La parroquia de San Juan de la Cruz acogió este jueves la 13ª sesión del X Ciclo de Conferencias para Evangelizadores, bajo el título «Cuidado pastoral con personas con discapacidad física». La sesión fue muy especial porque reunió testimonios y experiencias que mostraron cómo la Iglesia puede ser un espacio cada vez más inclusivo.
Intervinieron Mariano Fresnillo, periodista - anteriormente responsable de comunicación e imagen de la ONCE - que perdió la vista a los 18 años y que acudió acompañado de su perro guía Timón, e Iñaki Gallego Sanmiguel, párroco de Nuestra Señora del Silencio. También compartió su experiencia Pilar Mahugo, catequista en la parroquia y vinculada desde hace décadas a la pastoral con personas sordas.
«La discapacidad, con apoyos y fe, es una maravilla»
Mariano Fresnillo comenzó su intervención señalando que en el ámbito de la discapacidad visual aún existe «mucho desconocimiento y falta de información», algo que a veces provoca situaciones de exclusión. Aunque considera que la Iglesia es un espacio más cercano, reconoce que ese desconocimiento también está presente en ocasiones. Acompañado de su fantástico perro guía Timón —«un apéndice que me ha salido del brazo», explicó con humor—, relató cómo su vida cambió tras quedarse ciego a los 18 años. «Cuando algo así te sucede siendo tan joven, y además en otra época, todo se vuelve muy difícil», recordó.
Durante aquel proceso, explicó, hubo cuatro pilares fundamentales que le sostuvieron: la familia, los amigos, la ONCE y la fe. «Yo me rebelé contra Dios y contra todo, incluso pensé en el suicidio. Pero con el tiempo empecé un camino para demostrarme a mí mismo y a los demás que se puede ser feliz estando ciego».
Su experiencia en la parroquia fue decisiva para descubrir su vocación y misión. «En un momento de discernimiento entendí que quizá Dios no quería que hiciera lo mismo que todos. Mi misión no era irme a países lejanos como lo hacían mis amigos, era estar aquí, al lado de los demás. Fue una revelación: Dios me llamó dejándome ciego», compartió.
Ese camino le llevó a estudiar periodismo y trabajar en el ámbito de la comunicación, donde descubrió que su forma distinta de mirar la realidad podía ser también un don. «Dios me hizo un regalo: ver las cosas de otra manera», afirmó. Al leer el Evangelio y encontrarse con la figura del ciego Bartimeo, comprendió profundamente su propia historia. «La discapacidad, con apoyos, ayudas y fe, es una maravilla. Es complicada, sí, pero cuando la asumes y la interiorizas, no hay excusas».

Acoger con respeto y sin paternalismo
En la parte más pastoral de su intervención, Fresnillo insistió en la importancia de la normalización y el respeto. «No hay palabras tabúes en nuestro mundo. Lo importante es tratar a la persona con naturalidad», señaló. Uno de los mayores obstáculos, explicó, es el paternalismo. «Lo peor para una persona con discapacidad es la sobreprotección. Lo primero es saber quién tenemos delante y preguntarle cómo podemos ayudar».
Ofreció también algunas pautas sencillas para favorecer la inclusión en las parroquias: mantener espacios ordenados, pasillos despejados y puertas cerradas; explicar a la persona los puntos principales del templo si va a frecuentarlo; o acompañar correctamente cuando lo necesite.
También recordó que, hoy en día, la tecnología facilita mucho la autonomía. «El braille sigue siendo importante, pero muchas personas ciegas utilizamos el móvil adaptado con voz y herramientas digitales que nos permiten participar plenamente». Para concluir, subrayó que la inclusión no solo beneficia a quienes tienen una discapacidad, sino a toda la comunidad. «El mundo de la discapacidad es un mundo que enriquece la vida. Cuando la Iglesia es verdaderamente inclusiva, ganamos todos».

Comprender el lenguaje de los demás
La intervención del sacerdote Iñaki Gallego comenzó con un gesto que sorprendió a los asistentes: dirigió sus primeras palabras en lengua de signos. Después explicó el motivo: «Para que veáis lo que siente una persona sorda cuando entra en un lugar lleno de gente que habla. Se queda igual que vosotros ahora: no comprende nada». El sacerdote subrayó que la evangelización exige hablar el mismo lenguaje que las personas a las que se quiere anunciar el Evangelio. «Lo importante es que todos puedan descubrir que Dios nos ama. Para eso necesitamos adaptarnos a su forma de comunicación».
Por ello, destacó la importancia de la lengua de signos para las personas sordas y sordociegas, que permite que puedan comprender y participar plenamente en la vida de la Iglesia.
En España, explicó, existen 70 diócesis, pero solo 22 cuentan con pastoral específica para personas sordas y sordociegas. «Esto depende muchas veces de que haya sacerdotes disponibles, pero sobre todo de que el obispo tenga un corazón grande», señaló. En su parroquia, Nuestra Señora del Silencio, se desarrollan numerosas iniciativas dirigidas a esta comunidad: catequesis, retiros, grupos de jóvenes, excursiones, coros o participación en actividades diocesanas, mostrando que la inclusión es posible cuando hay voluntad pastoral.

Una vida dedicada al servicio
La sesión concluyó con el precioso testimonio de Pilar Mahugo, catequista que lleva más de cuatro décadas vinculada a la pastoral con personas sordas. Recordó que en su juventud apenas podía comprender la catequesis porque la información no llegaba de forma accesible. Todo cambió cuando conoció la parroquia de Santa María del Silencio, donde descubrió la lengua de signos. «Fue entonces cuando empecé a entender y dar sentido a todo lo que había vivido en la fe con mi familia», explicó.
Tras recibir la confirmación, decidió implicarse activamente en la comunidad, acompañando especialmente a las personas mayores sordas. Durante años organizó encuentros semanales en los que compartían la fe, comentaban las noticias —en una época en la que no existían subtítulos ni intérpretes—, realizaban excursiones y visitaban a los enfermos.
«Era una experiencia maravillosa de comunidad», recordó. Con el tiempo continuó su servicio en distintos ámbitos, como Cáritas o la catequesis infantil, acompañando a personas que a menudo necesitan ayuda también en cuestiones cotidianas.
El silencio que habla a Dios
Como broche final, Mahugo compartió una oración dirigida a la Virgen Santa María del Silencio, especialmente querida por la comunidad sorda.
“Tú que oyes nuestras voces, aunque no hablemos, pues comprendes el movimiento de nuestras manos en lenguaje de nuestros corazones, no te pedimos Señora que nos dé las voces y el oído para nuestros cuerpos, sino que nos concedas entender la palabra de tu hijo y llegar a Él con amor para la salvación de nuestras almas. Queremos amar nuestro silencio para evitar la calumnia, el odio y el pecado y callando dar testimonio de nuestra fe. Queremos ofrecerte el silencio en el que vivimos para que todos te llamemos Madre y seamos verdaderos hermanos, sin odios ni rencores, como hijos tuyos. Te rogamos traduzcas nuestro arrepentimiento ante tu divino Hijo, en la hora de la muerte, para que en la otra vida podamos oír y hablar cantando tu alabanza por toda la eternidad. Amén”.
