Las primeras mujeres filipinas que vinieron a trabajar —muchas como internas en las casas— solían juntarse en su día libre en la Plaza de España. Eran los 80. Allí charlaban de sus cosas, entre ellas el deseo de poder asistir los domingos a una Misa en inglés ante el desconocimiento del español. Veían que era la forma de mantener su fe y su religiosidad, muy arraigada en su país y con Eucaristías con mucho canto y colorido, muy distintas a como se vivía entonces en nuestro país.
El boca a boca llevó a unos primeros domingos que se reunían en la parroquia Santa Elena, donde podían utilizar uno de los salones para las Misas. Los claretianos Alfonso Mateo y Pedro Sarmiento acompañaron en estos pasos iniciales al grupo pionero, «dos o tres monjas y dos o tres de nosotras», cuenta Menci Molina. «Éramos nosotras las que buscábamos a los sacerdotes» para las Misas, filipinos en Madrid o que hubieran estado de misión allí.
Coincidió por aquel entonces que la diócesis de Madrid se trajo de vuelta de Paría a Antonio Martínez, al que encomendó una pastoral para migrantes. «Él insistía en que no quería crear una Iglesia para filipinos, porque si no se convertiría en un gueto», y por eso la capellanía filipina ha tenido siempre un sentido diocesano grande.

Se quiso encargar el acompañamiento espiritual a congregaciones que tuvieran misión en Filipinas, y así es como se decidió que los Misioneros del Verbo Divino se hicieran cargo de la capellanía filipina, que se consolidó con la firma de un acuerdo con la diócesis en 1986 y que adoptó el nombre de Tahanan, que en filipino significa «hogar».
Después de haber pasado por varios emplazamientos, 1996 se instalan definitivamente en la parroquia Nuestra Señora del Espino, encomendada a los claretianos. Así, se cumplen este 2026 los 40 años de la constitución de su capellanía, y los 30 en Nuestra Señora del Espino.

Movimiento espontáneo y de laicos
«Desde el principio fue un movimiento laico, espontáneo, basado en la fe, al que la diócesis escuchó y que encontró un eco en la Iglesia», subraya Menci. «Nacimos hace 40 años y pervive hoy». Y tiene claro el porqué: «Basó su existencia en la Misa dominical y en la fe». Aunque esto no significa que descuiden el acompañamiento y la atención a la comunidad filipina. Sobre todo, con clases de español, «el idioma es el instrumento para poder mejorar las condiciones».
La capellanía ha ido creciendo y actualmente cuenta con una pequeña estructura y cinco ministerios: liturgia, formación, intendencia, ayuda y jóvenes. Con estos últimos hay una labor especial, «van a ir a la Javierada y ya se están preparando para la JMJ de Corea», aunque lo más importante, explica Menci sigue siendo «la formación en la fe, la Eucaristía, los sacramentos…». Bodas hay menos porque ahora los que se casan lo van haciendo en sus parroquias, y las Primeras Comuniones, igual: «Animamos a que lo hagan en su parroquia o en su colegio».
Desde la pandemia se mantienen dos Misas dominicales, a cada una de las cuales acuden entre 500 y 600 personas. Y cada domingo son en un idioma: tagalo, inglés y castellano. La mayoría de los que acuden son mujeres y jóvenes, un grupo importante, muchos ya nacidos en España.

Cristo, el corazón de Tahanan
El padre Gerónimo John E. Paat —padre Gerry—, misionero del Verbo Divino, es el capellán actual. «Escucha mucho a las personas», destaca de él Menci. En este aniversario, el sacerdote explica: «No hay duda de que la Capellanía Filipina – Tahanan Madrid sigue firmemente comprometida a continuar la misión de Dios confiada a esta comunidad vibrante y llena de fe». Durante cuatro décadas, dice, «Tahanan ha sido un hogar espiritual, un santuario de pertenencia y un testimonio vivo del amor perdurable de Dios entre los filipinos en Madrid. Ese mismo Espíritu que guio sus inicios continúa guiándolo hacia el futuro».
Un futuro con tres palabras: capellanía acogedora, de lo que ha hecho gala en estos 40 años, en honor a su nombre; sinodal, caminando en comunidad, junto a la archidiócesis y a la parroquia; y cristocéntrica. «Cristo siempre ha sido el corazón de Tahanan, la fuente de su vida y misión».

