta a Madrid, que «nos preocupamos en tener muchos medios, nos preocupamos en tener como mucha organización, tanta programación, tanta reunión». En Argentina, lo que le gustaba era estar con la gente, a lo que dedicaba la mayor parte del día, «estar más pendiente de los demás sin pensar en tantas necesidades que tenemos como materiales, organizativas». Por ello, reafirma la necesidad de «escuchar mucho más a la gente».
Escuchar y estar con la gente
En un Madrid donde se vive un ritmo frenético, con mil grupos y mil reuniones, defiende la necesidad de escuchar y estar con la gente para llevar a Jesucristo. Eso le ha permitido conocer la vida de la gente, cómo han sacado adelante una familia prácticamente sin nada, con mucho sufrimiento. Entrar en la casa de la gente más pobre le ha permitido cambiar su forma de ver las cosas.
«Meterte en el corazón de esa persona», reconoce Ricardo Spuch, por encima de las circunstancias en que vive, ayuda a descubrir «qué amor tenía a Jesucristo, qué esperanza tenía en Jesucristo y que Jesucristo de verdad para esa persona lo era todo». Desde ahí cuestiona: «¿Cuántas personas en Madrid podemos encontrar que Jesucristo lo es todo en los momentos más difíciles?»
La promoción que la Iglesia hace de la misión es algo que valora positivamente, y cita como ejemplo que cada vez se hace posible que más jóvenes tengan experiencias de misión. Pero por encima de lo concreto, insiste en que «hay que dejar también que Dios hable, que Dios llame a cada corazón para que de verdad cada uno pueda descubrir y elegir dónde Dios le quiere».
Algo que se descubre «en la oración, en la escucha del otro, en saber que hay tantos lugares en el mundo en que necesitan un sacerdote». Una necesidad que él ha vivido, pues «he celebrado en algunos lugares misa que hacía siete años que no iba a un sacerdote». Eso «llena el corazón y da un sentido a la vida muy grande».