Hay lugares donde la caricia de Dios es más evidente. Algo que nos muestra en su testimonio Iñaki Gallego, capellán del Hospital Clínico San Carlos y párroco de Santa María del Silencio, donde acompaña pastoralmente las personas sordas y sordociegas de Madrid.
No quedarse parado
A partir de esa labor no duda en decir que ser cura en Madrid «es ser un lanzado, porque en medio de tanta gente no te puedes quedar parado. Hay tantas necesidades que te lanzas a ellas». Subraya que «Dios quiere que nos movamos». Considera muy bonitas las tareas evangelizadoras que la Iglesia de Madrid le ha confiado, estar entre personas que sufren en el hospital, pero que también tienen esperanza, y «llevar a Jesucristo a personas que son sordas y sordos ciegas que de otra manera sería muy difícil de conocer a Jesucristo».
Su nombramiento como capellán del hospital con tres años de ministerio lo vivió con incertidumbre. «Madre mía, en qué lío me han metido», pensó ante su nombramiento, pero después de 18 años, «la forma de pensar lo que es la vida en el hospital ha cambiado mucho, porque hay mucha acogida, hay personas que son una maravilla en suavizar las situaciones, en alegrar, en dar esperanza a los profesionales». De hecho, en sus primeros meses en el hospital, «mi corazón había cambiado mucho más que en esos tres años anteriores que había estado en parroquias».
En el hospital, el día a día está marcado «por el sentido de la enfermedad, de la muerte, del sufrimiento y eso hace crecer como persona», afirma Iñaki Gallego. También destaca la importancia de los voluntarios, sobre todo de los más jóvenes, que encuentran en el voluntariado esa oportunidad para crecer como personas. Junto con ello, en la parroquia, al trabajo pastoral se une el esfuerzo de aprender la lengua de signos y la dificultad para poder transmitir el mensaje, algo que, con la ayuda de la gente ha ido perfeccionando.
Comunicar a Dios de un modo diferente
Pero por encima de los errores al comunicarse en lengua de signos, «están contentos de que haya un sacerdote que pueda dedicarse a ellos aquí en Madrid, además a tiempo prácticamente completo», afirma. De hecho, de las 70 diócesis en España, solamente 23 tienen una Pastoral del Sordo.
Por otra parte, en el hospital «se celebra la Eucaristía, en la que rezamos por todos los enfermos, los trabajadores, los familiares». Una labor en la que considera fundamentales a los voluntarios, que buscan «acompañar a personas que están sufriendo, para que vean que no están solos, que la Iglesia está con ellos» y que «hay alguien que está al lado» para preguntar ¿cómo sigue?, ¿cómo va? Un instrumento para juntos «hacer que se suavicen las situaciones duras», para «llevar la paz de Cristo entre todos a todas las personas del hospital».
20.000 personas sordas en Madrid
En Madrid hay unas 20.000 personas sordas, pero son bastantes menos las que se comunican en lengua de signos. El desafío es «contarles las cosas de Jesucristo y que el mensaje de Cristo llegue a su corazón». Personas que se alegran cuando comprenden lo que se las dice, también que la Iglesia de Madrid haya colocado un sacerdote para que las acompañe, «que un sacerdote esté con ellos siempre, que puedan contar con ese sacerdote para las necesidades», subraya Iñaki.
En esa parroquia colaboran otras personas, tanto sordas como oyentes, que son catequistas, preparan para el matrimonio, explican la Biblia. Personas que han vivido que Jesucristo les llamaba, han ido aprendiendo las cosas de Jesús y después se lo cuentan a otras personas, que se van alegrando y creciendo en el conocimiento de Jesús. Algo que da una alegría todavía mayor cuando esas personas son ciegas y sordociegas. Son personas que contactan mejor con otras personas que están en su misma condición, reconoce el párroco de Santa María del Silencio.
Una realidad que le hace venir a la mente lo vivido en Pentecostés, donde se hace presente la universalidad de Dios y los diversos modos que tiene de comunicarse. De hecho, esta pastoral que lleva a cabo esta parroquia nos hace ver que siempre debemos buscar la forma de dar a conocer a Dios. Se trata de acompañar a la gente y pone como ejemplo que cada vez hay más jóvenes con problemas psicológicos internados en los hospitales.
