Casi 2.000 personas alrededor de un santuario mariano que hace 100 años... se utilizaba como almacén. El santuario de Nuestra Señora de Schoenstatt, en Pozuelo de Alarcón, es una réplica de esa pequeña capilla abandonada en Alemania donde hace más de 100 años nació el movimiento. Un nacimiento que vino de la mano de un sacerdote y un reducido grupo de jóvenes, que solo soñaban con que algún día pudiera suceder lo que ha sucedido. 100 años después, esa consagración a la Virgen que hicieron los jóvenes pidiéndole un milagro a María, se cumple. La prueba está en las familias, jóvenes, mujeres, niños, que se agruparon el pasado sábado, 19 de octubre, en torno al primer santuario español.
El cardenal arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, quien presidió el acto, aseguró durante la Eucaristía que «miremos a María» y que «Ella nos mira a nosotros», en este 50 aniversario del Movimiento Apostólico de Schoenstatt en España.

Un día alemán
Hacía un día bonito, ni frío ni calor, nubes y claros... un día muy alemán. Entre las casi 2.000 sillas que había colocadas en la explanada de Pozuelo de Alarcón frente al santuario, se escuchaban acentos de todo tipo: catalán, andaluz, mallorquín, asturiano, portugués, chileno... Y se respiraba un ambiente distinto: de alegría y de ilusión, ese que se respira cuando estás en familia.
Hace 50 años la imagen era bien distinta. Un terreno mal cuidado, unas pocas decenas de personas que no superaban al rebaño de ovejas que paseaba un pastor al lado del recién estrenado santuario. No es fácil describir lo que se siente, cuando ves ese cuadro de la Virgen María, saliendo de ese mismo santuario, pasando por delante de miles de personas de camino al altar 50 años después.

50 años
Entre medias ha habido de todo: muchas dificultades, momentos complicados, mucho trabajo, oración o personas que han entregado su tiempo y su esfuerzo. Todo para que al menos una persona, sienta lo que sintieron esos primeros fundadores en España –y más de 50 años antes en Alemania–. Hoy son miles de personas en España los que han podido conocer a Dios, por medio de esta obra que ha realizado María a través de Schoenstatt.
Una obra que celebraron como una familia. Una paella gigante para dar de comer a tanta gente, testimonios de esas personas que quisieron dedicar su vida a esta misión y que ni imaginaban poder ver a tanta gente, música, conversaciones, nuevas amistades y compartir la fe con tantas personas en un mismo lugar. Un lugar que es, en el fondo, un milagro.
