Lo del Bernabéu con León XIV era para Victoria Lucena (28 años) «mucho más que un simple evento». «¡Venía el Papa!». Por eso, justo una semana después, aún se emociona cuando habla de todo lo vivido aquel día y los previos.
Victoria fue una del casi centenar de bailarines que acompañaron con su arte un encuentro en el que se dieron cita más de 70.000 personas de la provincia eclesiástica de Madrid (diócesis de Madrid, Alcalá y Getafe) para mostrarle al Santo Padre el rostro de la Iglesia que camina en Madrid. «Es muy bonito —cuenta la bailarina— cuando la gente se junta para poner su arte al servicio del Papa y de los que nos estaban viendo».
El de la danza, reconoce, es un mundo «donde hay mucha competitividad», pero en esta experiencia el ambiente era muy distinto. «Allí estábamos en comunidad; había un fin mayor y no existió tanto individualismo».

Una vida dedicada a bailar
No tenía aún los 6 años y Victoria Lucena ya bailaba. A esa edad se vino a Madrid junto a su familia, de su Córdoba natal, y empezó su carrera: primero el conservatorio, después el conservatorio superior, y a trabajar en compañías. Ahora está centrada en la danza clásica, pero ha hecho de todo.
A la bailarina le llegó la convocatoria para las pruebas de selección a través de un formulario. A diferencia de otros participantes, ella no conocía ni había trabajado con Ismael Olivas, el coreógrafo. Cree que para la selección fue determinante una carta de motivación que había que enviar junto a documentación gráfica. «Para mí, el hecho de bailar en un evento religioso siempre ha sido un sueño», cuenta la joven, espíritu salesiano, «casada por la Iglesia…». Por eso, cuando le confirmaron que estaba dentro no podía parar de dar gracias.

Llorando de emoción
Comenzaron los ensayos la semana anterior, y ella lo hizo «abierta de mente» porque ya les avisaron de que quizá «vais a tener que improvisar en algunos momentos». «Y así fue, de hecho», ríe. Todo lo compensó lo «bien que nos trataron».
Cuando Victoria pisó el campo el día del encuentro con el Papa se quedó impactada. «Ver todo lleno fue brutal; “¡madre mía, tenemos que bailar aquí!”». En las primeras canciones que bailaron aún no había llegado León XIV, pero cuando empezó a sonar el himno de la visita, Alzo la mirada, «sentíamos a la gente eufórica, expectante» y empezaron las emociones.
A los bailarines les dijeron que no se movieran cuando pasara León XIV, pero Victoria se lo saltó un poco porque «tenerlo tan cerca y no ir a la valla…». Después, cuando ya el Papa tomó asiento, «empezamos a bailar». Si ya «en los ensayos me emocionaba», cuando bailó ante el Pontífice «acabé llorando».
Porque además, Victoria se dio cuenta de que, como cristiana, no estaba sola. «El mundo del arte a veces es hostil en cuanto a religión, y luchar contra eso es parte de lo que hace difícil el camino». Por eso, su actuación en el Bernabéu fue «bálsamo e impulso; una reafirmación de que ser cristiana es algo bueno y no tengo por qué ocultarlo».
Si hay algo que se le ha quedado especialmente a Victoria de la visita del Papa es precisamente el lema, Alzad la mirada. «Mi madre tiene una frase estrella que es “Dios proveerá”», cuenta. Y «sí, sí, pero en momentos de mucha incertidumbre, cuando se te acaba una producción…». Su madre insistía en que «cuando estuviera muy agobiada, me parara y mirara al cielo». Por eso, el lema, «que es lo mismo, pero con otras palabras, es como unir y cerrar el círculo; hay una carga familiar muy fuerte, de mi propia historia».
Victoria concluye dando gracias. A Dios, en primer lugar. Y no solo por haber podido vivir de ese modo el acto del Bernabéu. «Hay que estar agradecida por todo lo que Dios nos da todos los días, porque todo me ha llevado ahí». Y después, a la organización y, en concreto, a Toño Casado, director artístico: «Estuvo con nosotros todo el tiempo e hizo que el ambiente fuera el que fue; estábamos todos encantados».

