«Recuerdo los lloros que tuvo Pedro cuando le dije que íbamos a ver a su madre, que era prostituta en Santander. Él no quería saber nada de ella, pero le dije que su abrazo le iba a hacer reaccionar de otra manera. Y así sucedió». Con esta confesión en voz alta, el cardenal arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, inauguró el pasado viernes, 29 de marzo, el acto de presentación del documento Orientaciones pastorales sobre la trata de personas y de la exposición fotográfica Punto y seguimos. La vida puede más en la sede de Alfa y Omega.
«Aquella tarde noche fuimos Pedro y yo al barrio donde había más prostitución, entramos al bar y la madre estaba en la barra hablando con un señor. Entonces ella vio a su hijo… Pedro no quería, y yo le dije que tenía que abrazarla. Lloraron mucho. Aquel fue un paso impresionante de recomposición de esta mujer», contó el prelado, ante un auditorio que escuchaba al pastor de la Iglesia madrileña con un nudo en la garganta. A veces, «cuando se hace experimentar al otro que le quieres en lo que está viviendo, que no le pones condiciones y que estás dispuesto a seguir queriéndole porque sabes que ese amor es curativo, sale adelante».
«Aparecí en un club para sacar a una chica de allí»
El documento Orientaciones pastorales sobre la trata de personas, elaborado por la Sección Migrantes y Refugiados del Vaticano con el objetivo de «proporcionar una clave de lectura de la trata y una comprensión que motive y apoye la tan necesaria lucha a largo plazo», es, en palabras del cardenal y por todo lo que significa, «esencial y fundamental».
«En Orense, una noche, me encontré en la calle con una chica que tenía dos hijos y ejercía la prostitución; le pregunté cuánto iba a ganar esa noche y se le pagué yo. Hablamos a la mañana siguiente, le encontramos un trabajo y le acompañaron las oblatas de Cristo Sacerdote. Aquella mujer rehízo su vida». Y aferrado a ese dolor que no olvida, también contó cómo, estando en Verín, apareció en un club –«con sotana y gorro»– para conseguir el pasaporte de una chica que le pidió ayuda para volver a su país. «Deme su pasaporte, que se viene conmigo hoy, le dije al responsable». Tras conseguirlo, «le atendieron las hermanitas» y, a raíz de eso, «ella pudo salir adelante».
A través de estas tres experiencias concretas, el prelado subrayó que le motivan «para dar gracias a Dios por estas orientaciones que el Papa Francisco ha aprobado». Este documento «es el resultado de muchas organizaciones, congregaciones religiosas y conferencias episcopales para poder comprender esta realidad que cada día es más abundante, más disimulada y más aceptada». Es un documento, continuó, que «nos hace reconocer lo que hay y nos da unas ideas para prevenir, ayudar a pensar y ver cómo erradicar y crear una cultura en la que se erradique la esclavitud»; porque, al fin y al cabo, «es una esclavitud moderna y muy seria».

«Negocios que se nutren de esclavos»
El tema de la trata de personas «hay que abordarlo desde las causas». En este sentido, puso el foco en la «causa fundamental», que es «el egoísmo en el que vivimos las personas en estos momentos», pues «esta cultura egoísta que estamos haciendo busca el vivir mejor a costa de lo que sea, no tenemos la mirada hacia la persona que, en concreto, los cristianos tenemos que aportar a este mundo».
De esta manera, el purpurado incidió en la necesidad de terminar con los «negocios» que facilitan que este problema exista. «Los negocios que facilitan esto están provocando las víctimas que hay: negocios que se nutren de esclavos».
Y para paliar todo esto, enumeró las posibles respuestas que nosotros damos. «Mi experiencia es que tengo que hacer un canto de alabanza a las personas que he conocido como, por ejemplo, las adoratrices y las oblatas», pues «yo viví lo que hacían, cómo atendían a la gente, el trabajo que realizaban…».
«Liberar es la característica fundamental de ser cristiano»
Finalmente, antes de presentar la exposición fotográfica Punto y seguimos. La vida puede más, que mediante una muestra itinerante de fotografías promovida por el Secretariado de la Comisión Episcopal de Migraciones a través de la Sección de Trata de Personas, desea dar a conocer y visibilizar el problema de la trata de seres humanos, el cardenal animó a los presentes a «escribir, con nuestra propia vida, cómo aplicamos esto en Madrid, en las situaciones que tiene la ciudad, que es distinta a una ciudad pequeña o a un pueblo».
Y en esta misión, donde Jesús ha de estar en el centro, «la Iglesia y las personas que trabajan por vocación, tenemos un trabajo por medio de estas Orientaciones». Un problema «real y serio», destacó, donde debe haber gente de Iglesia «que asuma esta tarea como algo que es muy propio de la Iglesia», pues «liberar es la característica fundamental de ser cristiano».

Un itinerario «para ver y escuchar a las víctimas»
Junto al purpurado madrileño, estuvieron presentes la directora del Departamento de Trata de la Conferencia Episcopal, Marifrán Sánchez, la coordinadora de la Comisión de Trata de Madrid y directora de Proyecto Esperanza, Ana Almarza, y el director del Secretariado de Migraciones de la Conferencia Episcopal Española, José Luis Pinilla, SJ.
Pinilla subrayó que la exposición itinerante de fotografías que se encuentra en el atrio de la catedral, «es un relato en imágenes hecho desde el acercamiento a mujeres y hombres víctimas de trata». Detalle que «ha permitido conjuntamente construir un itinerario para ver y escuchar las imágenes de estas víctimas, haciendolas partícipes y protagonistas». Porque «su voz y sus palabras textuales», incidió el director del Secretariado de Migraciones, «acompañan las fotografías», que son obra del fotógrafo Fernando Mármol Hueso.
Mas de 40 imágenes que desvelan este drama, «brutal realidad de la esclavitud del siglo XXI», como la describe el Papa Franciso. Una mirada «que provoca compasión, y de ahí a la indignación, y de ahí al compromiso, con tal de que miremos a fondo», concluyó Pinilla.
