08 de Agosto de 2017

Gabriel Benedicto: «La Virgen de la Paloma toca la soledad y el sufrimiento del pueblo de Madrid»

La parroquia Virgen de La Paloma y San Pedro el Real (c/La Paloma, 1 y c/Toledo, 98) celebra el martes 15 de agosto la solemnidad de la Asunción de Nuestra Señora. Después del programa de actos que ha elaborado la Congregación Virgen de la Paloma y que está celebrando desde el 6 de agosto, la iglesia dedicada a una de las advocaciones más queridas de la ciudad conmemora la festividad litúrgica de la Virgen de la Paloma.

El párroco, Gabriel Benedicto, nos abre de par en par las puertas de la iglesia que custodia para revelarnos dónde se esconde el secreto que revela la devoción que sienten los madrileños a la patrona de los bomberos. «Es un día muy importante para todos –reconoce Benedicto– y, de manera especial, para los bomberos»; ellos «siempre han sido muy devotos de la Virgen» y «han acompañado en la procesión a la Paloma, incluso cuando no tenía carroza y la llevaban en un coche de bomberos».

En la enfermedad, el matrimonio, la juventud

Con la alegría de quien se sabe bendecido por un compromiso que da sentido a su sacerdocio, habla de su titular como quien habla realmente de su propia madre: «La Virgen de la Paloma es la Virgen de la Soledad de la calle Paloma» y, por ello, «toca la soledad y el sufrimiento de las personas». Una promesa tan delicada e importante a día de hoy, reconoce, cuando «todo el mundo pasa por momentos de soledad en la enfermedad, en el matrimonio, durante la juventud, etc.,» y, en esos instantes, «se sienten muy amparados por la Virgen».

Gabriel, a medida que describe cada uno de los detalles de la parroquia, mira de reojo a la Paloma, que no deja de recoger, amparar y cuidar los sufrimientos de todos los que acuden a su encuentro. Y hablando de ese amor que no duerme ni reposa, asevera que «todos necesitamos sentir, como Ella cuando perdió a su Hijo, que alguien está con nosotros».

El encuentro con una Madre

Después de exhibir las coronas, la tiara papal y las llaves que están, a un lado y a otro de esta iglesia del siglo XIII, invita al pueblo de Madrid a hacer la experiencia de «cruzar una delgada línea», que es la que separa la calle de La Paloma y la entrada del templo: «Pasar de la fiesta al corazón de la fiesta». Así, en ese día, concluye D. Gabriel, «encontrarán paz, silencio y, sobre todo, a una Madre».

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