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Miércoles, 14 octubre 2026 12:15

Manuel Cuervo, delegado episcopal de Misiones, ante el Domund: «En Madrid somos corresponsables de que el Evangelio salga de España»

Manuel Cuervo, delegado episcopal de Misiones, ante el Domund: «En Madrid somos corresponsables de que el Evangelio salga de España» Misioneros madrileños, en la catedral

Hay en el despacho del delegado episcopal de Misiones de la archidiócesis de Madrid dos huidas a Egipto, y una de ellas tiene una figura incorporada: el ángel que precede y guía a la sagrada familia en su camino. La talla es obra de Carlos Ávila, párroco de la cripta de la Almudena, y se la regaló al delegado ya que Jesús, José y María, en su salida de su tierra hacia el lugar donde el Señor les envía, son los patronos de las familias en misión.  

De ellas, y de todos los misioneros que hay por el mundo, hace memoria el Domund, que este año cumple 100 años. La jornada se celebrará el domingo 18 de octubre con el lema Uno en cristo, unidos en la misión.   

La diócesis de Madrid cuenta en la actualidad con 533 misioneros en 84 países del mundo, entre religiosos, sacerdotes y laicos: 287 misioneros en 23 países de América; 55 misioneros en 22 países de África; 132 misioneros en 22 países de Europa; 44 misioneros en 15 países de Asia; y 15 misioneros en 2 países de Oceanía.

El 51,4 % son mujeres, y el 48,6 %, hombres, con una edad media de 59 años y 61 años, respectivamente. Hay en misión 58 congregaciones de religiosas; 37 de religiosos, 4 de clausura, y 13 movimientos o carismas de la Iglesia de laicos. Y, además, 71 familias misioneras con sus hijos, que no se incluyen en en el total de misioneros aunque son asimismo foco evangelizador en los colegios y en los barrios (imagen inferior, Gloria y Pablo junto a su niña y su obispo, misioneros en Tanzania).

El misionero, al servicio de la Iglesia 

El misionero, pone Manuel Cuervo en contexto, «va a evangelizar: siente la llamada de Dios a entregar la vida donde la Iglesia le envía». El delegado va aclarando cada parte de este contexto. En primer lugar, «un misionero hace muchas cosas, pero lo importante es lo que es y lo que lleva: Dios está, pero lo va a hacer presente y lo va a proclamar». Y añade: «Yo he venido a proclamar la Palabra, a generar estructuras para que la Iglesia se sostenga, a hacer Iglesia». Es hacer posible «que el Evangelio llegue a los confines de la tierra».   

Sobre el hacer cosas, también matiza, «porque no es tanto hacer, sino estar: mostrar el amor de Dios a cada persona y que se sientan amados». Esto es lo que aprendió Manuel de su primera experiencia misionera, en 2009, con las hermanas de la caridad. «Dadles el amor que necesitan —les dijeron—, desgastaos en estar con ellos».   

Y es la vivencia que le trasladó también una joven en una ocasión: «El día más productivo fue el que estuve todo el tiempo dándole la mano a una persona». Hizo suyo eso que les dicen a los jóvenes antes de ir a una experiencia de misión: «Venís a compartir la vida». 

«El misionero va a testimoniar con su vida y a compartir su fe», continúa Cuervo (imagen inferior, en la delegación episcopal), conjugando los siguientes verbos: conocer, ver, no juzgar, escuchar, estar. Y todo lo hace con las gentes de allí, «porque yo mañana a lo mejor no estoy, y si ellos no se han encontrado con Cristo…». Por eso es importante «formar líderes de comunidades», catequistas, que cuando vaya el sacerdote sepan quién está por bautizar, por casar… «Hasta que no haya vocaciones locales, no estará culminado el proceso misionero». 

La misión ad gentes, una vocación

Después, el «misionero siente la llamada de Dios», esto es, lo suyo es una vocación a la misión ad gentes que habrá que discernir de manera personal, pero también por parte de la Iglesia. ¿Hay alguna clave para ayudar en el discernimiento? Lo primero que le sale a Manuel, que es además diácono permanente de la archidiócesis, son cosas muy humanas: pensar en la alimentación, en la climatología, en la facilidad para aprender idiomas…

El misionero se incultura, y evangeliza con la palabra, en el contexto social, cultural y religioso del país al que va. Para eso, se tiene que adaptar al ritmo local y «ser uno con el pueblo que Dios te ha dado; como decía san Pablo, “me he hecho todo para todos, para ganar, sea como sea, a algunos”». 

Este es el motivo por el que a los interesados se le anima a hacer experiencias cortas de verano, para palpar la realidad, de uno mismo y de fuera. Que no es lo mismo ir de misión un mes en verano que entregar la vida. «Una ducha fría durante un mes se puede aguantar; a largo plazo…». Y esto es el tercer elemento. Por ejemplo, el misionero laico se compromete a un mínimo de tres años en el destino, que se pueden ir prorrogando tras la revisión del obispo. Su envío lo firma el obispo de su diócesis, el obispo de la diócesis de destino, y él mismo. 

Aquí entra el último elemento. El misionero es enviado a donde la Iglesia ve oportuno, y para llevar a cabo la tarea evangelizadora y pastoral que el obispo de allí considera necesaria. Y este es otro elemento de discernimiento, porque «si vas buscando un sitio concreto para hacer algo concreto que tú quieres…». Se trata de «poner tus talentos al servicio», allá donde la Iglesia te pida. Cuervo remata: «La salvación se la da Jesucristo, yo traigo mi vocación, las ganas y el servicio». 

La formación 

En la Delegación Episcopal de Misiones le dan mucha importancia a la formación. Por eso, dos viernes al mes tienen encuentros de formación a la misión y vocación a la misión, este segundo más testimonial, a cargo de algún misionero. Las charlas estás abiertas a toda la diócesis, no solo a aquellos que están en discernimiento. 

La formación, y por supuesto la oración, ayuda a ir dando pistas a aquella persona que presiente que el Señor le está pidiendo algo. «Ayuda a ver si lo que a uno le llama la atención no son solo gustos personales». En la sede de la delegación hay una capilla a la que se puede acudir a rezar, y se organizan también adoraciones al Santísimo.

También es importante valorar si la persona «ya quiere transmitir la fe allí donde está ahora: si está involucrado en su parroquia, si hace algún voluntariado… ¿Sirves a la Iglesia aquí? Porque si estás esperando para servir a la Iglesia a ir de misión…». 

Corresponsables 

La Delegación de Misiones de la archidiócesis se encuentra en un edificio a la espalda de la parroquia Sagrado Corazón de Jesús, en López de Hoyos, y es también la sede de la Dirección Diocesana de Obras Misionales Pontificias OMP. Además del delegado, Manuel Cuervo es el director diocesano de OMP.

«Esta casa es recordatorio de que la Iglesia es misionera; en Madrid somos corresponsables de que el Evangelio salga de España». Tradicionalmente, la diócesis de Madrid es la más generosa económicamente en la campaña del Domund. Como decía san Juan Pablo II, «que ninguna vocación se pierda por falta de recursos económicos». En palabras de Manuel Cuervo, «la diócesis de Madrid no deja de preocuparse de forma natural por la evangelización en los territorios donde Dios no es conocido». 

Y, junto a ello, la oración, que es en realidad lo que todos los misioneros piden. «Son los primeros que notan que la oración de Madrid los sostiene». El delegado episcopal de Misiones concluye pidiendo «alzar la mirada hacia afuera para no quedarnos en un círculo cerrado» (imagen inferior, huchas antiguas del Domund custodiadas en la sede de la delegación).

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