José Rodríguez y Luis Aparicio tienen ambos 16 años, estudian en el Colegio Arzobispal – Seminario Menor de Madrid, y son dos de los ocho alumnos que este jueves, 26 de febrero, a las 18:00 horas, recibirán el sacramento de la Confirmación en el Seminario Conciliar de Madrid.. Son conscientes de que esta circunstancia —el lugar y que presida un obispo— no la viven todos, y por eso se sonríen abrumados cuando lo apuntamos.
Hablamos con ellos y con sus formadores, los sacerdotes Sergio García y Enrique de Arteaga, un día antes de la celebración. No están nerviosos y sí muy conscientes de lo que van a recibir. «Nos han ayudado bastante a valorarlo», expone José. Ha habido dos cosas en la preparación que le han sorprendido por su novedad: la conciencia de pecado y el hecho de que en este sacramento sea el propio Espíritu Santo el que se da. «No es algo físico».
Cuatro pilares formativos
Su preparación para la Confirmación en realidad está imbricada en el desarrollo normal del curso. De hecho, la peculiaridad del colegio es la siembra, como subraya Sergio, la «catequesis», por decirlo así, que se da todos los días. Una suerte de formación integrada, de la que cada día se aporta «una pincelada», organizada en torno a cuatro pilares.
El primero es la vocación, ante todo la bautismal, y luego la llamada personal. Y en este sentido, «la Confirmación capacita y enfoca a vivir la vida cristiana más coherentemente». Después, la oración, básica, «también para recibir este sacramento». En tercer lugar, la afectividad y sexualidad, «nuestro ser sexuado, nuestros afectos y emociones entran en juego». Y, por último, la vida cristiana y «cómo es la lectura que hace un cristiano de la realidad».

Enviados a la misión
José cursa 4º de la ESO. Se incorporó el año pasado porque quería compartir los valores cristianos que en el otro colegio no encontraba. Explica que «los profesores son muy cercanos a los alumnos» y que sus mejores amigos están en el Arzobispal. Aunque la realidad es que también tiene amigos que están fuera de la Iglesia, «que son creyentes, pero no practican». «Pero me respetan».
Es consciente de que la Confirmación es un envío a la misión, como también lo es Luis, en 1º de Bachillerato, que tenía claro que «si me daban la opción, me iba a confirmar, para reafirmar mi fe y dar un paso más en mi vida cristiana». Luis hizo 4º de la ESO de intercambio en Canadá y al regresar quiso cambiar de colegio. «No me arrepiento de nada, estoy súper contento», dice con convicción plena.
A Luis le ha encantado que sus catequistas en este curso hayan sido seminaristas. Efectivamente, dos de los que cursan 3º han estado acompañándolos, como parte de su preparación pastoral, en este tiempo. Le gustó que les explicaran la historia del cristianismo y caer en la cuenta de que es hijo en la fe heredada desde hace siglos.
También «nos contaban su día a día y me pareció curioso que rezan una hora y media antes de desayunar y a ellos les gustaba». Y José añade: «Son personas como tú y como yo, jóvenes, que lo tienen muy claro; es bonito tener tan claro querer ser sacerdote».

Padrinos y fe madura
Sus padrinos están también preparados ya para acompañarlos. El de Luis será su abuelo. «Con mis abuelos es con quien más he ido a Misa de pequeño». Además, «lo elegí porque pensaba que tenía que ser el mismo que el de Bautismo», y cuando le sacaron de error, tampoco quería dar marcha atrás. «Anoche fui a cenar con él y está súper contento».
El de José, por su parte, será Juan Orduña, sacerdote de la diócesis de Madrid, vicario parroquial de Jesús y María, en Aluche, que es su parroquia. «Me ha ayudado muchísimo». Desde hace unos tres años que lo conoció, cada vez que ha tenido un problema «o que me siento más débil o que no sé tirar para adelante», habla con él y «me transmite mucha paz».
¿Y a partir de ahora? «Pues ya tienes que caminar tú solo», contesta José. «Ya no dependes tanto de tus padres, y decides si seguir o parar». Para él, «es como empezar de cero» en una renovada y más íntima relación con Jesucristo.
