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Miércoles, 22 julio 2026 15:01

Fernando Murga: «Es importante mantener el ser cura por encima de todo»

Fernando Murga: «Es importante mantener el ser cura por encima de todo»

Fernando Murga es moderador de la Curia y, junto con eso, formador y administrador del Seminario. «Ser cura en Madrid es todo un reto», que viene condicionado por ser una diócesis muy grande, plural y compleja, «una diócesis que tiene de todo». Desde ahí, reconoce que «el ministerio en Madrid depende mucho del lugar donde el obispo te ponga y el servicio concreto que te pida».

Para ser cura en Madrid «tienes que empezar por ser cura y no permitir que la actividad te despiste o te desvíe de la realidad», subraya. El sacerdote «es elegido por el Señor para entregar la vida por amor a Dios, a través de los hombres, de los hermanos». Se hace realidad en «el modo concreto en el que uno ejerce el ministerio».

Vidas a cuidar

Lleva un año y medio como moderador de la Curia, «una tarea apasionante», en la que todavía está aprendiendo. «Un camino de aprendizaje, de crecimiento y siempre de entrega de la vida», que lleva a cabo en Madrid, una diócesis grande y marcada por la pluralidad, por la cantidad de vidas que hay que cuidar.

«Es una especie, entre comillas, de jefe de personal, junto con el vicario del clero, que se ocupa no sólo de los sacerdotes, sino también de todo el personal civil que está colaborando, trabajando en la curia», dice.

Una tarea en la que cuida al «pueblo de Dios que trabaja para la curia al servicio de la Iglesia diocesana». Se trata de «una figura referente a la que poder acudir cuando tienes algún problema».

A ello se une «la mirada del obispo, el plan que se quiere ir implantando, que también necesita personas que los hagan cercanos». Se busca que «esa mirada, ese proyecto de la diócesis, pueda ir aterrizando en la vida concreta de los sacerdotes o del personal de Curia. Y poder acercar el plan de la diócesis a todos los que están trabajando en ella».

Intimidad con el Señor

Con relación al descanso de los sacerdotes, dice que «somos seres humanos y necesitamos descanso». Un descanso que «es necesario, pero también el cansancio es compañero de camino. Uno tiene que aprender a vivir con ello, pero es verdad que humanamente necesitamos parar».

Reconoce que «yo lo de parar me cuesta porque tiendo mucho al activismo, a llenarme la vida de cosas. Pero llega un momento en el que uno dice tengo que separarme un poco de todo, tomar distancia, ver con perspectiva, pero sobre todo también seguir alimentando esa relación que es la más importante para nosotros, que es la intimidad con el Señor».

De hecho, «el poder alejarte del ruido de la actividad favorece esa intimidad que para nosotros es la vida, es lo que nos salva. Esa relación íntima con el Señor. Por eso se mezcla lo humano que es necesario, pero también lo espiritual, lo divino».

Dar respuestas al mundo de hoy

En una diócesis que vive un proceso de reestructuración, ve este momento como respuesta «a una realidad que va cambiando muy rápido, a una diócesis que sigue creciendo y además rápido». También se refiere a la necesidad de, como ha hecho ver León XIV, «dar respuesta a una sociedad como la de hoy, que es cambiante». En esa coyuntura, «el Papa nos da las líneas principales que siguen siendo las de la Iglesia de toda la vida».

Murga recuerda que el arzobispo hace ver a los seminaristas que «no podemos seguir haciendo las cosas como siempre o intentando mantenernos en nuestros espacios de confort o en aquello donde nos sentimos seguros, sino que tenemos que dar respuesta a una sociedad que va muy rápido cambiando».

Les dice: «Me fío de vosotros, de vuestra creatividad, de vuestra relación con el Señor, de la inspiración del Espíritu». Una dinámica que le lleva a afirmar que «el primer paso es tomar conciencia de que no podemos quedarnos donde estamos bien y cómodos, sino ilusionarnos con el reto de dar respuesta». Se trata de calmar la sed que la gente tiene de Dios, un trabajo que «tenemos que llevar a cabo entre todos».

Los seminaristas, recuerda, están emocionados ante estos retos que la actual sociedad les presenta como futuros presbíteros. Sobre todo en los de los últimos años se percibe el deseo de «responder a esa sed del pueblo de Dios que ellos van conociendo a lo largo de las pastorales que van teniendo en los años de seminario, pero que responde con ese deseo de entrega del corazón». Un reto apasionante y complejo.

Murga concluye reconociendo que realiza «funciones que al final sacan un poco de lo que es propio del ser sacerdote», ante lo que afirma que «por eso es tan importante el mantener el ser cura por encima de todo».

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