El Gobierno de Ucrania ha invitado al párroco del Santísimo Redentor de Madrid, José Miguel de Haro, a participar en el Foro Internacional y el Desayuno de Oración Nacional por Ucrania, celebrado el pasado 23 de agosto en Kiev. La invitación supone un reconocimiento a la ayuda humanitaria que, durante años, han prestado a Ucrania la parroquia madrileña y la Asociación Acoger y Compartir.
El encuentro, celebrado bajo el patrocinio del presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, reunió a altos funcionarios ucranianos, representantes de países y organizaciones internacionales, líderes religiosos, militares, capellanes, familiares de personas fallecidas en la guerra, organizaciones benéficas y líderes juveniles. De Haro participó en el encuentro acompañado por el profesor Marek Raczkiewicz, C.Ss.R.
Llegada a Kiev
El viaje hasta Kiev permitió al sacerdote experimentar de cerca la realidad cotidiana de un país que continúa en guerra. Con el espacio aéreo cerrado y el ferrocarril convertido también en objetivo de los drones rusos, el desplazamiento se realizó en tren y durante el día. La llegada a la capital ucraniana, ya al anochecer, coincidió con el comienzo de una alerta por un posible ataque aéreo que finalmente se produjo.
«No sé en qué lugar atacaron aquella noche los drones, pero las sirenas resonaron con intensidad en la habitación en la que me encontraba. Pensé en lo imposible que debe ser vivir bajo esa presión sin volverse loco», recuerda José Miguel de Haro.
Testimonio impactante
Uno de los momentos que más impresionaron al párroco fue el encuentro con un sacerdote redentorista que había permanecido 19 meses preso de las fuerzas rusas. Inocente, fue sometido durante su cautiverio a torturas y amenazas diarias, en un intento de quebrar su dignidad. «Cada día le decían: “Mañana te asesinaremos”», relata de Haro. Todo ello se sustentaba en una acusación falsa construida por la policía rusa. Sin embargo, lo que más llamó la atención del sacerdote madrileño fue la actitud de quien había sufrido semejante experiencia.
«Me impactó profundamente la paz que habitaba en este hombre, su capacidad para transmitir armonía y reconciliación. No hubo una sola palabra de venganza ni de maldición», explica.

Levantar la voz
Durante su estancia en Ucrania, de Haro también pudo encontrarse con los responsables del Centro de Niños Autistas, una de las iniciativas a las que la parroquia del Santísimo Redentor y la Asociación Acoger y Compartir destinan buena parte de su ayuda humanitaria. El programa del viaje incluyó asimismo una visita al memorial dedicado a los jóvenes caídos en la guerra, instalado en la plaza de la Revolución de Kiev. Ante este escenario, el sacerdote madrileño insiste en la necesidad de no acostumbrarse a la violencia.
«No se puede admitir otro invierno en el que jóvenes rusos y ucranianos estén siendo masacrados», afirma. Y añade: «Es un escándalo que cristianos rusos y ucranianos, invocando a Cristo, estén matándose unos a otros».
Ante esta situación, considera que tanto los gobernantes como los responsables de las Iglesias tienen que «levantar la voz y hacer hasta lo imposible para que esta guerra no continúe». «Nos unimos a la oración de todas las personas que aman la paz», concluye.

Idea del evento
El Desayuno Nacional de Oración por Ucrania tenía como eje la oración entendida como un acto de unidad nacional, renovación espiritual y solidaridad internacional. El encuentro buscaba favorecer un diálogo sobre la fe, la libertad, la responsabilidad y la fuerza de la oración, especialmente en un contexto marcado por la guerra y el sufrimiento.
La edición de este año adquirió además un significado especial al coincidir con el 35º aniversario de la independencia de Ucrania y de la disolución de la Unión Soviética.
Durante décadas, el régimen soviético impuso el ateísmo estatal, restringió la libertad religiosa y persiguió a iglesias y creyentes. La caída de la Unión Soviética abrió un periodo de recuperación de la libertad religiosa y de renovación de la vida espiritual en Ucrania y en otros países de la región.
En la actualidad, distintas comunidades cristianas y otras confesiones religiosas continúan desarrollando su misión en Ucrania en medio de la guerra. Para quienes trabajan desde Madrid en el apoyo humanitario al país, la experiencia de este encuentro ha supuesto también una llamada a mantener viva la solidaridad y elevar la oración por la paz.