«Una riqueza para la parroquia»
«Estos 30 años han sido una riqueza para la parroquia». El padre Jorge Domínguez, claretiano, párroco de Nuestra Señora del Espino, destaca cómo la comunidad filipina se ha ido integrando en la parroquia —ahora unidad pastoral junto con Nuestra Señora de Madrid— en estos 30 años de caminar juntos. «A veces hay en el barrio una sana envidia por ver su compromiso». Son un testimonio de fe y de religiosidad que se convierten en un regalo; «los domingos por la tarde está todo “patas arriba”, todos los locales llenos, pero no importa porque hay vida».
El párroco es sincero: «No sé si estamos en salida [como Iglesia] pero, por lo menos, que tengamos las puertas abiertas». Hablando en primera persona, «para mí es un regalo poderles acompañar», y además valora el que no pierdan sus raíces culturales, religiosas, «su referencia».
Uno de sus grandes hitos fue la audiencia privada con el Papa Francisco en 2024, que reunió en Roma a las capellanías no solo de Madrid, sino también del resto de España. Todavía a día de hoy «no nos lo creemos», señala Menci. «Fuimos 60, un regalo y un testimonio de estar todos juntos por primera vez». El padre Jorge añade que fue «un acontecimiento muy bonito, de sentirnos Iglesia también».

Los actos del aniversario
Nuestra Señora del Espino celebró este pasado domingo 22 de febrero los 30 años de la llegada a la parroquia de la capellanía filipina con una Eucaristía en la que, además del párroco y del capellán filipino, estuvo presente el vicario de la Vicaría VIII, padre Ángel Camino, OSA.
Además de esta celebración, el aniversario ha incluido otras y programa nuevas para los próximos meses.
El 1 de enero arrancó el aniversario con la celebración de una Misa, en la que estuvo el provincial del Verbo Divino que firmó la carta de constitución de la capellanía. El tercer domingo de enero se celebró la fiesta del Santo Niño, una advocación puramente filipina que está extendida por todo del mundo de la mano de los migrantes. En Madrid, desde hace varios años se organiza en la catedral de la Almudena. Este año fue presidida por el obispo auxiliar Juan Antonio Martínez Camino.

La imagen del Santo Niño fue un regalo de Magallanes a la reina de Cebú con motivo de su Bautismo, con el nombre de Juana, en 1521. Desde el principio, la talla fue venerada por los nativos, con lo que se convirtió en un «símbolo del comienza de nuestra fe católica», destaca Menci. Actualmente se venera en Cebú, aunque en todas las casas filipinas hay una copia de este Santo Niño al que se le tiene una devoción única.
La siguiente cita será el 1 de marzo, domingo, a las 15:30 horas, en la Eucaristía que el cardenal Luis Antonio Tagle presidirá en la parroquia San Antonio de Padua (Bravo Murillo, 150). «Llevábamos mucho tiempo hablándole de la comunidad filipina y pidiéndole que viniera», explica Menci. «Estará ya todo el día con nosotros».
Y en el mes de septiembre, coincidiendo con la fiesta de san Lorenzo Ruiz, primer santo filipino, tienen planeado organizar un Family Day. La jornada empezará con la Eucaristía y luego habrá un pequeño programa que incluirá un tributo a los primeros integrantes de la capellanía, seguido de una comida. Se concluirá con juegos tradicionales filipinos. «Un día para compartir abuelos, hijos y nietos, porque los primeros que empezaron ya tienen nietos».
