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Martes, 04 junio 2019 08:01

Cardenal Osoro, en el Día del Misionero Diocesano: «Nadie puede anunciar el Evangelio si no tiene el cimiento firme de Jesucristo»

«La tristeza, el derrotismo y la amargura se oponen a la esperanza cristiana» porque «en el mensaje de Jesús está siempre presente la alegría de unos hombres que han descubierto su verdad en la de Cristo». Con estas palabras, el cardenal arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, arrrancaba el pasado domingo, 2 de junio, la celebración del Día del Misionero Diocesano en la catedral de Santa María la Real de la Almudena..

En esta jornada, en la que se se recordó a los 597 misioneros diocesanos repartidos por los cinco continentes, el purpurado realizó el envío de aquellos que inician ahora su misión poniendo el foco en que «en la Eucaristía no estamos haciendo una comedia, estamos viviendo y experimentando lo que Jesús hizo hasta que ascendió». Jesús «no es un muerto que está aquí», advirtió, «es alguien que vive, nos ama, nos quiere, nos abraza, nos ha dado su vida y quiere que la mostremos al mundo». «Nadie puede anunciar el Evangelio si no tiene el cimiento firme y seguro que es plantar la vida en Jesucristo», aseveró.

Con la mirada fija en los enviados, el purpurado destacó que «el Señor nos propone que hagamos un camino: el camino de Él, quien dio la vida». En este sentido, «caminemos por los caminos del mundo con la grandeza de su poder». La Iglesia, recordó, «somos su cuerpo y Él es la cabeza». Y abrazados a esta certeza, «le pedimos que entendamos la misión a la que nos llama: salid y, mostrando al Señor, curad las heridas que hoy también tienen los hombres». Heridas, dijo, que «necesitan de hombres y mujeres que entren por los caminos y den la vida del Señor».

«Un cristiano no puede permitir que haya sobrantes»

«Y nos dice que seamos testigos en la misión, y anunciemos a todos los hombres la verdad». Una labor que, necesariamente, implica que «no podemos separar el ser discípulo del ser misionero», pues «quien ha dejado entrar en su existencia a Jesucristo, sale a la búsqueda de los hombres».

Poniendo el foco en los preferidos del Padre, aseveró que «un cristiano no puede permitir, si acepta ser discípulo misionero, que haya sobrantes». Todos «somos necesarios», insistió, «a todos viene a curar el Señor y a todos nos ha hecho hijos de Dios y hermanos».

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