Los cursos de verano de la Acción Católica General de Madrid para jóvenes, adultos y familias vienen de «tiempos inmemoriales», de mucho «antes de que las parroquias empezaran a hacer planes familiares», expone Iñaki Martín Errasti, consiliario diocesano de la Acción Católica.
Son días en los que «compaginas oración, formación, convivencia, ratos de descanso…». En realidad, «es una semana muy llena de cosas, pero muy descansada».
Este año, desde el lunes 24 de agosto hasta el sábado 29, una treintena de personas entre abuelos, padres y niños se reúnen en Segorbe (Castellón) con un tema transversal que recorre todas las actividades de estos días: la Eucaristía, coincidiendo con el III Año Jubilar Eucarístico del Santo Cáliz.
Por esta razón, una de las salidas excepcionales será a Valencia para peregrinar a la catedral, donde se custodia el vaso sagrado, y así poder ganar el jubileo. Y también visitarán la basílica de Nuestra Señora de los Desamparados.

Oración y acción
En el curso de verano, las mañanas están destinadas a la oración, la formación, la Eucaristía y el comentario de algún libro mientras se toma el aperitivo. Además de su consiliario, les compaña estos días el sacerdote Alberto del Olmo, sacerdote de la parroquia Espíritu Santo.
Por las tardes hay planes variados: playa, excursiones… este año ha incluido el rezo del rosario en la Virgen de la Cueva. «Y anoche, por ejemplo, se organizaron juegos de mesa; son días de hacer cosas, pero en un ambiente tranquilo». De hecho, es un «ambiente muy familiar y muy de parroquia», respondiendo al propio carisma de la Acción Católica, que «potencia la vida de parroquia».

El protagonismo de los laicos
Poco más de un año después de que el cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid, lo nombrara como consiliario diocesano de la Acción Católica, Martín Errasti aprecia que «lo que decimos tantas veces del papel de los laicos, aquí se hace realidad; en la Acción Católica destaca el protagonismo de los laicos para llevar a cabo la misión de la Iglesia».
Frente a la tentación de que «los curas son los que tienen que hacer todo», en esta parcela de la Iglesia el sacerdote «acompaña, pero es la propia gente de las parroquias la que llevan a cabo la misión». Y esto «es lo que más me gusta» porque además hace que haya «continuidad, independientemente de los curas que estén en la parroquia».
Además, todo «con un estilo muy eclesial y muy familiar». Por eso, «da gusto y enseña muy bien lo que es la Iglesia, como una familia que se va de vacaciones». Y después de este tiempo, hace balance: «Es muy sencillo ser consiliario, porque sabes que hay mucha gente implicada, con buen criterio y que hace bien las cosas».
