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Miércoles, 06 mayo 2026 08:21

«Unidad y salida»: las dos semillas que Jaime espera que el papa León XIV plante en Madrid

«Unidad y salida»: las dos semillas que Jaime espera que el papa León XIV plante en Madrid

Jaime es de Sevilla, vive en Madrid y cuando escuchó al Papa Francisco hablar en Roma por primera vez estaba en uno de esos momentos de la vida en que hay muchos deseos, muchos miedos y pocas certezas. Estaba en un proceso de discernimiento, de sanación interna, como él mismo lo llama. El Papa habló de soñar, pero no de soñar en sentido vago o motivacional, sino de soñar con Cristo, de dejarse alcanzar por los deseos de Dios. «Había una luz muy potente y una fuerza, una autoridad en ese llamamiento», recuerda Jaime. «Me penetró y me ayudó a tomar una serie de decisiones que tenía que tomar». No fue una conversión dramática sino algo más preciso: una palabra que llegó en el momento exacto y empujó en la dirección correcta.

Una de las conversaciones más densas del nuevo episodio de 'Una Iglesia, mil voces', surge cuando se le pregunta qué diferencia hay entre la autoridad del Papa y la autoridad de la ideología. Jaime viene de un mundo ideológico y la distinción le importa. La autoridad ideológica, explica, define la realidad de antemano y exige que todo encaje en ese cuadradito: la forma de vestir, de actuar, de pensar, de gobernar. Lo que no encaja, fuera. Es una autoridad que constriñe y no deja florecer. La autoridad del Papa, en cambio, es la de alguien que primero se deja golpear por la realidad, deja que Dios le hable a través de ella, y después responde. «Por eso muchas veces nos quejamos de que la Iglesia es muy lenta en tomar decisiones», dice. «Pero llevamos muchos años de creación y de evolución para que demos respuestas enseguida». Una autoridad recibida, que escucha antes de hablar, y que permite que el espíritu sople.

Esa reflexión conecta con otra que recorre todo el episodio: la de la mediación. Jaime ha llegado a valorar la figura del Papa también porque le recuerda algo que podría perderse en una fe demasiado intimista: que Dios suele actuar a través de otros. A través del Papa, de María, de los santos, de las personas que uno tiene al lado. «Me hace tomar conciencia de que no caigo en un subjetivismo de yo me guiso mi propia religión, yo me la como». La figura del Papa es, en ese sentido, un ancla en la comunidad y en la historia, un recordatorio de que la fe no es un asunto privado sino una pertenencia.

Sobre la visita de León XIV a Madrid, Jaime espera sobre todo un momento de reconocimiento mutuo dentro de la Iglesia. «Muchas veces escuchamos de uno, escuchamos de otro, con nuestros prejuicios», dice. «Pero cuando pones rostros y nombres a esa persona de ese carisma, de esa parroquia, de ese movimiento, y nos aunamos todos alrededor del Papa, creo que puede ser un momento de unidad, de conocernos más». No lo da por garantizado, lo desea. «Es el deseo del Padre, que todos sean uno. Si no es dentro de la Iglesia, tenemos problemas».

La conversación da un giro interesante cuando se recuerda que Jaime cuida plantas. ¿Qué semilla necesita que deje el Papa en Madrid? Jaime, sin haberlo pensado antes, llega a dos palabras: unidad y salida. Unidad dentro de la Iglesia, no como institución sino como familia y cuerpo de Cristo. Y salida hacia los agujeros oscuros de la ciudad: la pobreza espiritual, la falta de sentido, las adicciones, los problemas de salud mental, las depresiones. «Lo que manifiestan de fondo es una falta de sentido, una falta de verdad, una falta de recibirse a uno mismo en la vida». No lo dice como diagnóstico clínico sino como alguien que lo ha visto de cerca y siente que ahí está uno de los lugares donde más falta hace la presencia de la Iglesia.

La pregunta del ascensor le produce a Jaime la respuesta más directa y afectuosa. Primero reconoce que se sentiría súper incómodo abrazando al Papa. Pero en el espacio de ficción del ejercicio, lo haría. Y luego le diría, con sus propias palabras y sin quitarle ninguna: «Llevas aquí toda la carga de la Iglesia en tus hombros. Te quiero dar un abrazo porque no tiene que ser nada fácil y eres una luz». Después, si hubiera tiempo, le daría las gracias. Porque en el fondo, dice, es eso lo que le saldría.

El episodio cierra con una oración de Jaime que pide al Padre que agrande el corazón de la Iglesia de Madrid para recibir al Papa: «Te pido, Padre, que nos envía este espíritu para prepararnos para la venida del Papa. Te pedimos que agrandes nuestro corazón. Te pedimos que nos des el corazón de tu hijo, un corazón siempre en apertura, siempre en escucha. Para abrirnos a la venida de tu vicario aquí en la tierra, a nuestra diócesis de Madrid. para que escuchemos su voz y en ella escuchemos los ecos de la tuya, que encontremos en ella la dirección, la luz que necesitamos en nuestros caminos como Iglesia. Te pedimos que a través de él nos des la unidad que tú deseas entre todos nosotros y que nuestro corazón arda en el deseo de que no se pierda ninguno, de que tu voz nos hable en cada uno de los que nos encontremos ahí. Te lo pedimos, Padre, a través de Jesús, tu Hijo. Amén».

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