Con gozo y alegría celebra la Iglesia este Domingo de Resurrección. La catedral de la Almudena, aún con el ambiente impregnado de Vigilia Pascual, acogía la celebración de la solemne Eucaristía, a las 12:00 horas, con el cirio pascual encendido en lugar preferente en el presbiterio.
«Feliz Pascua», ha saludado el cardenal cobo, arzobispo de Madrid, a los presentes al comienzo de la celebración. «Anoche —ha recordado— atravesamos la oscuridad y celebramos que Jesucristo es la luz y que nos hace nuevos».
El arzobispo de Madrid estaba acompañado por el nuncio apostólico en Gran Bretaña, monseñor Miguel Maury, además de, como durante todas las celebraciones del Triduo Pascual, vicarios episcopales y sacerdotes. Y entre el numerosísimo grupo de fieles congregados en la catedral, muchos de ellos de pie en los pasillos, se encontraban también, como todos estos días precedentes, miembros de la Real Esclavitud de la Almudena.

«Dios nos llama a la vida resucitada»
«Ofrezcan los cristianos ofrendas de alabanza», cantaba el coro la Secuencia de la Pascua. «Resucitó de veras mi amor esperanza», continuaba este himno litúrgico. «Venid a Galilea, que allí el Señor aguarda; allí veréis los suyos la gloria de la Pascua».
Y con este «resucitó de veras mi amor y mi esperanza» ha comenzado el cardenal Cobo su homilía. «Vivimos algo nuevo», ha dicho, y no por un cambio temporal, sino porque es un momento para reconocer que «Dios nos llama a la vida resucitada».

El camino pascual coloca al cristiano ante algo nuevo: «Volver a los esencial, que en definitiva es poner los ojos en Dios» y «dejar que Él reordene nuestra vida». Pero la Pascua, ha remarcado, no saca al hombre del mundo, sino que «nos introduce en el mundo con una mirada nueva».
La Pascua, ha continuado, «ayuda a atravesar los calvarios de nuestro mundo desde la certeza de que la vida ha vencido». Vivimos, ha reconocido el arzobispo de Madrid, en un mundo «desesperanzado, herido, tenso y violento». A veces, es «muy fácil quedarse en el Viernes Santo, en el mero sentimiento, en el calvario, en emotiva religiosidad», y sin embargo la realidad es lo que dice la Pascua: «Dios sigue actuando hoy».

La primavera de Dios
«La Pascua es la primavera de Dios». Y en este punto de su homilía, el cardenal Cobo ha invitado «a abrir los ojos y contemplar los brotes de la Pascua». El primero, «poder renovar cada uno de nosotros la experiencia de nuestro Bautismo».
«Ser cristiano —ha señalado— no es una etiqueta o venir de vez en cuando a Misa; es haber sido alcanzado por una llamada que nos transforma desde dentro». Porque desde el Bautismo «se nos injerta en una Vida que no se agota».

«Somos hijos consagrados» y esta es «nuestra identidad más profunda», ha añadido. Y aquí, el arzobispo de Madrid ha animado a volver a la escucha de la Palabra de Dios. Sin ella, «la fe se enfría, la esperanza se reduce y la caridad se debilita». «No se trata de leer mucho, se trata de dejarnos tocar y permitir que esta Palabra ilumine nuestra vida y nos enseñe a ver la realidad con ojos pascuales», esto es, que no oculta las heridas.
Porque «las llagas del Resucitado no son recuerdo del fracaso, sino medicina para nuestra incredulidad». Y si Él conserva las llagas significa que «el camino hacia Él sigue pasando por las heridas del mundo», de los enfermos, de los pobres, de las víctimas de la violencia.

Renovar las comunidades
El segundo brote pascual al que se ha referido el cardenal Cobo es «dejar que la Pascua renueve nuestras comunidades». Y es que «la Pascua se ve cuando aparece la comunidad». «La Resurrección se hace visible cuando dejamos de ser grupos cerrados y nos convertimos en Iglesia», ha recalcado.
Y el tercer brote «surge cuando nos convertimos en portadores de la paz del Resucitado». De hecho, «la primera palabra de la Pascua es la paz», ha subrayado el arzobispo de Madrid.
Las guerras, los odios, las divisiones, ha explicado, brotan de «haber perdido la esperanza en el otro», especialmente «en el que es distinto». Y entonces, «el otro se convierte en una amenaza y después en un enemigo». Como decía la filósofa Hanna Arendt, «la deshumanización precede siempre a la violencia».

«Pero la Pascua dice algo totalmente distinto: Cristo en la cruz lo esperaba todo de nosotros». Y esta es la paz cristiana, no simplemente ausencia de conflicto, sino, como dice el Papa León XIV, «una paz desarmada y desarmante».
Así, «frente a la lógica de la violencia, la Pascua propone la lógica de la esperanza». El cardenal Cobo ha concluido su predicación afirmando: «Si el mundo quiere ver al Resucitado, primero tendrá que verlo en nosotros, siendo hombres y mujeres de paz».

Nuevos incorporados a la Iglesia
Si durante la Vigilia Pascual se incorporaron a la Iglesia nueve nuevos hermanos, en esta solemnidad de la Resurrección del Señor otros nueve catecúmenos han recibido los sacramentos de la iniciación cristiana (Bautismo, Confirmación y Eucaristía): Paula, Belén, Mateo, Katerina, Begoña, Ángela, Adrián y José Antonio.
Todos ellos, de las parroquias Santa María de Caná, San Miguel Arcángel, Nuestra Señora de la Granada, Santísima Trinidad, y el colegio Senara.
Al concluir, el cardenal Cobo, después de cantar el himno a la Virgen de la Almudena, les ha regalado una medalla de la patrona de Madrid.

