El 4 de septiembre de 1987, un devastador incendio en los Almacenes Arias de la calle Montera se llevaba por delante la vida de diez bomberos, sepultados mientras realizaban tareas de enfriamiento. Al siniestro habían acudido un centenar de efectivos del Cuerpo de Bomberos, entre ellos un joven Félix Alfonso Alonso Yllana, que se había incorporado al servicio tan solo dos años antes.
Desde entonces, Félix ha prestado su auxilio en «muchos de los atentados que sufrimos en aquellos años de ETA», en los «atentados de los trenes en Madrid del 11-M en 2004», en el accidente del Spanair de Barajas en 2008 o en la DANA de Valencia de 2024, «donde fallecieron también 229 personas». «Habría muchos más siniestros destacados, pero estos son los que nos dejaron marcados a todos cuando ocurrieron, y que siempre estarán en nuestras mentes», cuenta.
No se olvida Félix de su intervención en la explosión en La Paloma, en enero de 2021, en la que murieron cuatro personas —uno de los sacerdotes, un feligrés y dos viandantes—, «que nos tocó muy cerca a todos, pero en especial a los que tenemos arraigo con la Virgen de la Paloma».

La devoción, a través de un compañero
Efectivamente, Félix está ligado de un modo especial a esta Virgen tan castiza, y más lo estará ahora, puesto que es el bombero encargado de bajar el cuadro el día 15 de agosto para la veneración popular del pueblo de Madrid a la Paloma.
Será el colofón a una trayectoria profesional —los últimos 24 años como sargento conductor— que le ha llevado al Parque 1 de Santa Engracia, al Parque 6, detrás de la Plaza Mayor, al Parque 10-Logística en San Norberto, y, los últimos 15 años, en el Parque 2 de Alcalá, junto a Manuel Becerra.
A Félix le pegó la devoción a la Paloma un compañero de sus primeros años de servicio, Pablo Catalina, se acuerda perfectamente del nombre. Madrileño, hijo de madrileño, Félix conocía a la Virgen, aunque nunca ha sido muy dado «a las festividades». Pero su compañero «me invitó, y empecé con las maniobras de la procesión» (imagen inferior, uno de los años en Puerta de Toledo).

La Bajada del Cuadro
Estando ya en el Cuerpo, se casó con Teresa y tuvo a su niña, Ana, que era «la más chiquitilla» de las que pululaba el día de la Virgen.
—Papá, ¿cuándo vas a bajar el cuadro?
—Ya llegará el momento.
Y el momento llegó hace poco más de un año, cuando Félix les dijo a su mujer y a su hija que estaba pensando en jubilarse. «Pero tienes una deuda pendiente conmigo», le recordó Ana. Así que Félix habló con Felipe García Berzosa, compañero y presidente de la Hermandad Virgen de la Paloma - Bomberos de Madrid, y este le emplazó a la Bajada del Cuadro de 2026, que realizará aún en activo pero a pocos días de su jubilación, el 2 de septiembre.
«Va a ser mi colofón a toda una vida profesional y a la relación con la Virgen de la Paloma». Y, junto a ello, «hay otra circunstancia para mí muy significada», explica, porque será como un «relevo generacional en la familia». Justo cuando estuvo el Papa León XIV en Madrid, su hija fue llamada para incorporarse como técnico sanitario en SAMUR-Protección Civil —ya llevaba siete años como voluntaria—. «Yo dejo las emergencias de Madrid y mi hija las continúa», no en el mismo servicio, pero sí en el ámbito.

Por eso, Ana ha solicitado poder estar uniformada ese día, para «visualizar esa transición», ese «darnos el testigo sirviendo a Madrid como he hecho yo y como va a hacer mi hija» en las emergencias.
Bajar el cuadro «es un honor; es muy grande para nosotros». Él, que tantos años ha participado en las maniobras, asegura que «no es lo mismo estar allí que ser tú el que lo baja». «Trataré de estar tranquilo», y eso que, por su profesión, está acostumbrado a afrontar las cosas de una manera más serena, y en equipo (imagen inferior, con sus compañeros en 2021). Pero la bajada de la Virgen es otra cosa, porque «ese día eres tú», y aunque han hecho ensayos, la presión en cierta manera está ahí.

Además, la operación tiene cierta complejidad: el cuadro está situado a unos 7 metros de altura y pesa, con toda la decoración, unos 100 kilos.
Su familia, presente durante la subida
Puesto que Félix será el encargado de entregar a la Virgen al pueblo de Madrid, le pedirá que «le vaya a todo el mundo bien; contamos con que la Virgen nos ayude a ir flanqueando las situaciones complicadas de la vida y que siempre esté pendiente de nuestro trabajo».

Cuando Félix vaya subiendo los peldaños hacia la Virgen se acordará de su mujer y de su hija, también de su hermano, «que son mis pilares». Su madre estará igualmente en su corazón. Ahora está enferma, pero «puedo seguir dándole un beso y un abrazo» (imagen superior, con ella en una de las visitas a los niños del Hospital San Rafael). Atenderla después de un ictus es lo que ha mantenido a Félix más alejado en los últimos años de la Paloma. Por eso, el de este 2026 será un año muy especial.
También tendrá un recuerdo especial de su padre, de nombre como él, también bombero, que falleció a los 55 años (imagen inferior) cuando Félix llevaba tan solo cuatro meses en el servicio. «Soy hijo del Cuerpo, aunque no tuve la posibilidad de disfrutar con él de la vida profesional».

La relación de los bomberos con la Paloma
La Virgen de la Paloma es considerada patrona del Cuerpo de Bomberos del Ayuntamiento de Madrid desde el siglo XVIII. El 16 de agosto de 1790 un gran incendio se desató en la Plaza Mayor, manteniéndose activo durante nueve días. Alguien fue corriendo a por el lienzo de la Virgen de la Paloma, que se veneraba en casa de Isabel Tintero desde hacía tan solo tres años, pero que ya había suscitado una grandísima devoción popular, y lo llevó al lugar del siniestro. Según la leyenda, aparecer la imagen de la Virgen y sofocarse las llamas fue todo uno.
La tradición de bajar el cuadro viene de antes de la guerra civil, cuando los vecinos pidieron ayuda al Parque de Puerta de Toledo para que les descolgaran el cuadro de la Virgen y sacarlo en procesión. En la guerra se quemó la carroza que se usaba, así que durante unos años, hasta que hubo dinero para construir una nueva, se sacó a la Virgen en un coche de bomberos.
La carroza actual, de 1960, se restauró por primera vez y de manera integral en 2025 en de los talleres Tasio. Así, en la procesión del año pasado la Virgen salió en una estructura en la que priman los azules, el color mariano, para mármoles, y los dorados. Además, se renovaron todas las estructuras de madera, la instalación eléctrica, los farolillos, los terciopelos y la pasamanería.
(Imagen inferior, el padre de Félix junto a sus compañeros en 1956, en el Parque 1).

