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Lunes, 10 febrero 2020 13:28

El arzobispo anima a los jóvenes a plantearse en qué lugares deben «ser sal» entre los hombres

La vigilia de oración Adoremus, que los primeros viernes de mes celebran los jóvenes de la diócesis de Madrid con el cardenal Carlos Osoro en la catedral de la Almudena, tuvo el pasado viernes un sabor especial, ya que coincidía con una nueva edición de Luces en la Ciudad. Se trata de un proyecto que pone en marcha la Delegación de Jóvenes con el objetivo de que los jóvenes conozcan de cerca la vida y el testimonio de personas consagradas, visitándolas en sus casas y comunidades.

Por esta razón, el arzobispo de Madrid quiso comenzar su intervención en la Almudena recordando a los jóvenes que «habéis estado recorriendo lugares que expresan precisamente que en esta ciudad de Madrid hay luz, y no cualquier luz: la luz que proviene de Jesús […] y que muchos hombres y mujeres han acogido en su vida y en su corazón como el único tesoro para vivir».

Escogiendo tres palabras tomadas del capítulo 5 del Evangelio de san Mateo, «sal», «luz» y «brillar», aseguró que «se necesita mucha sal, se necesita sal en la familia, en las escuelas, en las empresas, en los medios de comunicación, en nuestras relaciones interpersonales, en la cultura, en la economía, en la política, en la Iglesia». Y les lanzó una pregunta para la reflexión: «¿Qué sectores de tu vida necesitan sal del Evangelio para que no se estropeen y a qué lugares el Señor te invita a entrar para ser sal entre los hombres?».

El purpurado explicó también las tinieblas y las cegueras que impiden ver en este mundo a Dios, y recordó que «si nos dejamos configurar por Jesús seremos luz en medio de las oscuridades de la vida y seremos hombres y mujeres que demos sabor, gusto, a una sociedad insípida, que se muere en el egoísmo». Y diferenció entre el «hacer» y el «ser»: «No se nos pide salar o iluminar, se nos pide ser sal y ser luz».

Así, indicó que «el Evangelio nos decía al final “brille vuestra luz ante los hombres, que vean vuestras buenas obras” y no para que os glorifiquen sino para que esta luz transparente a este Dios que se hizo hombre, que nos acompaña esta noche y que da sentido a la vida de los hombres». Y concluyó con otra pregunta para pensar ante Jesús: «¿Puede existir “una profesión” tan bella y que más necesiten los hombres como es transparentar a Dios en esta Tierra?».

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