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Viernes, 31 julio 2026 22:11

Cardenal José Cobo: «Ignacio nos enseña que las decisiones que cambian una vida no se improvisan»

Cardenal José Cobo: «Ignacio nos enseña que las decisiones que cambian una vida no se improvisan»

La familia ignaciana se ha reunido este 31 de julio en la parroquia San Francisco de Borja de Madrid para celebrar la fiesta de su fundador. La eucaristía presidida por el arzobispo de Madrid, cardenal José Cobo, fue una oportunidad para recordar el ejemplo de vida de un peregrino apasionado de Dios.

Descubrir la vida como una vocación

En su homilía, marcada por los conceptos fundamentales de la espiritualidad de Ignacio de Loyola, el arzobispo, después de saludar a los participantes de la celebración, agradeció el trabajo de los jesuitas en la Iglesia de Madrid, «ayudando a mucha gente a descubrir su vida como una vocación y como una respuesta a la llamada del Señor para seguirle», recordando las palabras del Evangelio.

Fiesta San Ignacio

Como recordó el cardenal Cobo, «Jesús invita a detenerse, a discernir y a elegir», a cargar su cruz para ser discípulo. En esa perspectiva, subrayó que «San Ignacio comprendió muy pronto que seguir a Cristo no consistía sólo en prácticas religiosas, en añadir hacer cosas a la vida, sino en dejar que toda la vida entera quedara orientada por el seguimiento a Jesús».

El presidente de la celebración destacó la importancia de la Eucaristía en la vida de cada comunidad cristiana y en la vida de San Ignacio, como se ve en su imagen en la Iglesia de Gesù, en Roma, donde está revestido para celebrar la Eucaristía. Una Eucaristía que es «nuestro punto de encuentro, nuestra fuente y nuestro alimento». Desde esa imagen, el arzobispo enfatizó que «la Eucaristía, cuando se celebra, nunca termina en sí misma, siempre conduce al servicio y al envío misionero». Algo que lleva a entender que «toda misión que no nace de la Eucaristía acaba siendo sólo actividad y toda Eucaristía que no termina en misión se queda siempre incompleta».

Comunión que supera la diversidad

La Eucaristía, en palabras del cardenal Cobo, nos congrega «en una comunión que supera la diversidad y nuestras diferencias. En ella aprendemos a acogerlas en verdad mediante el amor fraterno». A partir de la Eucaristía, hizo ver que «no es posible una comunión con Dios sin que haya una comunión con la fragilidad y, en concreto, con los hermanos más frágiles». De hecho, en Ignacio de Loyola, la Eucaristía es «un ambiente privilegiado para algo fundamental en su espiritualidad, el discernimiento», recordó.

Un discernimiento que llevaba a cabo «para estar más disponible a Dios», y que León XIV en su reciente visita mostró que es elemento que nos enseña que «en las pruebas y en los fracasos es posible replantearse todo», como sucedió con Igmacio de Loyola. Le llevó «a una conversión fundamental, a un replanteamiento total de lo que habían sido sus grandes ideales». Como recordó el cardenal, «en un ejercicio de discernimiento, escuchando y examinando las consolaciones y las desolaciones de su corazón, es decir, la voz del Espíritu, prefirió la paz a las armas, los santos a los poderosos. Cambió la ambición de la gloria vana del mundo por la búsqueda en todo de la mayor gloria de Dios».

Fiesta de San Ignacio

«Ignacio eligió seguir a Jesús pobre y humillado, se dejó seducir por quien era más fuerte que su afán de honores, cargó con su cruz y se hizo discípulo de un maestro a quien hay que seguir dejándolo todo para ser enviado en misión», subrayó el arzobispo de Madrid. Ignacio, recordó el cardenal Cobo, «contemplaba y vio a Jesús recorriendo caminos, pasando de aldea en aldea, a la escucha y la acogida de todos los que se acercan, hombres y mujeres, fariseos y publicanos, sanos y enfermos, leprosos y ciegos». Así seguía a Jesús, «un misionero que va al encuentro de la gente para ayudarles a descubrir el amor de su Padre y el amor de un mandamiento nuevo».

Aprender a escuchar

Desde el Espíritu Santo, de quien San Ignacio hablaba poco, señaló el arzobispo, «aprende a escuchar lo que sucede en su corazón y a distinguir las nociones interiores para buscar una y otra vez lo que el Señor desea de él». Un ejemplo que «nos ayuda a discernir y a disponernos a esa docilidad al Espíritu, a fin de que no nos encerremos en el pasado, en la rigidez de lo que ya conocemos, por miedo a mirar de frente a la realidad cambiante de nuestro mundo y a ponernos delante de las novedades que el Espíritu nos está pidiendo ahora mismo».

Según el cardenal, «el discernimiento ignaciano nace de saber detenerse para escuchar la voluntad de Dios sobre nosotros y sobre nuestras comunidades y sobre nuestra Iglesia». Frente a una cultura que nos empuja a reaccionar inmediatamente, «Ignacio nos enseña que las decisiones que cambian una vida no se improvisan, se oran, se discierne y se confirma el tiempo dedicado al discernimiento», que necesita tiempo para evitar construir sobre arena y edificar sobre la voluntad de Dios.

Un discernimiento que es fundamento de la sinodalidad, recordó el cardenal Cobo, y que «nos ayuda a comprender y a discernir las preguntas que tienen los jóvenes, a crear comunidades nuevas donde la escucha de la Palabra sea lo fundamental, a reconocer la voz de Dios que habla entre nuestra gente, que habla entre nosotros. A impulsarnos a la comunión y a estar juntos en la misión que Dios tiene para nosotros».

Cardenal Cobo en la fiesta de San Ignacio

Discernir la voluntad de Dios

El arzobispo dijo ver la fiesta de San Ignacio como oportunidad para «discernir la voluntad de Dios sobre nosotros». Se trata de «discernir para buscar lo que el Espíritu quiere obrar en esta parroquia, lo que el Espíritu quiere obrar en su iglesia, lo que el Espíritu quiere obrar en cada uno de nosotros, como una práctica habitual de la fe». Una actitud que ha puesto de manifiesto el Sínodo, que lleva a ver que «todos los fieles cristianos, por la unción del bautismo, podemos y debemos participar en el discernimiento eclesial».

En esa perspectiva, llamó a formar a los fieles para difundir y alimentar esta cultura y esta espiritualidad del discernimiento eclesial para la misión, y agradeció a los jesuitas por realizar esa tarea en la Iglesia de Madrid. Una dinámica que se realiza «porque confiamos en que el Señor nos va mostrando el camino y el modo de ir respondiendo a tantas cosas que se nos aparecen por delante». Algo que se lleva a cabo si entendemos que «la misión es para todos y es única».

Por ello, «celebrar hoy la fiesta de San Ignacio y hacerlo así en la Eucaristía será una oportunidad para que, de manos de San Ignacio, podamos abrirnos al Espíritu, para que, a través de la participación de todos como miembros de un solo pueblo de Dios, vayamos descubriendo por dónde nos quiere llevar el Señor y dónde nos está esperando el Señor», concluyó.

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