La lluvia que cayó durante diversos momentos a lo largo del día en la capital no impidió que los madrileños aclamen a la Paloma, «la Virgen más popular», como dice su himno. La fiesta de la Virgen más castiza, que junto con San Cayetano y San Lorenzo congregan a miles de devotos en las calles del centro de Madrid durante la primera quincena de agosto.
El cariño de los madrileños
La amenaza de lluvia, que acortó el recorrido, no menguó las expresiones de cariño del pueblo de Madrid hacia la Virgen de la Paloma. Con la presencia de la comitiva municipal, encabezada por el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, y las hermandades y cofradía de Madrid, la procesión hizo un camino de ida y vuelta desde la Iglesia de la Paloma hasta la Puerta de Toledo.

Fue allí donde la Virgen recibió los homenajes de los chulapos y chulapas, que bailaron ante su imagen, y del Cuerpo de Bomberos de la capital, que no midieron esfuerzos para honrar a su patrona. Ellos tienen un protagonismo especial en esta fiesta. Siguiendo una tradición iniciada en 1923, descuelgan el cuadro al final de la Misa Mayor para que sea venerado por los madrileños.
Al inicio de la procesión son los bomberos quienes cargan a hombros el pesado cuadro para colocarlo en la carroza que pasea la imagen por las calles del centro de Madrid. Una carroza monumental adornada por más de tres mil flores naturales, que cuenta en su parte posterior con una representación de la escena en la que aparecen Isabel Tintero y los niños en el momento en que el cuadro con una imagen de la Virgen de los Dolores fue encontrado.
Los bomberos de Madrid honran a su patrona
En la Puerta de Toledo, los bomberos realizaron diversos ejercicios en honra a La Paloma y desplegaron un cartel gigante que decía: ¡Viva la Virgen de la Paloma!, uno de los gritos más escuchados a lo largo del día. Todo ello contemplado por millares de personas que abarrotaban la plaza.

A la vuelta de la imagen a la Iglesia de la Paloma, su párroco, Gabriel Benedicto, que presidió la procesión, pedía «a la Virgen María, que tiene las manos entrecruzadas, que interceda por nosotros, que experimentemos que ella siempre está cerca cuando nos sentimos solos, cuando pasamos momentos de oscuridad y necesidad». Junto con ello, le decía a la Madre, «que tú no nos concedas nunca dudar de tu amor y que cuando vengan las curvas siempre digamos como tú, hágase en mí según tu palabra».
Unas palabras que finalizaba pidiendo un aplauso para los bomberos. Han sido ellos quienes han devuelto al lugar que ocupa durante todo el año a su patrona. Un momento protagonizado por Félix Alonso, que lo había descolgado después de la Misa Mayor, presidida por el arzobispo de Madrid, cardenal José Cobo, que radiante de felicidad realizaba este acto tan importante para el Cuerpo de Bomberos de Madrid. Sin duda, la mejor forma de encerrar su servicio al pueblo de Madrid, pues se jubilará en menos de un mes.