El clero madrileño prepara su CONVIVIUM. Un nombre que surgió entre los sacerdotes para denominar la asamblea presbiteral, que ha iniciado esta semana sus preasambleas.
1585 curas de la archidiócesis han sido convocados por su arzobispo, el cardenal José Cobo, para preparar este momento, que se presenta como un momento de gran importancia en la vida de la Iglesia local.

Un encuentro que es motivo de alegría
Antes de entrar en análisis más exhaustivos, la primera reflexión que surge ante el CONVIVIUM es que estamos ante un encuentro que es motivo de alegría. Ese ha sido el sentimiento presente entre los sacerdotes ordenados en los últimos 20 años, que han participado en las dos primeras preasambleas. En ellas, se reunirá en las próximas semanas, dividido por décadas de ministerio, el clero madrileño.
El hecho de encontrarse, de que los curas se vean, «ya merece mucho la pena», como ha afirmado en estos días el vicario episcopal para el clero, Juan Carlos Merino. Un sentimiento del que son partícipes la gran mayoría de los presentes en las dos primeras preasambleas. Siempre es una alegría reencontrarse con quienes han sido compañeros en el Seminario. No solo aquellos que se comparte año de ordenación, también los ordenados en años anteriores y posteriores. En algunos casos son muchos los años en que no se veían y el reencuentro ha sido oportunidad para abrazos efusivos y carcajadas desinhibidas.
También el hecho de hacerlo en el Seminario, un lugar que rememora muchas vivencias. Para muchos sacerdotes, la formación recibida en el Seminario, en todas las dimensiones que forman parte del proceso formativo, es motivo de agradecimiento. Recorrer los diversos espacios, la capilla, el comedor, el Aula Magna, las diferentes salas, hace volver a la memoria muchos momentos gratificantes vividos en el pasado.
La alegría de estar juntos
En una archidiócesis como Madrid, las oportunidades de encuentros amplios, en los que se vea gran parte del clero, no es algo común. Por ello, el CONVIVIUM, y el proceso previo que se está llevando a cabo con las preasambleas, son motivo de alegría. Estar juntos, rezar juntos, compartir las alegrías y desafíos del ministerio, escucharse unos a otros, ayuda a ver la vida con un sentimiento que genera comunión. Una dinámica que, en el caso de los sacerdotes, ayuda a ser testigos de la alegría del Evangelio, a un mejor servicio al pueblo de Dios.
La alegría del encuentro será un incentivo para dar los pasos a los que el clero de Madrid ha sido llamado. Desde esa alegría será más fácil descubrir las inquietudes comunes, que aumenten las ganas de hacer mejor las cosas cada día, que escuchando a los otros se descubren elementos que permiten ser mejores pastores. Se están poniendo los mimbres para que Convivium sea un momento para revigorar a quienes son llamados a servir siempre y a todos. Y eso siempre tiene que ser motivo de alegría para todos.
