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Domingo, 18 octubre 2026 14:25

Nuestra Señora de las Nieves agradece a José Trujillo sus 37 años «compartiendo la fe y acompañando la vida de esta parroquia»

Nuestra Señora de las Nieves agradece a José Trujillo sus 37 años «compartiendo la fe y acompañando la vida de esta parroquia»

La parroquia de Nuestra Señora de las Nieves ha celebrado este domingo 18 de octubre una misa de acción de gracias y despedida, presidida por el arzobispo de Madrid, cardenal José Cobo, de quien ha sido su párroco en los últimos 37 años, José Trujillo.

Buena parte de la vida de una persona

Un tiempo que el arzobispo ha definido como «una buena parte de la vida de una persona y también de la historia de una comunidad», en la que en todas las circunstancias ha estado este sacerdote, «compartiendo la fe y acompañando la vida de esta parroquia». Un momento de agradecimiento y tristeza, por alguien que «deja de estar entre nosotros de la misma manera».

En palabras del cardenal Cobo, «el dolor de una separación nos habla de los vínculos que se han creado y de una historia compartida». Una situación para la que el arzobispo de Madrid ve una clave en el Evangelio para comprenderlo. Desde ahí afirmó que «somos de Dios. Y la comunidad es suya. Él marca el ritmo». De la afirmación de Jesús: «Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios», surge la pregunta: «¿qué es lo que pertenece a Dios?».

El arzobispo subrayaba que «esta parroquia pertenece a Dios» y que «los sacerdotes somos enviados a servir a las comunidades, a sembrar en ellas el Evangelio y a ayudarlas a crecer. Los sacerdotes pasamos; lo que Dios va sembrando en la comunidad permanece». De hecho, «el ministerio sacerdotal se aprende en medio de la gente, escuchando, celebrando, compartiendo alegrías y sufrimientos».

El sacerdote siembra

Recordó las palabras de San Pablo, en las que «agradece a Dios por la comunidad de Tesalónica y recuerda “la actividad de vuestra fe, el esfuerzo de vuestro amor y la firmeza de vuestra esperanza”». Unas palabras que pueden ayudar a dar gracias «por la fe que ha ido creciendo aquí y por tantas personas que han contribuido a construir esta comunidad». Según el cardenal Cobo, «el sacerdote siembra, y su misión es construir la comunidad y ayudar a que camine de forma adulta como parte de la Iglesia».

Igualmente se refirió a la necesidad de «aprender a mirar con los ojos de toda la Iglesia», y desde ahí «acompañar a un hermano que ha entregado mucho tiempo de su vida y que necesita comenzar una etapa distinta». Es necesario entender que «hay momentos en los que es necesario realizar cambios, circunstancias personales y posibilidades pastorales que tenemos que valorar conjuntamente. No siempre se pueden contemplar todas estas realidades desde una sola parroquia». Para ello es necesario, «aprender a confiar unos en otros y en el discernimiento que hacemos como Iglesia».

«Agradecer a un sacerdote lo que ha hecho no significa pedirle que siga haciendo indefinidamente lo mismo», afirmó el arzobispo, que agradeció el trabajo llevado a cabo por el párroco a lo largo de 37 años y le pidió seguir viviendo su sacerdocio de otra forma. De hecho, «el sacerdote es siempre un enviado. Pero antes de ser enviado es un discípulo que sigue aprendiendo a caminar detrás del Señor», recalcó el cardenal Cobo.

Recibimos la misión de la Iglesia

«Ninguno de nosotros se envía a sí mismo. Recibimos la misión de la Iglesia y la vivimos en comunión con los demás, sin saber del todo los caminos por los que el Señor nos llevará», recordó el arzobispo. Se trata de responder «a lo que la Iglesia y la comunidad van necesitando». Y ahora, quien ha sido párroco durante 37 años, es «enviado a vivir tu sacerdocio de otra manera, a seguir tu camino de discípulo en esta nueva etapa de tu vida que se abre de forma maravillosa».

En esa perspectiva, el cardenal recordó que «el discipulado no termina cuando termina una responsabilidad pastoral. Seguimos aprendiendo a escuchar al Señor y a descubrir qué nos pide en cada momento. Cambian las responsabilidades y los ritmos, pero permanece el don que recibiste el día de tu ordenación». Una etapa que «puede ser profundamente fecunda», dado que «no se termina una misión; cambia la manera de vivirla».

Un momento de la vida de la parroquia en la que la llegada de un nuevo sacerdote, a quien ha pedido que se le acoja con cariño, «con otra historia, con otras capacidades y con su propia manera de ejercer el ministerio», represente «una oportunidad para todos». Una nueva etapa para la parroquia en la que «el Señor nos llama a todos a servir a su Iglesia y a ser discípulos desde la vocación recibida», sabiendo que la parroquia es más que las actividades que en ella se realizan, pues Cristo nos espera «para construir la comunidad y ser responsables de su misión».

Una comunidad unida y responsable

Dar a Dios lo que es de Dios implica, a partir del evangelio del día, «dar un paso más: ofrecer mi sí para que aquí esté presente, no solo el sacerdote, sino la Iglesia. Para que exista, con cada uno de nosotros, una comunidad unida y responsable».

En el día del DOMUND, el cardenal hizo ver que «juntos hemos de responder a la misión que Dios nos da». Se trata de que «con la entrega de todos, hacer posible que aquí se muestre el rostro de Jesús, a través de cada uno y de todos juntos». Subrayó que «es momento de participar activamente en la vida de la parroquia, de sentiros miembros de la comunidad y responsables de su futuro. Una comunidad enriquecida por lo que unos y otros van sembrando».

A partir del lema del DOMUND: «Uno en Cristo, unidos en la misión», afirmó que la tarea que se nos encomienda «es una misión más grande que nuestra propia comunidad y a la que nos incorporamos juntos».

Finalmente, el cardenal agradeció a José Trujillo por los 37 años de ministerio sacerdotal compartido, por la vida entregada y por todo lo que todavía sigue germinando. Le mostró el cariño de esta comunidad, de su obispo y de sus hermanos sacerdotes. A la comunidad parroquial les pidió compañía y cariño para «vivir con paz esta nueva etapa, respetando también el espacio y la responsabilidad de quien llega».

Un sentimiento de gratitud que también ha brotado del propio sacerdote al final de la celebración, que ha recordado su ministerio desde el momento de su ordenación, especialmente estos 37 años en la parroquia, vivido queriendo ser «instrumento de tu paz», en palabras de San Francisco de Asís. Una vida en la que ha destacado como palabras fundamentales la fidelidad, comunión y coherencia de vida. Un agradecimiento que el hasta ahora párroco ha recibido de los fieles, que han encontrado en la parroquia su hogar espiritual y han reconocido su entrega a lo largo de tantos años de diversos modos, dejando una huella imborrable en Mirasierra.

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