A Angye siempre le ha gustado «todo lo que es la decoración y los eventos», por eso cuando Javier Sánchez-Cervera, párroco de San Sebastián Mártir, en San Sebastián de los Reyes, pidió ayuda para la primera Macroboda, en 2024, ella no lo dudó.
La propuesta fueron los ramos de las novias. De eso, justo, no sabía nada, pero sí tiene el gusto por la armonía y la escala de los colores y, además, se empapó de tutoriales para saber cómo se arma el ramo, qué tipo de flor se puede usar…

Con eso, hizo una propuesta a Sanseflor, donde se encargan las flores para la iglesia, y es de agradecer, reconoce, las facilidades que le dieron. Les llevaron las flores a la parroquia, les dejan los cubos para mantenerlas en agua… Hasta les prestaron el arco que adornan al comienzo del pasillo central de la iglesia. «Te estás ganando no sé cuántas avemarías», le decía al dueño.
Aquel primer año fue todo «prueba-error». Angye tiró de voluntarias para, los días previos, empezar a prepararlo todo. No solo fueron los ramos de las novias; también los adornos de los bancos y el detalle del ojal para los novios. El resultado fue fabuloso. Cómo no, si cada momento de trabajo estaba ofrecido a la Virgen. «Siempre empezábamos rezando».

Segunda macroboda
«El año pasado fue todo más rodado». En esta ocasión, el equipo de voluntarias lo formaron fundamentalmente catequistas de la parroquia (la propia Angye lo es) y madres de niños de catequesis.
Y aquí Angye nos cuenta una de las historias que surgen de las macrobodas. La de una voluntaria que ya había colaborado en la primera, que a raíz de eso se integró en los grupos Alpha de la parroquia con un proceso de conversión fuerte, y que el año pasado, una semana después de la segunda macroboda, celebró la suya propia.
«Son muchos los frutos de la macroboda, de muchas personas que se acercan a la Iglesia; uno pone su granito de arena y el impacto no sabemos a dónde va a llegar».

Ramo para Dios
A las voluntarias, Angye les recuerda que lo suyo «no es un ramo que vamos a hacer por caridad; esto es algo importante». «Es un ramo para una novia, lo vamos a hacer para darle gloria a Dios». Como resume ella misma su experiencia: «Puedes hacerlo, puedes hacerlo bonito y puedes hacerlo con amor».
Angye entiende perfectamente la macroboda. Ella misma se casó con vestido prestado, zapatos prestados, «una chica del coro me maquilló», la comida del banquete la preparó ella… Y el ramo se lo hizo ella misma en media hora con flores que compró ese mismo día. «¿Por qué es todo tan caro si lo puede hacer uno solo?», se preguntaba. Nada era un impedimento para casarse, que es la filosofía de la macroboda, que no hay nada que impida meter a Dios en una relación de amor con el sacramento de matrimonio.
Otra historia preciosa que nos cuenta Angye de los ramos de novia: en la primera boda, uno de los novios era viudo. Después de casarse, la ya esposa quiso llevar el ramo a la tumba de la primera mujer de su marido. Y allí lo dejaron. Cuando volvieron al cabo del tiempo, se había secado «pero seguía estando precioso». Y un apunte más. Otra novia lo metió en una bolsa de plástico para preservarlo. Cuando la abrió, tiempo después para una fiesta de la Virgen Milagrosa, aún mantenía el olor. «Es un trabajo que hacemos con mucho amor».

Cambio de escala de tonos
La semana que viene, a partir del miércoles que les entregan las flores, Angye y su equipo estarán ya a pleno rendimiento para esta nueva Macroboda. Las voluntarias, o se han pedido vacaciones para la ocasión, o las acortan para poder echar una mano.
Este año habrá una novedad: se cambian los tonos de los ramos. De los rosas se pasa a los amarillos, naranjas y blancos porque se coordinan con los arreglos florales de la iglesia y del Cristo con ocasión de la fiesta del Santísimo Cristo de los Remedios, que se celebra el día anterior a la macroboda.
Todo, «para que quede muy bello; va a ser precioso».

